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CARLOS SLIM TIENE UN NUEVO RIVAL: EL MISMO ESTADO QUE LE AYUDÓ A CREAR SU FORTUNA

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Carlos Slim, centro, llega a una reunión en Nicaragua el año pasado. Más de la mitad de las ventas de celulares de su empresa vienen del extranjero. Credit Inti Ocon/Agence France-Presse — Getty Images.

CIUDAD DE MÉXICO. Por Azam Ahmed, Randal C. Archibold Y Elisabeth Malkin. The New York Time. Es. Durante más de 25 años, Slim ha dictado los términos de la industria de las telecomunicaciones en México y ha construido un imperio, lo que lo llevó a ser uno de los hombres más ricos del mundo. Su fortuna se calcula en 50 mil millones de dólares, una cifra que lo ha puesto en la cima de la lista de multimillonarios de Forbes en más de una ocasión. Sus años de riqueza en México le permitieron expandir sus negocios a lo largo del continente americano con compañías que tocan casi todas las facetas de la vida moderna: telecomunicaciones, bancos, construcción y comercio minorista, entre otros.

Pero en su tierra, en México, el juego está cambiando. Y los analistas dicen que no hay mucho que Slim pueda hacer. Decididos a acabar con su dominio, los líderes de los tres partidos políticos más importantes de México hicieron a un lado sus enemistades en los últimos años y sostuvieron reuniones secretas para socavar el dominio de Slim. Ahora, el plan que tramaron para aumentar la competencia en la industria de las telecomunicaciones, convertido en ley hace dos años, está comenzando a tener efectos.

Las ganancias de la principal compañía de Slim, América Móvil, están en un declive pronunciado. Cayeron un 24 por ciento en 2015 y casi un 44 por ciento en el primer semestre de este año. Una métrica cuidadosamente analizada de la rentabilidad en Wall Street también ha caído, y las acciones de la empresa han disminuido en un 39 por ciento desde julio del año pasado.

En su informe trimestral de finales de julio, la compañía reconoció que el aumento de la competencia fue limitando sus ganancias en México. De acuerdo con la nueva ley, la empresa de Slim debe someterse a reglas especiales por ser la empresa de telefonía dominante en el país. No puede cobrar tarifas a sus competidores más pequeños cuando sus usuarios utilicen su red, por ejemplo. Se supone que la compañía debe compartir su infraestructura con los competidores, incluidas las torres para telefonía móvil, por lo que Slim dice que lo obligan a subsidiar a gigantes como AT&T.

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Las oficinas de Telmex, la compañía que Carlos Slim le compró al gobierno mexicano. Credit Bernardo Montoya/Reuters.

“Lo que más ha cambiado y es más importante aquí son las autoridades y su actitud hacia su imperio”, explicó Ernesto Piedras, director general de Competitive Intelligence Unit, una empresa consultora y de investigación. “Esta es la primera vez que Slim no tiene una copia de todas las llaves”. Los reguladores en México, a veces contra los deseos del gobierno, han tratado de controlar el dominio que ha mantenido Slim durante décadas y se han visto frustrados en cada ocasión. Su monopolio era tan hegemónico que le costó a los mexicanos 13 mil millones adicionales al año entre 2005 y 2009, según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE). Sin embargo, su riqueza, sus ejércitos de abogados y sus vínculos con el gobierno lo mantuvieron un paso por delante de los reguladores, según algunos exfuncionarios.

Pero cuando el Partido Revolucionario Institucional (PRI) volvió a la presidencia en 2012, buscó reafirmar su poder en un país donde el Estado —y no las grandes empresas— había sido el rey. Slim le ofrecía una forma de anotarse puntos con la ciudadanía: los mexicanos ya estaban cansados y se quejaban públicamente por lo que calificaban como un servicio caro y a menudo poco fiable.

La reforma de las telecomunicaciones era una parte esencial del impulso del presidente Enrique Peña Nieto para reestructurar la imagen de México y de su partido, que había gobernado el país durante setenta años antes de perder las elecciones por primera vez en el 2000. Peña Nieto prometió un nuevo PRI, uno dedicado a reactivar la economía. Prometió una nueva era para el país, a la que llamó “el momento de México”.

La celebración duró poco, ya que los escándalos de corrupción y de seguridad hicieron que los niveles de aprobación de Peña Nieto cayeran a un nivel nunca antes visto en un presidente en 25 años. Pero la reestructuración económica continuó. México está invitando a las empresas privadas a extraer petróleo. Los cambios en el sistema de educación pública ya están en marcha. Y Slim enfrenta una competencia real por primera vez.

Para México, la ley de telecomunicaciones ofrece un marcado contraste con muchas promesas incumplidas del Estado (poner fin a la impunidad, encarnar el Estado de derecho, reducir la desigualdad). Que el gobierno haya decidido enfrentarse a Slim, quizá el ciudadano más poderoso del país, es la prueba de que cuando existe voluntad política en México hay una forma de hacerlo. “Este gobierno invirtió en reformas económicas, pero ignoró las reformas en el sistema judicial y en el campo de la corrupción”, dijo Enrique Krauze, un prominente historiador mexicano que conoce a Slim.

Aun así, los cambios han hecho poca mella en la porción de mercado que pertenece a Slim, quien retiene casi el 70 por ciento del mercado de telefonía móvil y cerca del 65 por ciento en telefonía fija. En una entrevista, Slim dijo que la nueva ley de telecomunicaciones mexicana establecía el tipo de garantías que todo hombre de negocios aprecia. Pero se enfureció ante la idea de que su empresa requería una normatividad especial por ser dominante, o de que había postergado o impedido la regulación en el pasado. “Ve todas las regulaciones que nos han puesto. Velas”, dijo. “Cada vez que se quejan de algo, hacen gestiones para que pongan una regulación”.

Slim reconoció que las ganancias se han reducido. Los problemas de divisas en América Latina han cobrado un precio elevado. Y el ingreso reciente de AT&T, que ha prometido gastar miles de millones para competir contra la empresa de Slim, ha ayudado a disminuir de manera significativa los precios de la telefonía móvil. Y aun así, dijo Slim, sus clientes se han mantenido fieles.

“Creían que iban a arrasar por llamarse AT&T”, dijo. “Por un lado dicen que son ‘la red más grande de Norteamérica’ y, por otro, dicen que como aquí son una red chiquita que les demos subsidio”. Este año, los reguladores mexicanos determinarán si las nuevas medidas son suficientes para restringir el dominio de Slim. Los reguladores pueden doblegar a América Móvil si deciden que no está abierta a la competencia, y pueden imponerle fuertes multas o incluso ordenar la división de la empresa.