Editorial: PARRANDA SANTA… PERO CON TURISMO.

Por Wilfredo Sierra Moreno.

1972338_10205974735908905_5435813286741860605_n(1)Una de las grandes fallas estructurales de la Iglesia Católica del mundo es que, mientras en la teoría tiene una teología de renovación y de cambio personal, sus seguidores son más bien como una horda deletérea de amantes del culto externo, que para nada quieren vérselas en serio con la doctrina catecúmena. Y así, mientras por estas calendas están siendo convocados desde todos los pulpitos del universo a la representación simbólica de la supuesta muerte y resurrección de su mesías, sus prosélitos van afanados a las ceremonias formales, pero se aprestan sin ningún rubor a vivir el verdadero espíritu que predomina en ellos, el de la parranda santa. Los viajes a la costa con novias incluidas, los tur más paganos que religiosos por las diferentes ciudades del país y un descanso más que merecido en medio de las angustia de esta tierra…

Pero eso está bien, ¡que carajos! Porque no todo puede ser trascendencia y mojigaterías, sobre todo cuando el paso por este perro mundo es tan realmente corto, y más temprano que tarde terminaremos “tirando tabla”, como dicen en la jerga moderna los muchachos de ahora. Pero sobre todo porque ese espíritu aventurero alimenta una de las grandes empresas del mundo y del país, el turismo. Gracias al cual muchas pero muchas bocas comen en este planeta.  Por fortuna nuestro departamento y la ciudad de Bucaramanga se han convertido en un referente a los ojos de muchos ciudadanos nacionales e internacionales, y ojala esta vez la ocasión sirva para que demostremos que hemos avanzado en nuestro estado de ánimo para atender con amabilidad y buenas maneras al visitante, que viene, no se les olvide, a dejarnos su plática.

Como todos ustedes mis apreciados lectores saben, yo soy un total incrédulo de todos los preceptos medio bobos del catolicismo, pero esos no me hace ciego a la necesidad de aprovechar, y ojala de la mejor manera, nuestros potenciales turísticos y sobre todo los ingresos que estos nos dan.  Por eso espero que el controvertido Cerro del Santísimo este a reventar esta semana santa, y he considerado y seguiré considerando una actitud torpe de ciertos disque defensores de la libertad de cultos, las críticas que con supuestos argumentos librepensadores se han querido hacer a este buen “negocio” del turismo nuestro. Porque eso es lo que es, un buen negocio. Que algunos medio ingenuos seres del planeta crean que ir a ver una estatua de yeso o de lo que sea les sirve para ser mejores, no le hace daño realmente a nadie. Pero si esos crédulos señores además de ir allá, nos visitan, se hospedan en nuestros hoteles, comen de nuestras viandas y nos dejan un buen número de billeticos, ¡qué bueno!

De eso, en el mundo, han vivido durante centenares de años muchas regiones del planeta, pero además han generado el desarrollo y el bienestar de infinidad de hombres y mujeres. ¿Por qué si lo hacemos nosotros es malo, torpe, estúpido? Esa forma de ser del santandereano de no hacer nada, pero además de atravesársele de mala manera al que si quiere hacer algo, es lo que nos ha tenido mal durante mucho tiempo, y lo que no nos ha permitido crecer más de lo que, afortunadamente, ya lo hemos hecho. Ojala, si de hacer actos de contrición en la semana que viene se tratara, nosotros, los de aquí, disque los muy verraquitos, nos arrepintiéramos de ser tan envidiosos y mala leche como en muchas ocasiones somos y, por lo menos, como penitencia semanal nos propusiéramos ser amables y cordiales – pero de verdad – con quienes con verdadera generosidad vendrán en semana santa a visitarnos y a dejarnos sus moneditas entre nosotros.

Yo les aseguró, subiré al cerro de marras la próxima semana, y no precisamente porque crea en ningún Jesucristo. Me parece que el paseo es interesante, la visión desde arriba es espectacular, y seguramente vendrán muchas mujeres bonitas desde otras parque del país a las que vale la pena admirar sin ninguna morbo de por medio.  ¿No es eso mejor que quedarse encerrado en medio de cuatro paredes rumiando amarguras como las solteronas abatidas? Ya que no fuimos a la costa seamos por lo menos buenos anfitriones –lo que es una muy buena virtud – y démonos cuenta de que tenemos una región y una ciudad que muchos seres de otras comarcas del mundo y del país nos admiran y quieren, y que nosotros, en medio de nuestro torpeza, no alcanzamos a ver en su verdadera dimensión… A cambiar, pingos… Y vera que la vida se vuelve mejor para todos.