Editorial: ¿POR QUÉ EL TRANSPORTE INFORMAL ESTA DISPARADO?

Por Wilfredo Sierra Moreno.    

wilfredo sierra mEn una expresión más de la inmadurez de la que ha dado muestras desde que asumió la dirección de Metrolinea, su arrogante gerente salió a decir ayer, después de un debate en el Concejo Municipal de Bucaramanga, que el responsable de la crisis de su empresa es el transporte informal. Tan chistosa la doña. ¿No será al revés? ¿No será que porque el servicio de Metrolinea en la ciudad es tan malo, tan pésimo, tan degradante, es que las gentes prefieren la informalidad de los mal denominados vehículos “piratas” y aun del mototaxismo para poder llegar a tiempo al destino que tienen?

Como la autista señora no sale de su encierro enfermizo de la oficina de su flamante gerencia, nunca se ha podido dar de cuenta que no solo los articulados de la empresa pasan cuando les da la gana, van atestados a no más poder, la mayoría de las puertas corredizas de sus estaciones no fusionan, sino que además el sistema se llenó de limosneros, cantantes tétricos que se rebuscan la vida por este estridente medio y hasta un vendedor de gelatinas, que en las mismas narices de las oficinas centrales del Sistema de Transporte, se ríe de lo lindo de las recomendaciones de seguridad que repite, cansonamente, sus destemplados parlantes. Y desde luego, mucho de ladronzuelos que hacen de las suya en los bolsillos y las carteras de los pasajeros… ¿Ese es el gran servicio de transporte que los bumangueses, según usted, debemos defender hasta con las muelas? No jodas, mi soberbia señora.

En el sistema capitalista desde siempre ha existido una ley dinámica que se llama de la oferta y la demanda, que hace que los clientes, en cualquier área que sea, se vayan por lo que más les favorezca. Y aunque en nuestra ciudad alguna de sus autoridades creyó que podían hacernos subir a la brava a su embeleco de gran transporte de servicio masivo, la verdad es que después de 15 o 20 minutos de estar esperando uno de esos verracos articulados de Metrolinea, cualquier usuario encuentra como una bendición que aparezca un taxi haciendo colectivo o pirata de transporte informal que por dos mil pesitos, lo lleve cómodamente sentado a su anhelado destino. ¿O que,  por obligación tenemos que quedarnos media hora para ver que aparezca un aparatico de esos de color verde bilioso, atestado de gente, para viajar en las más infrahumanas condiciones? Como le diría un costeño, tiene huevo doña.

Pero además para las damas es una gran ventaja el colectivo, entra otras muchas cosas porque no tienen que versen sometidas a ese tocamiento miserable de sus partes íntimas que ya se da, desgraciadamente, en los “espectaculares” articulados de Metrolinea, sin que las esperadas consideraciones de genero de la gerente hacia las mujeres usuarias de su empresa se vea por ninguna parte.  Y quienes usan las motos dicen que llegan rapidísimo a su destino, a pesar de los riesgos, desde luego, que es subirse en esos aparaticos de dos llantas. Pero las gentes prefieren eso a lo que algunos hace rato llaman “Metro Ruina”, en una de esas expresiones muy picantes de la cultura popular que, uno no sabe, puede resultar premonitoria, porque según decía a los medios el gerente de una de las empresas prestadoras del servicio al ente gestor, solo están a pocas semanas de reventarse, esto es, de ir a la quiebra.

Ahora bien, ¿quieren rescatar la empresa? Pues mejoren el servicio, vuélvanse eficientes, conviertan en realidad todas esas bellezas de las que hablaban al comienzo de este esfuerzo en su publicidad oficial y verán que otro gallo les canta. Pero que sea cierto. Porque la gente no come cuenta y ni a las patadas, como quieren, los van a hacer subir a sus buses. Como diría cualquier estudiante de segundo semestre de administración de empresas, este es un problema de gerencia, que es precisamente lo que no tiene Metrolinea.