Editorial: UN PAÍS CONVULSIONADO.

Por Wilfredo Sierra Moreno.

wilfredoNo le está resultando ciertamente fácil  el manejo del país en las últimas semana al gobierno del Presidente Santos y frente a ebullición de la gran prensa hablando de crecimientos económicos y desarrollos sociales que solo están en la cabeza de los publicistas del establecimiento, la realidad de las grandes limitaciones sociales tallan, y duro, a los sectores populares del país, que sienten como todos los días con los escasos pesos que se ganan compran menos, cuando las necesidades, en todos los órdenes, van creciendo paulatinamente.

Mientras en la Habana gobierno y guerrilla destilan demagogia de la brava tratando de impresionar al auditorio con postulados de un país ideal que solo existe en las mentes calenturientas de quienes tratan de descrestar a su contrincantes con más teorías románticas, en las calles de la ciudades, en los barrios populares, en la veredas y caminos vecinales, las gentes trabajadoras sienten el rigor de una económica que entra en barrena por todos los lados y, que frente a los índices precisos de los serios analistas económicos del país, solo recibe la promesa de siempre: al terminar el año -dicen por ejemplo- el decrecimiento industrial se detendrá y entonces –promesas de cambambera- la demanda labora será amplia y surtida…

Pero digan lo que digan desde el discurso oficial, lo cierto es que las posibilidades ciertas de reactivación del sector agrario es un mito difícilmente lograble, no solo por las condiciones sociopolíticas desafortunadas que la violencia propicia, sino porque el balance comercial que ahora se da con esa apertura desproporcionada con la mayoría de grandes países del mundo, nos desfavorece en todos los terrenos y hará, de eso no les quede la menor duda, más difícil y sacrificada la vida en el campo, si es que no llega a desaparecer totalmente la actividad de nuestros humildes labriegos.

No dejan de tener razón, igualmente, los señores del transporte terrestre nacional, cuando frente a ese taxímetro macabro del incremento permanente del precio de la gasolina, expresan una imposibilidad práctica para mantener una actividad comercial que no da sino perdidas. Que Ecopetrol y todo el sector petrolero estén boyantes está bien, pero uno se pregunta, ¿a costa de quien? El problema de los balances con multimillonarias ganancias a favor de las grandes empresas nacionales de todos los órdenes, incluido el sector financiero, solo refleja la mayor concentración de la riqueza en unas pocas manos, y muchas veces con practicas no muy santas, como unos intereses de usura que son cínicamente tolerados por el sector oficial que no quiere meter en cintura al sector financiero.

Independientemente de que algunos facinerosos de la subversión y el narcotráfico quieran pescar en río revuelto en esta estado de convulsión en que esta el país, eso no quiere decir que no hay factores objetivos de descontento, así los ideólogos de la extrema derecha y el paramilitarismo civil hagan decir a sus alienados seguidores, que todo “es culpa de Fidel Castro y Cuba que está detrás de la protesta”,  en una explicación simplista y estúpida que no convence a nadie.  Pero además si los señores de la subversión son los únicos que supuestamente instan y alimentan el estado de convulsión que vive Colombia hoy, ¿qué hace el gobierno nacional sentado con esos insensatos tirando carrera en Cuba? Si es así de claro, si todo comienza y termina en la estrategia de todas las formas de lucha de las FARC, ¡¿por qué diablos  no termina de una vez esos diálogos de mentiras de la Habana y se dedican a enfrentar al que ellos dicen, es el único causante de todos los males de la nación?!

En todo esto muchos sectores viven pregonando verdades a medias, y definitivamente entre hipócritas es muy difícil entenderse. Porque la verdad clara y certera es que en estas situaciones nadie tiene sus cartas puestas honradamente sobre la mesa, y cada quien tira para su lado. ¡Y el país les importa un carajo!