Editorial

A PROPÓSITO DE LA SANTANDEREANIDAD…

Por Wilfredo Sierra Moreno.

wilfredo-sierra-m6Es muy difícil entre nosotros hacer análisis objetivos sobre muchas materias sin que se pisen callos y se levanten ampollas, porque contrariamente a lo que la creencia popular difunde, aqui la franqueza no es más que una excusa para ser groseros, agresivos, arrogantes, y a los santandereanos nos queda muy complicado mirarnos de frente, con verdadera sinceridad, sin que los defensores de oficio de los lugares comunes salgan a rasgarse las vestiduras gritando con una fingida indignación.

Cuando en buena hora desde la administración departamental se quiere exaltar la Santandereanidad en nuestro terruño, que bueno sería hacer un balance de verdad franco de lo que eso implica y los resultados de ella en la presencia de nuestra raza en el contexto colombiano, en donde a diferencia de otras épocas, nuestra figuración  determinante en la orientación de las políticas oficiales es casi nula, y los pocos cargos de triste consolación que nos entregan son asignadas a los mismos personajes protegidos de una oligarquía cerrera que se ha perpetuado en arrebatarle una verdadera representatividad a la autentica opinión publica de nuestro departamento, para mantener castas y privilegios.

Pero esa debacle que solo mienten los niños bonitos de la oligarquía que con más audacia que inteligencia pretender ser los voceros del departamento, tiene una única y clara causa: la envidia santandereana, que aunque que me vuelva a merecer los rallos y centellas de los tradicionalistas de estas tierra, ha hecho que entre nosotros nos devoremos como verdadera pirañas y, cuando algunos de los nuestros intenta sacar la cabeza afuera de nuestras breñas, le caemos para desprestigiarlo con toda la saña de que somos capaces.

Nunca olvidare – y jamás me cansare de repetirlo – el sucedo de ya hace varios años cuando ante la posibilidad de que uno de los nuestros fuera nombrado Ministro de un gabinete nacional, le llovieron al entonces Presidente de la República miles de cartas con origen en Bucaramanga, hablando pestes del Ministro en ciernes. Y de entre ellas, sintomático de lo que somos, una de las más encopetadas señoras de la oligarquía bumanguesa, que le decía al mandatario nacional de entonces que no podía nombrar ese candidato en tan altos destinos, porque él le pegaba todos los días a su esposa. Lo cual era falso de toda falsedad.

Aunque parezca para Ripley, así somos. Y si son buenas las campañas para incitar a los ciudadanos de base a que sean tolerantes, comprensivos y generosos, esas invitaciones deberían venir acompañados de ejemplo de la clase dirigente de este departamento que en épocas de campaña electoral –y en otras también- se agarran de las mechas a muerte y son capaces de las más crueles zancadillas con tal de evitar el progreso del otro.

Ahora bien, ¿es gratis que este departamento y esta ciudad sea una de las que en el país muestran los más altos índices de violencia intrafamiliar y Feminicidios, que nos coloca en los niveles más primarios de la agresividad en el contexto nacional? La administración departamental y la alcaldía municipal de Bucaramanga  anteriores, acompañados de la Cámara de Comercio de ésta ciudad, se comprometieron en unas campañas por sensibilizar la cultura ciudadana de nuestro entorno, pero parece que de eso, en la práctica, no quedo nada. Seguimos de monos vestidos de seda que monos se quedan. Pero preferimos hablar de imaginarias virtudes y oropeles ridículos para tratar de tapar con el dedo el sol de nuestro fracasado liderazgo en el contexto nacional.

Es cierto que las gentes de nuestra raza también tienen virtudes. Pero esas muchas veces se empañan en el mar de las vanidades de una clase dirigente excluyente que solo quiere para ellos, sus hijos, mujeres, nietos y bisnietos, el disfrute de las mieles del poder. Así es muy difícil. Qué triste cuando después de muchos años de ingenuas ilusiones con la Hidroeléctrica del Sogamoso como nuestro gran capital santandereano, esta nos es arrebatada por un golpe de mano malintencionado del gobierno nacional y, tristemente, terminamos siendo extraños en nuestra propia tierra, con una obra que jalonamos para que otro viniera a hacer misa. Y así, hay ejemplos a montón.

Luego si realmente fuéramos sinceros y francotes como presumimos, no deberíamos eludir un buen inventario de nuestras debilidades para, ahí sí, tratar de buscar nuevos rumbos….