Editorial: ¿UNA CAMPAÑA EN MEDIO DE LA VIOLENCIA?

Por Wilfredo Sierra Moreno.

bg_profilePreocupante, por decirlo menos, es la noticia difundida ayer en los medios de comunicación nacionales es según la cual las FARC estarían diseñando un plan para asesinar tanto al ex presidente Álvaro Uribe Vélez, como al Fiscal General de la Nación, Eduardo Montealegre. Lo que haría prever que como ocurrió en épocas pasadas de ingrata recordación, ésta podría ser una campaña presidencial violenta, signada desgraciadamente por la sangre. Y preocupante y desconcertante justamente cuando el gobierno nacional está empeñado en sacar adelante un proceso de paz que, en teoría, nos daría un nuevo ambiente nacional para jalonar el desarrollo y el progreso de éste país.

Lo que más me intranquilizó  ayer cuando trate de indagar con  varios amigos su opinión sobre la noticia, fue la incredulidad sobre el hecho cierto de una amenaza real contra el ex Presidente y la forma   segura como algunos de estos amigos creen que es una auto amenaza diseñada desde los mismos predios del Centro Democrático para propiciar un mayor desprestigio del proceso de paz de Santos y acrecentar la votación por los señores de la derecha colombiana.

Pero lo primero que habría que decir para desvirtuar la posibilidad de esa maquiavélica interpretación de los hechos es que la denuncia no salió de los terrenos del uribismo, sino de los organismos de seguridad del gobierno Santos y que ni de fundas el establecimiento del santismo se prestaría para hacerlo semejante favor a un contrincante con el que la pelea pública y política no ha sido precisamente de flores. Por lo demás, como durante muchos de estos meses algunos analistas lo han dicho de mil formas, el problema con las FARC es que es muy difícil creer, cien por ciento,  en la franqueza de una organización que durante muchos años ha demostrado que no es precisamente muy sincera en sus declaraciones exteriores a la opinión pública, y que no dudan en ningún momento de cambiar de opinión y de estrategia con tal de defender sus desconcertantes   y maléficos intereses.

Álvaro Uribe Vélez puede no ser el santo de la devoción de muy amplios sectores de la opinión pública colombiana, pero lo que no puede seguir haciendo impunemente carrera en este país es que el crimen es una herramienta válida para quitar de en medio a los contradictores en cualquier terreno, sobre todo, repetimos, cuando se nos esa vendiendo la idea de una vía hacia la pacificación nacional.  Ese discurso de fondo falso, tan común en la historia colombiana a lo largos de sus hechos económicos, político y sociales, es lo que ha llevado a muchas gentes en de esta país a no creer para nada en la seriedad de lo que se discute y plantea en la Habana.  A los legendarios pastorcitos mentirosos, reconocidos y recontra confirmados en su sicopatía embustera, nadie les puede creer la historia de que ahora si el lobo viene.

Así que hablar de paz con una mano y planear atentados criminales con la otra no es una forma muy común de hacer creer en los propósitos de enmienda de nadie, y ni contra Álvaro Uribe, ni contra el Fiscal General de la Republica, ni contra nadie, el asesinato es una forma aceptable de dirimir disputas personales, económicas o ideológicas. Ese es el lenguaje de los barbaros, y se supone –claro solo se supone- que nosotros hace rato salimos de ese estadio primitivo de criminalidad primaria. ¿O será que hemos estados profundamente equivocados, y nunca hemos dejado de ser trogloditas, instintivos, y caníbales?