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Análisis: CONTENTOS Y ABURRIMIENTOS DEL “BOOM ECONÓMICO” EN SANTANDER”

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julio acelasPor Julio Acelas*

Nos dicen diariamente que asistimos en  Santander, a un inédito “milagro económico”, tanto por sus positivos indicadores sociales como por las crecientes inversiones de capitales de todo tipo. Este fenómeno sin precedentes, asombra por las cifras astronómicas: sólo el Contrato Plan, por ejemplo, suscrito por la gobernación y el gobierno central, invertirá $6.1 billones en megaproyectos viales, vías terciarias, infraestructura turística y para el saneamiento básico. Ni hablar de los recursos que se han invertido en el sector minero-energético en Soto Norte y Magdalena medio. Solo la modernización de la refinería de Barrancabermeja implicará, desde 2015, recursos por 4.000 millones de dólares. Importante, saludable y necesario. Se transformará significativamente el progreso de la región.

Para el académico Adolfo Meisel, lo de milagro es relativo y es un caso curioso. “No hay ningún sector demasiado grande…no es un caso de exportaciones, de recursos naturales…hay una variedad de sectores dinámicos como el avícola, el de joyería, petroquímico, calzado”. Según el Banco de la República, “la principal hipótesis es que este crecimiento económico ha sido impulsado por el capital humano”. Las cifras que más resaltan son las de educación superior en Santander: ocupamos un segundo lugar entre las tasas de egresados y somos la segunda región del país con la tasa más alta de personas con posgrados. Bucaramanga es la segunda ciudad, después de Bogotá, donde más ingenieros se gradúan.[1] Todo ello ha generado una creciente y consumista clase media que atiborra diariamente los “galácticos” centros comerciales.

Para estos analistas, factores como la informalidad y mortalidad de las empresas constituyen un problema, así como la tasa de subempleo, de las altas del país. El alto  nivel de emprendimiento en la región no sólo obedece a una cultura emprendedora sino a la generación de negocios de subsistencia como alternativa a la poca capacidad de las empresas de generar ofertas de empleos suficientes y sostenibles y de calidad para la población. Pero como todo análisis debe ser holístico e integral, alrededor de estos anuncios y apertura de obras, surgen preguntas que rondan en las cabezas de asalariados, informales. La gente del común, que inquietan seriamente, y nos remiten a la pregunta clásica del desarrollo: ¿cómo se distribuirá, entre todos los pobladores estos caudales de riqueza si queremos cerrar la vergonzosa brecha de desigualdades y exclusiones?   ¿Es sostenible este “boom” económico? ¿De esa riqueza,  cuanta y cuando, le llegará algo a las economías familiares de “la gente de a pie”?

¿Es la clase dirigente actual quien usufructuará los réditos político – económicos  de este fenómeno? ¿O se requiere otra renovadora, visionaria y moderna con sentido colectivo y menos amarres con el  clientelismo y más con los intereses ciudadanos y la transparencia? ¿Cómo afrontar, sin morir en el intento, efectos perversos, como por ejemplo, la más alta inflación del país –impuesto a los pobres- que padecemos? ¿Esas inversiones ayudaran a superar la exclusión e intolerancia que padecen muchos ciudadanos o se acrecentará?

¿Se habrá superado, lo que la CEPAL y GTZ, dijeron en el 2000 sobre las percepciones económicas de nuestros empresarios?:  “una alta aversión al riesgo, poco interés en la innovación y una buena dosis de fatalismo en su gente”.

*Historiador y Analista político. Director del Observatorio Ciudadano y de Boom Noticias Radio Única TODELAR 1340 am.