Editorial: QUITAR SU CULTURA A LOS ABORÍGENES, ¿UNA OBRA DIGNA DE RECONOCIMIENTO?

Por Wilfredo Sierra Moreno.

wilfredo sierra morenoCon el debido respeto por los miles de colombianos que están de fiesta por la canonización de la madre Laura, resultaría interesante hacer un serio debate intelectual sobre lo que ha sido, a lo largo de la historia, la terrible tarea de desculturización de la familias aborígenes en todo el  mundo, con el criterio traído de los cabellos de que sus creencias y mitos son retrógrados e ignorantes.

Nunca como en este caso es cierto la premisa sociológica de que quien gana la guerra impone la historia y la cultura dominante, porque luego de que el catolicismo, a sangre y fuego, se posesionó de importantes núcleos de la sociedad mundial, la creencia en sus preceptos, dogmas y mitos, son la inteligencia, la cultura, la verdad y lo decente, a despecho de muchas tradiciones y culturas que tienen miles de millones de años.

Desde que los conquistadores y los curas llegaron con sus cruces y sus espadas a imponer su verdad sobre los dominados, todo lo que tenia que ver con las creencias de nuestros aborígenes, nuestros padres, abuelos y bisabuelos, era ignorante, inculto, retrogrado, atrasado y, por lo tanto la  muerte de estas creencias por parte de los nuevos dueños del territorio y la verdad fue decretado a rajatabla.

Y ese criterio arbitrario persiste aun en el razonamiento de las clases dominantes del país –“rodillones”, como no, frente a  jerarquía eclesiástica – que mantienen una posición realmente indiferente frente a nuestras comunidades aborígenes, de las cuales en el papel se dicen preocupados, pero que en la practica son sometidos, por diferentes sectores del país a la agresión, el despojo, la violencia y el menosprecio de los “cultos” cristianos, a quienes le gustaría, de una vez por todas, hacerles un lavado cerebral profundo para imponerle en su lugar su “revelada” verdad católica.

Aunque científicamente el despojo cultural de nuestras culturas aborígenes no tenga precisamente una connotación de gran gesto humano, frente a los dogmáticos de las denominaciones religiosas no hay nada que hacer. Paro ellos es un hecho de fe y, claro, todos sabemos que la fe nada tiene que ver con la razón. Pero ¿no habrá posibilidad de que los sectores científicos e intelectuales den un debate sobre que tan humanitario es desmadrar a nuestras culturas ancestrales de sus creencias para embutirles un dogma de fe?