Editorial: ¿Y EL IMPERIO SE AUTODESTRUIRÁ?

Por Wilfredo Sierra Moreno.  

wilfredo-sierra14Para cualquier fanático religioso a la casa del más estúpido motivo para justificar sus alienaciones doctrinales,  seguramente la crisis que vive justamente en este momento los Estados Unidos, será sin lugar a dudas “un signo del fin de los tiempos”, ese que tan peculiares desconocedores del desenvolvimiento de la naturaleza espera para irse a vivir, felices,  a un hipotético cielo de hadas… Por supuesto la impresión para tales “hijos elegidos de Dios” no puede ser menor, porque ver a nuestros queridos amigos del imperialismo americano sometidos al cierre de la mayoría de sus puestos de trabajo oficial por un cese obligatoria, y aun más, ahora a puertas de decretar la demora en el pago de sus obligaciones, no deja de ser una noticia que nos deja aturdidos a más de uno, que con el correr del tiempo nos fuimos creyendo la premisa de su inefabilidad administrativa y política,  y de su fortaleza a prueba de cualquier cosa.

Lo más curioso de esta amenaza real a muchas de las creencias de seguridad en todos los órdenes de Norteamérica ante los ojos del mundo, es que el golpe no viene de afuera, de sus múltiples y viejos malqueriente, sino justamente de adentro, de su propia entraña, de esa formación tradicional bipartidista que expresa, innegablemente, posiciones ideológicas realmente irreconciliables y dogmaticas. Y la piedra de toque de la aversión Republicana frente al Presidente Obama no puede más que mostrar de cuerpo entero de que están hechos estos conservadores gringos…

Toda la tirria Republicana surge porque la administración Obama ha desarrollado un modelo de salud pública que incorpora a su sistema a centenares de miles de norteamericanos que durante mucho tiempo no han tenido acceso a la atención medica y habían debido vivir en el verdadero olvido sanitario y de preocupación por sus enfermedades físicas, peor que cualquier triste pobre latinoamericano… Pero es que para el conservatismo gringo la plata está bien invertida cuando lo hace en arsenal de guerra, nuclear,  y alimenta intervencionismos  injustificados en cualquier sitio del planeta, pero no cuando ésta   es transformada,por medio del estado, para atender las necesidades básicas de sus asociados.

Ah, pero eso sí, la mayoría de los miembros del Partido Republicano  son militantes acérrimos de todo ese mundo de iglesias protestantes que llenan la geografía norteamericana, y van a culto, indefectiblemente, tres veces por semana, reconocen a Jesucristo como su señor y salvador, pregona la paz evangélica de boca para afuera y un mundo ideal de igualdad y gozo, pero solo para ellos, los elegidos, porque los demás somos parias, “pecadores” miserables, y en eso son tanto o más fundamentalistas que todos los militantes políticos religiosos de cualquier parte del planeta.  Ahora bien, si hay que hundir a su propia nación en aras de sus más retardatarias convicciones, no importa. Gritan, como el personaje mítico de su antiguo testamento, “que muera Sansón y todos los filisteos”.

Pero a pesar de todo lo sorprendente que termina siendo para nosotros el escenario que estamos viendo, no, no es en fin del mundo. Vendrán dolores de parto y consecuencias para todas las economías del mundo, pero este pedacito de tierra seguirá rodando interminablemente por un espacio exterior sin fin conocido, mientras sus habitantes tendremos que continuar  soportando la arrogancia y estupidez de tanto político en el mundo que se cree el centro del universo. Así ha sido siempre, así es y así seguirá siendo… Y mientras tanto hay que seguir el sabio consejo de mi apreciado Lama Budista Tibetano, Ole Nidal: cerca de ciertos dioses iracundos y segregadores en mejor no estar. Definitivamente, son muy malos vecinos…