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BECARIOS, DE MODA VERANIEGA A RÉCORD DE EXPLOTACIÓN EN MEDIOS DE COMUNICACIÓN

becarioDe Pepe Ros  en Actualidad de Periodismo Digital.

España ha batido durante este curso 2013/2014 el récord de becarios empleados en sus empresas – La FAPE denuncia, coincidiendo con la campaña estival, que un becario explotado en un medio de comunicación asume el trabajo de dos o tres periodista veteranos

25 junio, 2014. Periódicos impresos y digitales, televisiones, radios, agencias de prensa… Ninguno escapa al tradicional desfile de becarios que por estas fechas veraniegas pueblan las redacciones de todo tipo de medios de comunicación. Una realidad en la que confluyen dos circunstancias: la necesidad de reemplazar al redactor o periodista titular por sus vacaciones de verano y la demanda de formarse en la profesión que requieren los estudiantes de periodismo que se ven obligados a cambiar apuntes y exámenes por ordenadores y grabadoras en cuestión de días.

Poco se habla en los medios de comunicación de la situación precaria que la gran mayoría sufren. ¿Maligna complicidad de los responsables de los medios de comunicación? Lo cierto es que su cada vez mayor presencia en los medios es una tradición que ha ido transformándose peligrosamente durante los últimos años. Los recortes de plantilla a los que se ven abocados gran parte de medios en estos tiempos de crisis dejan en manos de los poco experimentados estudiantes trabajos y responsabilidades impropios de su condición laboral y que en la actualidad deben asumir por la falta de efectivos. Las empresas españolas emplean una cifra récord de 322.000 becarios, un 11% más que en el curso anterior

El becario-jefe, una práctica tristemente extendida. Superpoblación en la redacción

Ya no es extraño encontrarnos con que el becario que entra nuevo a una empresa tiene como responsable de su trabajo a un segundo becario con algo más de experiencia ganada. Posiblemente, por el despido de ese periodista que sumaba un buen saco de años ocupando su puesto de trabajo y, para desgracia de las resecas arcas de la empresa, una nómina inasumible. Los ERE y despidos masivos han provocado una superpoblación de estudiantes en las redacciones que deja como dato más reciente que España haya alcanzado una cifra récord de becarios universitarios en el presente curso 2013/2014: un total de 322.000, un 11% más que durante el curso pasado, según cifras vertidas recientemente y sin el mayor pudor por la secretaria de Estado de Educación, Formación Profesional y Universidades, Montserrat Gomendio.

Desde la Federación de Asociaciones de Periodistas de España –FAPE- se ha lanzado una campaña para denunciar esta situación coincidiendo con el inicio de la campaña estival de contrataciones y que se resume en una reflexión que resuena como apocalíptica para la profesión: “Hoy día un becario explotado equivale a dos o tres periodistas veteranos parados”. Precariedad laboral, vulneración de derechos laborales y salariales, jornadas de más de diez horas… ¿Y todo esto para qué?

El becario navaja suiza

Lo de traer el café al jefe es cosa del pasado. El perfil de un becario en un medio de comunicación en la actualidad se ajusta como anillo al dedo a la necesidad de toda empresa: sueldo (si lo hay) pírrico, trabajador poco protestón y ganas de agradar por parte de los más vocacionales. Y aquí vamos a uno de los mantras de la profesión periodística: los que cuadran los números en la empresa poco o nada saben ni tampoco les importa la calidad del producto periodístico final. Faltas de ortografía, informaciones mal tituladas, falta e incluso ausencia de estilo periodístico y demás pecados que harían saltar las alarmas de los extintos puestos de correctores o responsables de cierre de los periódicos.

Unos errores que peligrosamente comienzan a asimilarse como normales dadas las condiciones laborales de sus autores y que esperemos que no sean la antesala de la liquidación de muchos otros medios. Porque todo medio que entienda que el becario es la fuerza de trabajo que ha de tirar del carro en tiempos de crisis está abocado a desaparecer entre la mayor de las mediocridades periodísticas.