Editorial: SANTOS LE HIZO “PISTOLA” AL SOCORRO.

Por Wilfredo Sierra Moreno.

1972338_10205974735908905_5435813286741860605_n(1)Hice parte del grupo de periodistas que muy cordialmente fuimos invitados por la Gobernación de Santander y su jefatura de prensa al municipio de El Socorro hace ya un tiempo – del que no quiero acordarme -, y también hice parte del auditorio presencial del discurso del Presidente Juan Manuel Santos, quien en una alocución emocional que lo llevo a las lágrimas y evocando sus supuestos históricos ancestros santandereanos, juro que en adelante el municipio  cuna de la independencia colombiana no tendría más carencia de agua y que el acueducto sería un proceso de pocos meses para estar construido.

Pues bien, desde entonces muchos sectores de este departamento estamos sentados esperando que tan llorado juramento se cumpla, pero nada. Y, dados los problemas financieros de la Tesorería Nacional y los recortes que el brillante hijo del expresidente Cesar Gaviria ha anunciado desde Planeación Nacional, parece que las moneditas para que después de tantos ofrecimientos se convierta en realidad el acueducto de la capital comunera santandereana, nunca van a estar disponibles. Pero es que hace ya largo rato – pero sobre todo para este departamento – se ha convertido en una costumbre gobernar a través de visitas del más alto nivel, con titulares de prensa grandilocuentes que, al final, no quedan en nada.  Promesas, mas promesas, nuevas promesas, y en últimas ni chicha ni limonada…

En la manifestación de días pasados en la localidad de El Socorro volvió a salir en labios de los transitorios y efímeros líderes que tiene esa comunidad de tiempo el tiempo, la muletilla de “la verraquera revolucionaria de los comuneros”, etiqueta que realmente es más un invento de los mentirosos historiadores que en ausencia de una verdadera exegesis investigativa se han dedicado a construir una versión rosa de nuestro pasado, para vivir del cuento de unos heroísmos que nunca fueron ciertos y que jamás se han expresado en la realidad sociológica y política de éste departamento.

El municipio de El Socorro en los últimos 50 años –como el resto de las regiones del departamento- ha estado infectado por politiqueros de oficio que han sido diestros para aprovechar las necesidades transitoria de su sufrido y realmente sumiso pueblo para hacerse con el poder local, y sacar provecho personal de él. El listado de los alcaldes y concejales que han terminado sus periodos con problemas con la justicia es largo, y no parece que ese panorama vaya a cambiar en el inmediato futuro.  Posiblemente los nuevos “héroes” y “heroínas” comuneras lleguen al Concejo Municipal y alguno a la Alcaldía de la localidad, pero de ahí a que las necesidades más urgentes de las gentes más humildes de ese pueblo sean realmente resueltas hay una distancia bien larga, y ese es un cuento tan viejo y tan repetido que hay que ser muy ingenuo para creer que tal signo triste pueda cambiar de ahora en adelante.

Pero es que los socórranos han sido así desde el principio. La epopeya de su supuesta verraquera independentista termino tristemente en Zipaquirá, cuando un obispo habilidoso y conocedor de las debilidades religiosas de estos revolucionarios de papel, los engaño triste y miserablemente, y los devolvió a la cuna de la independencia colombiana para terminar, tristemente, como corderos degollados.  Pareciera que a los santandereanos nos ha tocado vivir, como ciertas familias venidas a menos, de las supuestas glorias de familiares ricos y prestigiosos de los cuales nadie puede dar razón cierta.  Pero bueno, los socórranos hicieron una manifestación, gritaron con estridencia de machistas primarios, y ahora solo falta a ver si eso les sirve de algo. Porque la verdad es que de constancias históricas y de heroísmos de un par de horas está llena la crónica de la picaresca departamental, pero al final solo terminan convertidos en saludos inanes a la bandera, que nunca, pero nunca, ha servido para nada.