Editorial: “VOTÁREMOS EN BLANCO”

Por Wilfredo Sierra Moreno.  

wilfredo-sierra1Si alguna experiencia me deja más de 40 años en el ejercicio del periodismo político, algo me dice que los índices de votos efectivos por cada uno de los dos candidatos que aparentemente tienen las posibilidades de ser elegidos para el próximo periodo, van a ser muy escasos y ello, porque al interrogar a muchos amigos y conocidos de los más variados sectores de la opinión pública, todos me dicen que votaran en blanco. Y es que, según esos buenos señores con los que he conversado, ninguno de los dos candidatos con opciones, el Presidente Santos y en candidato del uribismo, levantan muchas emociones en ese realmente gran número de mis informalmente encuestados.

Con Santos pareciera que definitivamente no hay nada que hacer, porque haga lo que haga la gente no le cree, e independientemente de los votos cautivos que conseguirá con la maquinaria oficial, Senadores y Representantes oficialistas, diputados y concejales que le deben favores y gobernadores y alcaldes que han recibido un poco de “mermelada” del presupuesto nacional en obras de infraestructuras y otras atenciones, el encanto del jefe de estado frente al elector común y corriente es realmente nulo.

Pero si el Presidente de los colombianos no está en su ascendente positivo con la simpatía de la opinión pública colombiana, el candidato del uribismo, Oscar Iván Zuluaga, no le mueve ni una fibra emocional a quienes no sean, por supuesto, de la corriente reaccionario de Puro Centro Democrático. Oscar Iván me hace acordar a esos profesores universitarios que uno sabia que tenían todo el conocimiento posible que se le pudiera pedir a un profesional, pero que, definitivamente, no eran capaces  de traducir esos en palabras para que los estudiantes lo entendieran. Puede estar, desde luego, más preparado que un yogurt, pero su voz cancina de profesor universitario no entusiasma en la plaza pública a nadie.

Además, como muchos analistas políticos ya lo han dicho, la estructura emocional del elector medio de Colombia no está diseñado para que las simpatías políticas por un hombre sean endosables a otro, así sea de su mismo movimiento . Y aquí sí que es cierto que Uribe es Uribe, y Zuluaga es Zuluaga. Luego por fuera de las caudas atornilladas de los dos movimientos con más fuerza en este momento en el país, ni Santos ni Zuluaga tiene simpatías ciertas en lo que llaman voto de opinión.

Lamentablemente la tercería, que podría sacar partido de esta coyuntura especial de la política colombiana, no se ve por ninguna parte. Tal vez en ninguna parte del mundo la oposición conocida al régimen está tanto o más desprestigiada como los mismos exponentes del establecimiento político, y en un mar de seudo izquierdistas con egos de emperadores, el ambiente emocional es como meterse en un lago lleno de pirañas.  Solo Navarro Wolff tendría un perfil aceptable para algunos sectores nacionales de la opinión pública,  pero esas fieras dogmaticas de la izquierda nacional no le van a dar paso. Pero además, a pesar de ciertas simpatías aquí y allá, el temperamento conservadurista de una buena parte del pueblo colombiano no le perdona, fácilmente, su pasado guerrillero. Sobre todo después del fiasco descomunal con Petro.

Así que las cosas no están fácil, y todo está como para que en el casino político nacional, el promotor de la casa grite: ¡hagan sus apuestas señores!