Editorial: SI PERO NO…

Por Wilfredo Sierra Moreno.      

1972338_10205974735908905_5435813286741860605_n(1)Con las promesas de cambio, transformación y renovación de los seres en general hay que tener mucho cuidado, porque siendo como somos todos los hombres e instituciones en general, muy buenos para dejar salir ofrecimientos a borbollones de paraísos terrenales y supuestas santidades de dos patas, la verdad es que del discurso a los hechos hay un trecho bien pero bien grande, y de tantas homilías teóricamente santificantes y algunas veces fogosas, la verdad es que al final no queda nada.

Con 62 años de existencia, creo que tengo conciencia clara de unos 55 años de semanas santas con las admoniciones de los supuestos representantes del tal dios de ellos sobre la tierra, y del explayarse de esa supuesta doctrina de amor y sacrificio por el otro, que en ultimas no pasa de discursos que se los lleva el viento, porque ni siquiera los tales pregoneros del teórico mensaje evangélico ponen en práctica un par de líneas de su verborrea anual… Antes por el contrario, nadie como los señores sacerdotes de la iglesia católica –y de todas las otras iglesias cristianas por igual- para ser unos claros exponentes de la arrogancia personal, el amor por el dinero y el poder, y desde luego por los placeres de la carne, de los que muchos son unos verdaderos adictos. ¡Y ahí sí que les cabe el epíteto de mentirosos y falaces con todas las razones del mundo!

Porque, seamos sinceros, una cosa es que a la cabeza de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana -¡y como les pesa el lastre de todos los viejos vicios romanos!- este hoy por hoy un hombre como el Papa Francisco que, ciertamente, es un ser transparente y muy bien intencionado, y otra cosa es que el resto del pesado aparato burocrático y teocrático de esa vieja entelequia de poder le esté siguiendo real y sinceramente los pasos al carismático Jesuita. Aun mas, algunos expertos de los temas del vaticano en Roma, dicen que la godaria retardataria de la curia está jugando con mucho entusiasmo a, debido a la avanzada edad de Francisco, un rápido fallecimiento de su incomodo jefe, para volver sin pudor a las viejas andadas vergonzantes.

En Colombia toda la jerarquía católica es descaradamente aliada del establecimiento político tradicional, y fuera de las homilías efectivistas y algunas veces incendiarias de semana santa –como para guardar las apariencias- todo el resto del año los grandes y medianos purpurados son unos correveidiles del poder institucional. Y del supuesto amor de su tal Jesucristo por los pobres a ellos, los adinerados y muy aristocráticos jerarcas, no se les ve pero nada de nada. ¡Como seria de distinta la vida sobre este planeta si todo ese discurso transformador que supuestamente guardan los evangelios se pusiera en práctica! Pero que va, todo se reduce a una religiosidad exterior, de pantalla, con procesiones medio paleolíticas y encendido de velas que no hace que efectivamente el católico promedio se quiera comprometer con la suerte de su prójimo.

Luego toda esa parafernalia de frases efectivistas sobre la disposición de hasta dar la vida por el otro, si, muy bonito, pero no, porque la verdad es que de eso no se ve nada concreto en hechos tangibles. Son tan insustanciales y superficiales como los políticos, que se desgañitan cada cuatro años prometiendo el gran cambio para el pueblo, pero nunca hacen nada realmente concordante con su discurso. Pero además no tiene el más mínimo pudor en la cara – los políticos – para a los cuatro años siguientes volver a prometer las mismas estupideces, con el irónico ingrediente de que siempre encuentran majaderos que se comen el cuento.  Aquí el discurso insustancial es cada año, con la anuencia pusilánime de todo un ejército de supuestos creyentes que, óigase bien, no tienen en el fondo la más mínima intención de cambiar su vieja, mañosa y poco caritativa forma de ser. Pero bueno, es una “bonita” forma de gastarnos una semana del año, aunque al final no sirva para nada.