Editorial: PRETEL: EL ROSTRO DEL MAL…

Por Wilfredo Sierra Moreno.   

1972338_10205974735908905_5435813286741860605_n(1)Si los que teorizan sobre la tesis de que el rostro de una persona refleja la expresión de lo que entre nosotros hemos convenido en llamar alma tienen alguna razón, posiblemente ninguna facción puede ser tan sintomática de cosas feas –por decirlo elegantemente- que la de el señor magistrado Jorge Pretel. Además de que sus caras más adustas y agresivas podrían ser perfectamente el rostro de lo que las gentes del común llaman “el diablo”. Su actitud en la expresión refleja al más impasible arrogante, aquel que está acostumbrado a hacer lo que le da la gana, y que cree que no hay ley ni talanquera que se le pueda poner por delante.

Que Pretel sea tan “transparente” en expresar facialmente su soberbia y su cinismo, no quiere decir que sea el más malo entre los malos de este país, y para centrarnos en el tema de la Corte Constitucional, los demás miembros de esa mal oliente institución son tanto o más perversos cuando aprovechando las evidencia contundentes que parecen condenar sin atenuantes al hombre ahora en la pico publica, quieren usar la coyuntura para como Judas, lavarse las manos hipócritamente y posar de los buenos del paseo.

No señores, lo que esta evidentemente claro a estas horas del escándalo es que el cabildeo y las triquiñuelas son una práctica vieja de todos y cada uno de los miembros de la magistratura de la Corte Constitucional, y que como lo piden ya muchos sectores de la opinión pública nacional, deben ser todos y no solo Pretel, los que se deben ir. El solo hecho que los sucesos denunciados – cuando convenía hacerlo – fueran de total conocimiento de todos y cada uno de los supuestos muy dignos togados desde hace meses, muestra que la transparencia no es precisamente el criterio básico con que se juegan las cartas allí. Como cualquier vulgar clan de mafiosos, se guardaron la carta sucia para cuando fuera preciso jugarla, y eso no muestra ninguna altura, dignidad, descendía, ni nada que se la parezca.

Aquel grito de algunos grandes exponentes del sistema político e institucional nacional de “defender la institucionalidad”, no es más que el recurso manido del establecimiento para guardar las apariencias de legalidad, cuando todos sabemos de qué de legales, legales, no tienen mucho. Ese esfuerzo por la legalidad artificial se parece demasiado al juego de la pareja que todos en su entorno saben que se “cachonean” mutuamente el uno al otro sin ningún reato, paro que de todas formas se presentan en pareja -¡y muy amorosos!- en las reuniones sociales, aunque ellos mismos saben que en su medio nadie se come el cuento de su feliz unión conyugal.

¿Pero es que acaso nuestro muy católico Procurador General de la Nación no ha usado las atribuciones que su puesto le da para sacar partido político y personal al puesto? Del Fiscal General de la Nación mejor no hablemos, porque ha sido más que descarado en su parcialidad con el gobierno nacional, y aunque razones legales pueden existir para procesar a la esposa de Pretel por el problemas de la tierras que tuvieron el signo de la expropiación violenta por parte de los paramilitares, la forma en que procedió para ponerle el guante a la señora no es muy elegante que digamos…

Luego, entre bomberos no dos digamos pendejadas…  La corrupción es un cáncer que carcome todas y cada una de las fibras del ser nacional, y así no muchos tengan la cara tan fea como la de Pretel, y por el contrario sean muy atractivas y hasta amaneradas, eso no quiere decir que no sean tan sucios como los más sucios de entre nosotros. Algunos son tan cínicos que se disfrazan de cristianos y enviados de Dios, pero son tan y tal vez más perversos que el tal Satanás que ellos dicen combatir, y de todas formas muy ratas como para meterse en el bolsillo personal platas que no les pertenecen. Ahí si, como dice uno de esos refranes religiosos que nos enseñaron nuestras abuelas, que entre el diablo y escoja. Aunque conociendo a mi gentecita, yo me metería de abogado del diablo, porque estoy seguro que al cachudo le va a ir muy mal con tan dudosas compañías…