Editorial

Editorial: FRANCISCO Y LAS VÍCTIMAS DE LA PEDERASTIA

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WILFREDO2014-baja bbPor Wilfredo Sierra Moreno.

Ciertamente un gran esfuerzo está haciendo el Papa Francisco para de alguna forma tratar de paliar el dolor y el sufrimiento de tantos seres que han sido miserablemente mancillados por las aberraciones monstruosas de unos lobos infelices disfrazados de hipócritas ovejas, que en nombre de una fe y un Dios en el que ni siquiera ellos mismos creen, descargan toda su anomalía sexual  contra unos pobres niños que quedan, tristemente, marcados para siempre.

El mismo Papa que esta semana se reunió con 6 víctimas  de este abominable crimen, reconoció que “muchos de los que han sufrido esta experiencia  han buscado paliativos por el camino de la adicción. Otros han experimentado trastornos en las relaciones con padres, cónyuges e hijos”. Qué bien que sea la máxima autoridad de esa iglesia quien de esta forma acepte las terribles implicaciones de las acciones de estos seres que no tienen perdón de nadie, y que como el mismo prelado dijo, “no han respondido adecuadamente a las denuncias de abuso”.

¿Responder? Hasta la llegada de Jorge Bergoglio a la dirección de la Iglesia Católica lo que hacia la jerarquía eclesiástica era recurrir a todos los métodos posibles, legales o ilegales, con tal de proteger a los degenerados que, muchas veces con el capelo de cardenales, presumían de ser intocables ante la ley e inmunes a la acción del derecho frente a sus actos.  Algunos sectores, muy indignados todavía, desprecian como insustanciales las acciones de Francisco, pero yo, con todo lo anticlerical que soy, entiendo que el poder y las presiones que corren por  las alcantarillas de El Vaticano son de una fuerza tal que no se puede desconocer la audacia del Papa para hacer lo que asume en este caso de la pederastia.

Es una vieja historia repetida hasta el cansancio que la Curia Romana no se para en pelos para quitar de en medio a quien no le conviene, y la reciente muerte de Juan Pablo I – envenenado-  no hace sino demostrar hasta donde los poderes que priman en esa estructura religiosa es más terrenal que cualquier otra cosa.  El mismo Francisco ha preferido irse a vivir a un Hotel  que meterse en los clásicos aposentos papales en donde, sabe, sería fácil presa de los venenos que manejan tan bien ciertas víboras de dos pies y sotana.  No hay jesuita tonto. Pero las críticas del mismo Papa a la insustancialidad y la banalidad de muchos del ejército de los supuestos representantes de Dios en la tierra, sirven para desmitificar una institución que durante muchos siglos ha vivido de la mentira y el engaño.