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ABSORBIDOS POR LA ESPONJA DIGITAL

1019168Por  Pepe Ros Borras.

De Periodistas & comunicadores en Linkedin.com

Pasamos el día entre dos mundos,  el online y el offline, y bajo la amenaza de que el primero acabe sustituyendo al segundo – La gente que trabaja con Internet puede sumar cerca de diez horas diarias conectadas al mundo digital-  Vivimos una época en la que al parecer, nos va a tocar redefinir la respuesta a la pregunta: ¿dónde vives? Quizá tengamos que empezar a sustituir nuestra localidad por la red social a la que más uso damos, la dirección de nuestro domicilio por el correo electrónico y nuestro número de vivienda o el código postal por el número de teléfono con el que poder conectar por Whatsapp. “Vivimos en dos mundos paralelos y diferentes. El online y el offline“.

Esta sabia reflexión no es nuestra. Pertenece al sociólogo, filósofo y Premio Príncipe de Asturias de Comunicación, Zygmunt Baumann. El padre del concepto sociedad líquida lo acuñó sin saber que años después, esa inconsistencia del desarrollo social y personal tendría efectos perturbadores en la comunicación y en nuestras relaciones personales.

olvidemicelu (1)Veamos conceptos como: Consumo diario de Internet en diversos medios. Consumo mensual de Internet en diversos medios.

Entre dos mundos…

Hace un década eran muy pocos los que vivían rodeados por el wifi o disponían de línea de Internet en sus teléfonos móviles. A día de hoy, para el gran público se hace impensable vivir ajeno a la comunicación digital. Las redes sociales o Internet han absorbido nuestras vidas para comenzar a sustituir peligrosamente lo real por lo digital. Que la modernidad y el desarrollo de las nuevas tecnologías es imparable es algo que no se puede cuestionar. Sin embargo, hay toda una serie de hechos alarmantes que sí merecen una reflexión. Y la primera de ellas es: ¿dónde vivimos?

Algunas estadísticas: la novedad más grande, ese teléfono móvil que nos permite estar conectados a la red allá donde vayamos, ha dibujado una curva muy ascendente durante los últimos meses. Ya supone un 86% el porcentaje de personas que acceden a Internet desde cualquier lugar a través del smartphone, según el último Estudio Anual IAB Spain Mobile Marketing. Gracias a él, el día se nos ha encogido a 21 horas, ya que las cerca de otras tres —2 horas y 50 minutos— se consumen en Twitter, Facebook, el Candy Crush y sus derivados.

Pero el gran problema es que el resto de horas no las pasamos en el mundo de lo real, en el offline. El canal tradicional de consumo de Internet, que es el ordenador personal o el portátil, mantiene sus registros de dos horas diarias, cifra que se podría duplicar e incluso triplicar si usamos habitualmente Internet en nuestro trabajo: desde enviar un correo electrónico hasta dejar una pestañita abierta de Facebook con alguien que nos habla. En resumen, si nos ponemos en lo peor, nos quedamos con solo 15 horas diarias de vida en el mundo de carne y hueso.

“El día se nos encoge a 21 horas, ya que las cerca de otras tres —2 horas y 50 minutos— se consumen en Twitter, Facebook y juegos a través del móvil”.

Internet está aniquilando el viejo arte de conversar.

movil1-300x200¿Cuántos de ustedes han quedado para charlar y tomar un café con varios amigos y muchos de ellos están ausentes de la conversación? ¿Cuántos charlaban entre ellos a través del móvil estando a menos de un metro? Posiblemente, estos últimos olvidaron aquello del viejo arte del diálogo. Porque entre los principales problemas derivados de habitar en exceso en el mundo digital se encuentran la dispersión de la atención, el deterioro de la capacidad de escuchar y la dificultad de comprender un mensaje, tres pilares fundamentales del buen conversador.

El grado de dispersión que plantea el habitar dos mundos a la vez, con reglas comunicativas diferenciadas, provoca que hayamos potenciado la comunicación digital para, en el otro lado de la balanza, crear lagunas en la comunicación offline. Porque no es necesario dibujarse el logotipo de Whatsapp en el rostro para recuperar la costumbre de mirar a los ojos y con ello el arte de conversar.