EL FATAL PÉNDULO…

Por Wilfredo Sierra Moreno,

Fue Álvaro Gómez  Hurtado –uno de los grandes hombres de la política colombiana a pesar de lo que digan algunos liberales desteñidos- a quien en una de las entrevistas que le hice -y ante le había leído-  le oí la tesis según la cual en la política y muchas cosas en la existencia corresponden a la ley del péndulo… Así como va hacia la izquierda, con la misma fuerza regresa a la derecha para, una vez terminado ese recorrido, volver a su contrario, por una de las más exactas leyes de la física.

Pareciera por lo que estamos viendo en las elecciones nacionales e internacionales, que esta vez la ley del péndulo marca una tendencia política universal hacia la derecha, con una fuerza y determinación, que le ha dado sin pudor en las narices a los encuestadores y politólogos que presumiendo de más enjundia que todos los demás mortales, creen tener lo secretos del comportamiento de la masas.  Pues ninguno como los encuestadores y los teóricos  politólogos están tan desprestigiados hoy por hoy cuando, primero frente a la disputa del SI o el NO en Colombia, y luego en las Presidenciales de Estados Unidos, quedaron más mal que novia dejada plantada en el altar.

Tratar de ejercer de politólogo, sociólogo o tratadista, cosa que casi siempre intentamos  hacer impúdicamente los columnistas, es un ejercicio muy difícil en un mundo que, sobre todo, en lo que respecta a la conciencia individual, ha cambiado tanto, siguiendo la caída de los viejos marcos moralistas que dominaron por tanto tiempo el mundo. Y preciso, si se quiere exaltar a la militancia religiosa exclusivamente el predominio de las derechas en los últimos tiempos, se corre el peligro de caer en un diagnostico demasiado apresurado.

Sí, eso tiene algo que ver en todo este «barrullo», pero lo que yo veo en todos los hechos políticos recientes, es que las masas están reaccionando más instintivamente que cualquier otra cosa, contra  las viejas clases dominantes de los partidos y las estructuras rígidas del mundo, barriendo la “lógica” de los eruditos y respondiendo con la soberbia de las masas más incultas, que son, oh ironías, la gran mayoría del planeta.

La gente se cansó de los clichés. De las supuestas élites refinadas y por alguien en teoría predestinadas para gobernar el mundo, pero sobre todo de ver los desastres que esa “ilustración” le ha ofrecido a extensas regiones del mundo donde la miseria, en su más cruda expresión, se vive con indolencia absurda de partes de esos señoritos inteligentes que repiten, una y otra vez, los mismos errores. Que la furia del instinto sea la mejor fórmula para orientar a las sociedades, nadie puede justificarlo ni defender alegremente. Pero a esto hemos llegado por el camino de ver como los Clinton y Cía., más las dinastías familiares de estas democracias bananeras de América Latina, se meten al bolsillo toda la riqueza del aparato productivo mundial, sin importarle la angustia de quienes en la calle o en los barcos y canoas buscando asilo, mueren miserablemente.

No creo para nada que el señor Trump le vaya a traer beneficios a su país y al mundo, pero por lo menos la democracia norteamericana tiene verdaderos controles constitucionales y federales que  no van a permitir que éste megalómano destruya en dos patadas al planeta. Y en lo que respecta a nuestro país pareciera que el triunfo del NO ha servido para reconciliar posiciones bien opuestas, aunque creer a pie juntillas en posturas de políticos es como entregarse a los supuestos sentimientos de las enamoradas casquivanas.

Por lo menos los señores de las FARC han dado más muestras de sensatez en este interregno de “patria boba” de lo que nosotros esperábamos,  y eso hay que reconocérselo. Me parece que tanto Uribe como el Gobierno han puesto de su parte, aunque ojala la luna de miel no termine en una de las clásicas pataletas de estos supuestos dos dueños del país. Y que, por favor, la plática que en teoría nos vamos a ahorrar por no tener guerra –y por la esquilmadora reforma tributaria- , no se la terminen robando los que sabemos. Porque ahí sí que el esfuerzo no es más que una burda pantomima. De las muchas que en su larga historia ha vivido este país.