Editorial

A TODO SEÑOR TODO HONOR…

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Por Wilfredo Sierra Moreno.

img_20160507_161718Independiente de las mil y una diferencias que tengo personalmente con el gobierno de Juan Manuel Santos, hay que reconocer, sin hipocresías maledicentes, que el hoy señor Presidente de la República se jugó todo su patrimonio político desde el inicio de su gobierno por la paz y un acuerdo con todos los grupos guerrilleros de este país, y eso le hace más que merecedor, a mi juicio, del Nobel de la Paz que le han entregado.

Que esto no deja contento a todos los colombianos es mucho más que explicable en una nación que no tienen la altura suficiente para reconocer la virtud y los logros de sus contradictores, y yo que desde estas humildes líneas he sido implacable contra el gobierno Santos en cuanto a la posibilidad real de conseguir todo el dinero que un pos conflicto serio requeriría, no tengo ningún rubor en quitarme el sombrero e inclinarme ante el justo reconocimiento que Santos ha merecido del alto tribunal del Nobel Universal.

Que realmente le cumpliera las FARC a este gobierno era mi duda más grande desde que este proceso empezó, sobre todo teniendo en cuenta todos  los gobiernos anteriores a los que este movimiento guerrillero les bailo irónicamente delante de sus narices, sin concretar nada… Pero no, Santos y su equipo de negociadores con la paciencia de un tejedor tranquilo de la más grande tarraya del mundo, fueron logrando hacer a Timochenko y compañía más de este lado de la empresa de la reconciliación nacional. Más aún que muchos de los supuestos respingados y multimillonarios dueños de empresas nacionales que, con dinero circulando por debajo de la mesa, propiciaron una campaña publicitaria sucia –asquerosa diría yo – para intimidar a la opinión pública y propiciar la victoria del no.

Como perfectamente reza el dicho, a todo señor todo honor: Juan Manuel Santos tiene más que merecido el reconocimiento, y todo ese bochinche de esos desadaptados mentales de la seudo izquierda colombiana no hace sino confirmar el hecho de que en los extremos de la escala social que compone este pobre país, no hay sino mentes torcidas que juegan a lo que sea con tal de no reconocer un logro del contradictor.

Repito, estoy hablando de su persistencia por lograr la paz de este país, pero reitero que estoy muy distante de su política económica que nos tiene en unos límites de crisis productivas, financiera y social total, de los cuales no va a ser tan fácil salir. Que la consecución del Nobel de Paz sirva para salvar el proceso que fue derrotado por la votación ciudadana, está por verse. Lo de la plática de las grandes empresas nacionales para hacer una campaña sucia contra el sí, muestra de que catadura está hecha buena parte de la oligarquía financiero y social colombiana, que son capaces de vender hasta a la madre con tal de salirse con la suya.

Las propuestas del Uribismo para supuestamente “ajustar” el acuerdo, tiene más de estrategia de dilación y juego sucio que cualquier otra cosa. Ir con el diablo a misa como que no rima. Y fuera del refresco del Nobel, pienso que nuestro señor Presidente está teniendo largas noches sin sueño. Aun y que, hay que reconocerlo, las FARC han actuado en estas horas de crisis  con una madures impresionante. Pero todo tiempo de receso termina y al  final hay que volver a la realidad. Mientras tanto que bueno fuera que la mayoría de los ciudadanos optáramos por no consumir y usar los servicios de esas “grandes empresas” que giraron un dinero sucio para engañar la conciencia nacional. Mal vale importado transparente que nacional “traqueto”.