Editorial: NO APRENDEMOS…

Por Wilfredo Sierra Moreno.

bg_profileEl gran número de quemados el 24 de diciembre en todo el país muestra que, en algunas cosas, definitivamente los colombianos no aprendemos y seguimos siendo desesperantemente primarios, por no decir otra cosa. ¿Qué sentido tiene destruir la vida de un niño, propiciar que se le ampute una pierna o un brazo, sencillamente por tener un momento transitorio de euforia que supuestamente da  la pólvora?

Desafortunadamente en todo esto tiene muchos que ver la cultura y la tradición que entre nosotros ha sido desesperantemente primaria en cuando a propiciar criterios machistas que, entre otras cosas, han estado profundamente influenciados por los valores populares mexicanos que hacían del machote bebedor y con un revolver al cinto, una imagen distorcionadamente ideal del hombre arrollador que no se detenía ante nada con tal de satisfacer sus más elementales instintos agresivos.

Por supuesto que recuerdo perfectamente como en mi infancia navidad era sinónimo de pólvora, elemento éste que le daba un valor especial a la festividad y sin la cual la cosas eran como huevo sin sal… Era un valor implantado por padres, vecinos, tíos y abuelos y, por ejemplo, nadie podía sustraerse a la emoción de los días de preparación del clásico “carrancio”, un matacho lleno de pólvora –de la más explosiva por supuesto-  que se quemada y aun se quema en muchas partes el 31 de diciembre. Convertir de la noche a la mañana lo que durante mucho tiempo era “bueno”, en algo “malo” y digno de castigo legal, no es ciertamente fácil, pero la evidencia de los hechos, el numero interminable de niños y aún mayores quemados y marcados por siempre por un momentáneo gustico, hace necesario que no se de tregua en esta política de buscar erradicar su uso entre las gentes del común.

Pero igualmente, en vía de la discusión pedagógica en cuanto a los mensajes que enviamos a veces sin darnos cuenta, habría que preguntarse si las quemas de pólvora oficial, grande, la programa por alcaldías, gobernaciones y tantas instituciones para festejar días especiales y congraciarse con la ciudadanía, no son un contra mensaje sicológico a la conciencia de las masas. Sí, eso es bonito, es un gran espectáculo, nadie lo duda, pero ¿cómo convencer a la mente del parroquiano terco que lo que se puede hacer en grande y de manera oficial, no lo puede hacer él en particular y para los suyos?

No debemos olvidar que la mejor manera de educar es con el ejemplo, y aunque soy de los que disfruta como un enano una gran quema de pólvora, no dejo de preguntarme que tanto influye esto negativamente en la mente de quienes a pesar de todo nuestro discurso prohibitivo, siguen usándola y permitiendo que sus hijos lo hagan… Son los dilemas que surgen de las empresas educativas, que no se pueden reducir únicamente a “no lo hagas”…