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50 AÑOS DE UNA OBRA MAESTRA: “DOCTOR ZHIVAGO”, DE DAVID LEAN

378a0b9Por: Juan Carlos Galán Álvarezdoctor_zhivago-caratula

No hay revoluciones tan violentas como las que se desencadenan en la mente. No hay guerras tan sangrientas como las que se declaran entre el individuo y el mundo. Yuri Andréyevich Zhivago combatió en varias y… ¿perdió? Sí, puede decirse que perdió, pero se impuso en varias bellas batallas. Como médico, curaba el cuerpo. Como poeta, curaba almas, y la suya sobre todo. Doctor Zhivago es una historia de dualidades. El número 2 la domina: guerra//paz. Cuerpo//alma. Tradición//revolución. Pasado//futuro. Búsqueda//hallazgo. Imposición (Tonia)//libertad (Lara). El drama de Zhivago es su incapacidad para unificarlo todo y vivir una vida completa. Su itinerario es el amor: va desde la insensibilidad hasta el delirio. Y su arma, su poesía. En realidad, parece que la película de Lean se basa más en los poemas que escribe Zhivago, que apostillan la novela, más que en la obra en sí de Pasternak.

Pasternak. Un poeta extraño Pasternak. Traductor (sobre todo de Shakespeare), filósofo… sus textos dan la sensación de estar escritos por un eremita, por alguien que viva aislado del tráfago mundano y se alimente de naturaleza. Pasternak: adepto a la Revolución, terminó en un gulag, humillado por sus ex camaradas e insultado por Krushchov, que lo tachó de “oveja sarnosa”, entre otras lindezas. Y todo por escribir Doctor Zhivago, Un canto a todo lo que subyace al en ocasiones alienante colectivismo. Una obra que canta al amor en una sociedad en guerra. Una obra que aboga por que la única revolución válida es la individual y el único dogma, el propio. Repudiado, tuvo Pasternak que editar su obra magna en Italia. En la URSS no se publicó hasta 1988, 31 años después de su primera edición. El Soviet Supremo le obligó a renunciar al Nobel, que se le otorgó sólo por Doctor Zhivago en una maniobra cuestionable de la Academia Sueca, todo hay que decirlo. Cuatro años más tarde estallaría la Crisis de los Misiles.

David Lean también era una persona extraña. Arisco, turbulento, abrupto… un genio. Quizás el mejor director de cine de todas las épocas. Tiene una rara cualidad: no aburrir, a pesar de que sus películas, en ocasiones, sobrepasan de largo las tres horas. Hay que recordar que Lean era, en origen, montador. Creador de películas colosales en todos los aspectos, Lean conseguía una profundidad psicológica que convertía a sus personajes en iconos. Pocas veces se ha amado en la pantalla, bien a un hombre, a una mujer o un ideal, como en las películas de David Lean. Así que si se une el talento de uno y de otro, no es extraño que nazca una obra eterna como Doctor Zhivago, que cumple medio siglo de vida.

EMOCIÓN

He pensado muchas veces en qué es lo que hace que amemos una película: ¿el mensaje? ¿Los efectos? ¿Que nos entretenga? No sé. En mi caso, una película debe emocionarme. Y, diablos, Doctor Zhivago me emociona desde los créditos hasta esa magistral escena final. ¿Cómo lo hace David Lean? No tengo ni idea. ¿Cómo conseguir que una escena que dura dos minutos y diez segundos, combinando dos planos, uno gran general y otro medio, no aburra? No tengo ni idea.