“EL CAMPO NECESITA UNA INTERVENCIÓN MÁS PROFUNDA”: PRESIDENTE DE FEDEPALMA

Jens Mesa Dishington, presidente de la Federación Nacional de Cultivadores de Palma de Aceite. / Óscar Pérez

Tomado de El Espectador. Por: María Alejandra Medina C. http://www.elespectador.com Jens Mesa, presidente del gremio palmicultor, manifiesta su inconformidad con las políticas de biocombustibles, comercial y rural del país.

¿Qué balance hace de 2016?

El 2016 fue un año difícil. Arrancó con temas climáticos muy agudos. Hubo zonas del país donde tenemos plantaciones que perdieron 50 % de la producción por el fenómeno de El Niño. Esto tiene que alertar a todo el país para prepararse y tomar medidas para enfrentar los cambios. Incluso zonas que se pensaba podían adelantarse sin necesidad de infraestructura de riego, hoy tienen que revisar eso profundamente, porque, si no, habrá años en los que estarán muy afectados. Hubo también embates de política pública. Se siguió percibiendo falta de claridad en la política de biocombustibles. El biodiésel de palma es sin duda el principal mercado a nivel local (para los palmicultores). Hace más de una década se inició el programa con mucho éxito y con el sueño de llegar a 20 % en la mezcla (de la gasolina). El país viene más o menos en la mitad de ese recorrido sin mucha claridad en los últimos años sobre cómo avanzaremos hacia la meta. Lo más sorprendente es que la producción de la materia prima, la palma, ya se tiene, y buena parte de las instalaciones industriales para producir el biodiésel también. Hay una importante capacidad instalada ociosa, debido a que no hemos avanzado más en la producción.

Se refiere al nivel de 10 % en la mezcla.

Hoy está en 10 % en la mayoría del territorio y 9 % en Bogotá. Ya deberíamos haber superado ese nivel. Hoy el país ve más clara su preocupación frente al abastecimiento de petróleo. Colombia tiene algo de petróleo, pero es insuficiente a mediano plazo, y no hay una política más activa y dinámica frente al desarrollo de otras fuentes, como las bio. En Europa, hay países con clara política en bioeconomía, planes de gobierno clarísimos para migrar y reducir en 10 o 20 años su dependencia de las fuentes fósiles. En Colombia, con tantas posibilidades, es una contradicción. En el balance se puede hablar de una política errática frente al precio de los biocombustibles.

¿Cómo los afectó el arancel cero para la importación de grasas y aceites en 2016?

Estuvo vigente seis meses y afortunadamente no lo continuaron expidiendo. Pero ha sido una espada de Damocles. Cada vez que al Gobierno se le ocurre, amenaza con eso. Así no se hace una política agrícola. Muchos de los nuevos proyectos e inversiones con el escenario que se vive en Colombia se han venido enfriando y no somos ajenos a lo que ocurre con el resto de la economía.

¿Es un mal enfoque de la política en general o, por ejemplo, falta diálogo entre ministerios?

Cada cartera tiene sus propias visiones. Por eso uno reclama una política de gobierno, que debe ser consensuada. Pero el capitán de este barco ha priorizado la tarea en los temas de la paz y por eso los otros temas no han tenido la atención para fijar el rumbo de política de gobierno. De ahí el encontrón permanente. Uno ve carteras tomando medidas casi contrarias a lo que piensan otras carteras.

¿Cree que el plan Colombia Siembra sirvió?

Pañitos de agua tibia en un marco de gran incertidumbre. El campo requiere una intervención más profunda. Hay incertidumbre en tema de tierras, gran cantidad de medidas que se están anunciando, que muestran la falta de claridad que tiene el país en ese aspecto. El tema de seguridad en muchas zonas del país no va bien, y en el tema tributario, la reforma del año pasado es muy contraproducente para el desarrollo empresarial.

¿Cómo han sentido el impacto de la tributaria en lo corrido del año?

Un detalle: los aceites y grasas son productos básicos de la canasta. El Gobierno anunció por doquier que esos productos no tendrían IVA o, si acaso, del 5 %, pero quedamos con IVA de 19 %, después de haberle demostrado al Gobierno que tampoco era capaz de controlar el comercio ilícito o informal que hemos padecido en este sector.

En definitiva, ¿cómo han afectado esas medidas el desempeño del sector?

Muchas de estas medidas afectan la inversión a corto o mediano plazo. Este es un cultivo de tardío rendimiento. Lo que hago hoy es lo que cosecharé en 10 o 20 años. Lo que Colombia deje de hacer hoy se reflejará en unos años. En 2017 venimos con buena producción (hubo un récord en marzo, con un crecimiento de 60 % respecto a marzo de 2016), pero es fruto del trabajo y esfuerzo de los últimos cinco o 10 años.

¿Cómo han participado en la construcción del nuevo marco normativo para las tierras?

Le hemos dicho al ministro de Agricultura (Aurelio Irragori) que quisiéramos tener espacios con el Gobierno para que la versión (del próximo proyecto de ley de tierras) que presente ojalá haya recogido insumos de muchos sectores, y no lo que pasó con lo que conocimos (proyecto inicial que luego dio origen al decreto ley recientemente expedido). Cuando preguntamos quién lo elaboró, nadie daba razón. Curioso que, sobre un proyecto de esa naturaleza, los más altos dignatarios del Estado no tuvieran idea de quién lo elaboró.

Tras medio año de expedida la Ley de Zidres, ¿ve interés para que se adelanten proyectos en ese marco?

Hemos visto un proyecto bienintencionado que quiere atender unas realidades de Colombia. Esperamos la reglamentación correspondiente. Si, hacia adelante, el país apoya un desarrollo moderno, eficiente, productivo, empresarial, con agregación de valor, para el agro, a través de los procesos agroindustriales, y se dictan las políticas adecuadas, hay mucho por hacer.