Editorial: UN PROCESO DE PAZ EN PROBLEMAS…

Por Wilfredo Sierra Moreno.

wilfredo-sierra1Como era de esperarse, a la hora de las definiciones en torno a concreciones serias en las negociaciones de la Habana, la guerrilla le plantea un desafío al gobierno nacional, luego de que el Presidente de los colombianos en escenarios internacionales a dicho, claramente, que no habrá impunidad frente a los procesos que toquen los linderos de la violación de los derechos humanos. Quién dijo miedo, los señores de la guerrilla que a lo único a  que aspiran con sus crimines pasados y presentes es a una total impunidad, le atraviesan el burro a Juan Manuel Santos diciendo que van a romper la confidencialidad de los diálogos de la Habana.

El procedimiento de Timochenko  y sus aliados no es de extrañar, porque ellos están acostumbrados a intimidar, chantajear, amenazar,  y  era de esperar que, como lo han hecho a lo largo de las muchas otras tentativas de llegar a acuerdos con ellos,  recurrieran al manido procedimiento de salirse por la tangente luego de ganar un tiempo precioso en su reacomodamiento político y militar. Lo que a nadie le cabe en la cabeza es que un Presidente Constitucional de una nación cualquiera del mundo pueda alegremente firmas acuerdos que violen toda la reglamentación de la justicia ordinaria de su nación y del ordenamiento jurídico internacional, sin que le pase nada, a menos, claro está, que  se quiera convertir en un paria universal.

La impunidad contra las victimas de tantos desafueros de la guerrilla no es ni podrá ser la base sobre las que las partes puedan firmar acuerdo alguno, y el Presidente colombiano sabia que, en  el escenario de la diplomacia internacional, no podía salir con argumentos destemplados que nos pusieran como objetivo inmediato de todas las democracias formales del planeta y de la Corte Penal Internacional.

 Que Santos pueda mantener un discurso diferente en el exterior al que tendría dentro de su país, no le va a ser tan fácil con todo y lo que necesite la firma del acuerdo para medio enderezar el barco de su prestigio cada día más caído ante la opinión pública colombiana con miras a la reelección presidencial, y por más república banana en que nos quisiéramos convertir, los mecanismos de la justicia y el ordenamiento ético internacional, no van a permitir, bajo ningún argumento, que algún presidente democrático y formalmente comprometido con los derechos humanos y la categorización de la defensa de la dignidad internacional, salga indemne de tal despropósito. A menos, repito, que se quiera convertir en un paria internacional.

No la tiene fácil Santos cuando sus índices en las encuestas siguen cayendo estruendosamente y las gentes dicen en esas mismas consultas, categóricamente,  que no creen y no quieren el tan mentado proceso de paz que se invento este gobierno. Dios quiera que las ironías de la vida producto de este berenjenal, no hagan que el Uribismo se catapulte en las elecciones parlamentarias y se quede con la mayoría del congreso colombiano, y la estruendosa derrota del gobierno le haga más difícil la vida – que ya tiene arto complicada –  a nuestro desconcertante Juan Manuel. Todo por tratar de apuntalar su futuro político en unas negociaciones con unos tipos que no tienen ética, valores, ni principios. No sé porque le dio por creer que con los bandidos se puede negociar…