Editorial: ¿Y SI SOMOS BUENOS PADRES?

Por Wilfredo Sierra Moreno.  

1a wilfredo sierraDesde siempre mis amigos me llamaban aguafiestas porque siempre he sido el encargados de expresar las cosas que nadie es idóneo de decir, pero en algunos casos ser permisivo con la diplomacia hipócrita que tanto nos caracteriza como raza – a pesar de que nos las tiramos de muy verracos – resulta definitivamente imposible. Y aunque algunas celebraciones como las del padre y otras por el estilo son una estrategia de los comerciantes para vender, en lo que posiblemente están en todo su derecho, no está de más hacer unas cuantas reflexiones sobre el papel de la figura que hoy queremos elevar a los altares de la idolatría hipócrita.

Posiblemente muchos hombres querremos estar este domingo en el centro de atención de nuestros hijos, pero probablemente a varios de nosotros no nos va a quedar tiempo para preguntarnos seriamente si es verdad que cumplimos como debíamos con ese papel, o si solo lo fuimos por simple accidente, por instintito animal, sin una concepción clara de lo que es ser el formador y orientador de un buen número de hijos. Engendrar, como decía mi madre cuando estaba con el santandereano afuera, lo puede hacer cualquiera. No es sino que un macho y una hembra en celo, en cualquier raza animal, se junten, para que aparezca la reproducción.

Pero lo que se supone es que, para quienes nos preciamos de ser la más grande creación de la naturaleza, ese don de la paternidad debe ir más allá del accidente instintivo y debería estar inspirado en una responsabilidad realmente muy seria. Desgraciadamente cuando uno ve todo ese ejercito de niños abandonados por ahí, o llenos de frustraciones debido a la violencia y agresiones de sus patanes progenitores en la infancia, o explotados laboralmente por unos señores que creen que más que hijos tienes esclavos, se da cuenta que de la dignidad de la paternidad no queda mucho y, antes bien, es el origen de muchas de las marcas psicológicas de tantos sectores poblacionales de nuestra sociedad.

Seguramente lo que volverán a hacer los típicos padres de algunos estratos sociales este domingo será emborracharse como lo hacen todos los viernes y sábados del año con pretexto o sin él, ejercicio en donde casi todo los fines de semana se queda la plática de la comida, el transporte, el vestuario y el arriendo de la familia, en un acto de irresponsabilidad miserable que de verdad da indignación y soberbia. ¿Pero a donde irse a quejar? Porque lo más triste es que esta es una sociedad fundamentalmente cantinera en donde muchas de las autoridades estatales son complacientes y aún más cómplices del consumo etílico, entre otras muchas cosas porque los impuestos que produce el licor a nivel nacional, es lo que nutre de manera sustancial el fisco oficial.

Pero sorpréndanse, a raíz de los tantos problemas originados en el consumo de licor y las agresiones luego de los partidos en el pasado mundial de futbol, los gremios salieron a oponerse radicalmente a la medida de la ley seca, porque según ellos lo que produce las tiendas, las cantinas, las discotecas y los prostíbulos, es lo que genera el desarrollo y la riqueza nacional… ¡Increíble! Tampoco esta vez el temita de la ley seca se dejó ver, porque para algunas autoridades si hay muertos, heridos y contusos en las celebraciones, eso no es tan grave como que disminuya la venta de licor.

Desconcertantemente para las autoridades de policía de la nación uno de los días más complicados en cuanto a orden pública es este del padre, en donde las cifras de agresiones suben de manera desesperada. Luego no será extraño que en algunos de nuestros ejemplares hogares, el señor de la casa se emborrache, llegue a hacer un escándalo, agreda o mate a su pareja y alguno de sus hijos. Eso no sorprende ya a nadie. Hace parte del panorama nacional. ¡Qué tipo de sociedad la que tenemos señores! Pero de todas formas, para que algunos de mis lectores no se indignen, feliz día del padre jovencitos…