FRASCOS NUEVOS CON JARABES VIEJOS

Por Horacio Serpa

horacio-serpaLa política es la más importante de las actividades, porque de su desempeño depende la suerte de la sociedad. Es incomprensible, impredecible, emocionante, interesante. Es compleja, difícil, asquea a veces. Pero sin ella no hay democracia. A pesar de su desprestigio no ha podido ser reemplazada en ninguna parte del mundo. La semana pasada el movimiento político Cambio Radical, cuyo jefe natural es el doctor Germán Vargas Lleras, pretendió afrentarnos a varios dirigentes políticos con el objetivo de sacar dividendos electorales, irrogándonos el gravísimo delito de ser viejos en la política. Por mi parte,  me hicieron un gran favor. Gracias.

Ha sido difícil lograr financiación para la campaña y solo he podido sacar algunos afiches. Pensar en televisión, imposible. El hecho de que me mencionaran fue formidable porque recordó que soy candidato al Senado. Respondiendo entrevistas  pude enviar el mensaje de que soy el # 1 en la lista del Partido Liberal.

Extraña mucho que los adalides de la renovación se valgan de jugarretas, de engaños, para captar votos. Están escasos de apoyo ciudadano. Debían ser ejemplo de buenas costumbres, ahora cuando campea el dinero, la compra de tenientes electorales, las promesas falsas y el mal uso de algunos medios de comunicación, los cuales, según la Constitución, tienen una responsabilidad social.

La renovación generacional es indispensable. La hace el Partido Liberal empezando por la cabeza, Simón Gaviria, con 33 años, cumpliendo una notable labor. En Alcaldías, Concejos y Asambleas hay bastantes jóvenes, como entre los aspirantes al Congreso. Algunos creen que el único mérito en la vida es tener pocos años. Los pobrecillos van a morir de viejos, engañados. El doctor Carlos Lleras Restrepo, cumbre de la política nacional en el siglo XX, ejerció la política hasta bien entrado en años. Dos hombres extraordinarios, Luis Carlos Galán y Rodrigo Lara, si no hubieran sido villanamente asesinados, seguirían hoy, después de haber ejercido con éxito las más altas responsabilidades, en la madurez del pensamiento y de la acción, conduciendo con atinado rumbo los destinos nacionales.

Hay muchos jóvenes respetables, líderes, estadistas, que le hacen bien al pueblo y al Estado. Hay otros sin ideas propias, sin capacidad de orientar, sin originalidad, solo “copietas” que hacen estorbo a la innovación. Son, como en las antiguas boticas, frascos nuevos con jarabes viejos, que escasamente sirven para purgar. También hay frascos viejos con jarabes nuevos, que son los que curan, refrescan, producen alegría, irradian optimismo, vigorizan, abren el entendimiento, eliminan los bichos y producen el milagro de la buena salud para el cuerpo y para el alma.

Hay un dicho viejo pero sabio. “La mona, aunque se vista de seda, mona se queda”. Esas monas que tienen cédulas nuevas pero son las “cabezas huecas” de las películas infantiles, por más que usen afeites, que copien los programas, que salgan bonitas en las propagandas, que les escriban los discursos, que piensan en política solo para sacar votos engañando a unos e insultando a otros, “monas se quedan”.