Editorial: ¿Y QUIÉN GARANTIZA LA VIDA DE LOS DESMOVILIZADOS DE LA GUERRILLA?

Por Wilfredo Sierra Moreno.  

wilfredo-sierra1A quienes nos quieren convencer que el problema de la guerra y de la paz es pan comido y que se resuelve con un simple par de firmas, hay que decirles que las cosas no son tan “mamey” como nos las quieren hacer ver y que la concreción de los acuerdos en el desarrollo de su práctica si se  llega a dar, tiene dificultades durAs de enfrentar,  que no se resuelven con solo buenas intenciones. Un tema que desde ya se ve como un gran obstáculo es el de la dejación de las armas por parte de los insurgentes, que si bien para nosotros en la sociedad civil se ve obvio, simple, lógica, tiene connotaciones serias para los que irían a regresar a la sociedad civil.

No hay que olvidar que la misma guerrilla de las FARC viene de sufrir un durísimo golpe cuando en una época a través de su partido legal, la Unión Patriótica, fue víctima de  asesinatos selectivos que exterminaron prácticamente la UP, genocidio por el que en la práctica nadie ha respondido y, muy posiblemente no se irá a responder. Yo, que he sido un duro crítico del movimiento guerrillero colombiano, no dejo de preguntarme si con ese precedente, alguien puede tener la certeza en la subversión de que en el inmediato futuro no les va a pasar lo mismo. ¿Puede el estado colombiano con plena responsabilidad, asegurar que eso no va a suceder? Quien sabe…

El presupuesto del monopolio de las armas por parte del estado no es entre nosotros más que una de esas tantas declaraciones formales que llenan el discurso oficial, y si  miremos no solo el armamento que tienen en su poder la guerrilla, sino todas esas  organizaciones delincuenciales que cuentan con unos arsenales que envidiarían los mejores organismos policiales y judiciales del estado, uno termina seriamente preguntándose: ¿cuál monopolio del estado?

Cuando las FARC dicen que firmaran la paz pero sin dejar las armas, a la sociedad civil le corre un escalofrió por el cuerpo, porque en su lógica civilista no está el presupuesto de hacer política legal en medio de fusiles, pero los guerrilleros tienen fundadas razones para sospechar que se les puede estar tendiendo  una trampa mortal que terminará, a la larga, con sus vida.  Menudito dilema este, que muestra cómo, a la larga, los desarrollos en la concreción para que termine de una vez por todas esta guerra terrible de un  país desangrado por la violencia, no es tan fácil.

Quisiéramos sumarnos a las voces de los ingenuos que creen que todo se resuelve con solo firmar un papel. El problema es que en esta nación la realidad política y militar no está reducida al gobierno de Juan Manuel Santos y la guerrilla, y hay  muchos otros actores – civiles y armados – que tiene su particular punto de vista de ver las cosas. Y que  no siempre van a permitir que lo que se firme en La Habana, se cumpla sin ningún contratiempo al ciento por ciento. Así como hemos sido duros en demandar de la guerrilla claridad y transparencia en el proceso de paz, creemos que el sistema debería poder garantizar que lo que se le ofrece a la subversión de verdad se concrete, porque es la única forma de garantizar una paz estable y duradera.  Lo demás es literatura romántica para descrestar ingenuos…