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Cartas de Don Clímaco: ¡BUCARAMANGA NUNCA FUE FUNDADA!

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Señor director:

adon-climaco1-200x200Por primera vez en mucho tiempo –y tal vez la última- estoy totalmente de acuerdo con el archiconservador historiador y miembro numerario de Opus Dei, Armando Martínez Garnica, cuando afirma que Bucaramanga nunca fue fundada como ciudad. Pero ya que estamos echando pólvora, tomando trago a granel en los clubs sociales de la ciudad y armando la guachafita popular con ésta excusa, hagamos algunas precisiones que, a lo mejor, le bajen un poco el buen sabor al whisky que a buen seguro corre a torrentes por algunas exquisitas gargantas.

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La fuente más cercana, fácilmente exequible y relativamente creíble sobre la supuesta fundación de Bucaramanga el 22 de diciembre de 1622, está en el libro de Ernesto Valderrama Benítez, Real de Mina de Bucaramanga.

La fuente más cercana, fácilmente exequible y relativamente creíble sobre la supuesta fundación de Bucaramanga el 22 de diciembre de 1622, está en el libro de Ernesto Valderrama Benítez, Real de Mina de Bucaramanga, que sin embargo en el curso del corto texto sobre el tema se contradice de manera protuberante para posar, cual historiador grandilocuente como todos los nuestros, de erudito. Valderrama Benítez nos contextualiza la narración contándonos como el caserío donde estaban asentados los indios, los usurpadores españoles, los blancos y mestizos colaboradores con los explotadores – siempre han existido esquiroles- más los negros que no tenían ningún derecho porque eran considera poco menos que animales, venia pasando por una serie de tragedias que en los años previos a 1622 se podrían resumir así…

“La fuente más cercana, fácilmente exequible y relativamente creíble sobre la supuesta fundación de Bucaramanga el 22 de diciembre de 1622, está en el libro de Ernesto Valderrama Benítez, Real de Mina de Bucaramanga”.

En el año 1617 hizo presencia en el valle del Río de Oro la peste del sarampión que se llevó por delante el 20% de la población de ese entonces. Por los años 1618 aparecieron por esos terrenos los caníbales indios Yariguies, que dieron cuenta de los más gordos ejemplares de los seres humanos, que les ofrecieron un suculento festín a esos buenos señores tan amantes de la carne humana. Y como si esas desgracias fueran pocas, entre 1619 y 1620 se presentó una casi que bíblica plaga de langosta que arrasó con los cultivos del entorno, generando una situación de hambre que pareciera hacer creer que los cuentos del fin del mundo eran ciertos.

Con estos precedentes inmediatos más la verraquera de los indios porque los encomenderos obligaban a las indiecitas a vender amasijos y tasajos por las rancherías, más dedicarlas a otros menesteres que la decencia no deja escribir aquí pero que ustedes se pueden imaginar, tres de ellos emprendieron viaje a la capital del virreinato con el exclusivo fin de quejarse ante el Procurador General que, hace tantos cientos de años, era tan godo como el actual.

Pues eso dio origen para que la Corona Española enviara a estas tierras al oidor Juan de Villabona y Zubiaurre investido con el rango de Visitador a tratar de averiguar qué era lo que efectivamente pasaba y  buscar correctivos. Pues bien, Ernesto Valderrama Benítez nos narra como en ultimas la visita fue aprovechada por el oportunista cura Miguel de Trujillo – ¡que oh ironías termino figurando de fundador de la ciudad!- quien reclamó al visitador “la necesidad de congregar a los indios en un sitio adecuado para doctrinarlos, pues era muy extenso el radio donde los indios vivian y trabajaban y por lo tanto se dificultaba mucho la prestación de los servicio religiosos”. ¡Un buen oportunista que solo pensaba en sus intereses!

“…en ultimas la visita fue aprovechada por el oportunista cura Miguel de Trujillo – ¡que oh ironías termino figurando de fundador de la ciudad!- quien reclamó al visitador “la necesidad de congregar a los indios en un sitio adecuado para doctrinarlos”.

Y entonces Valderrama Benítez nos sigue contando: “El señor Villabona y Zubiaurre oyó atentamente al doctrinero, practico alguna investigaciones y el 4 de noviembre de 1622 ordeno desde Pamplona que los indios se reduzcan, junten y agreguen y pueblen en el sitio y asiento que llaman Bucaramanga, para que vivan juntos y sean doctrinados –por el cura Trujillo- con la comodidad que tanto importa”. El autor del libro Real de Minas de Bucaramanga termina esta parte del relato con el siguiente párrafo que por favor les pido sea leído con la mayor atención, ya que contiene la pista fundamental para sustentar uno de los tantos argumentos de que en esa fecha no fue fundada ésta ciudad:

“Fue así como el 22 de diciembre de 1622, en un tambo con techumbre pajiza erigido en iglesia, se congregaron españoles y nativos para oír devotamente la misa, razada por el padre Trujillo, para impetrar del Supremo Hacedor la protección, conservación y desarrollo del rancherío, instituido de forma oficial, sin otra ceremonia, pues se trata simplemente de un cambio de sitio”.      

Armando Maertinez Garnica
El autorizado historiador Armando Martínez Garnica es claro en afirmar que no hubo nunca una fundación de Bucaramanga porque “las ciudades se fundaban en el siglo XVI como un derecho que emanaba directamente del Rey de España por medio del cual se permitía repartir a los indios, las tierras y las aguas. En todo el oriente del país sólo existieron tres ciudades: Vélez, Pamplona y Girón”

Considero, señor Director, que las últimas dos líneas del último párrafo son fundamentales para precisar que nunca hubo una fundación oficial de ciudad, entre otras muchas cosas porque como dice en algunas declaraciones al respecto Armando Martínez Garnica, “…las ciudades se fundaban en el siglo XVI como un derecho que emanaba directamente del Rey de España por medio del cual se permitía repartir a los indios, las tierras y las aguas. En todo el oriente del país sólo existieron tres ciudades: Vélez, Pamplona y Girón” No era pues ni potestativo del Visitador Juan de Villabona y Zubiaurre y mucho menos del curita Miguel de Trujillo fundar ciudades. Y es una imprecisión de lenguaje y una irresponsabilidad de burguesito en tránsito de gran historiador, la afirmación alegre de Ernesto Valderrama cuando líneas más adelante dice: “De ahí que solo podemos exhibir como acta de fundación de Bucaramanga una certificación del cumplimiento dado a lo dispuesto en autos por el señor Visitador”. Y transcribe un documento del cura Trujillo que en ultimas lo único que dice es que deja constancia que hizo misa “en la iglesia de esta población que para este efecto mandamos hacer”.

“…como dice en algunas declaraciones al respecto Armando Martínez Garnica, “…las ciudades se fundaban en el siglo XVI como un derecho que emanaba directamente del Rey de España por medio del cual se permitía repartir a los indios, las tierras y las aguas. En todo el oriente del país sólo existieron tres ciudades: Vélez, Pamplona y Girón”

Luego si algo se instauró ese día fue la iglesia y no el caserío o población –termino ultimo éste que es otra imprecisión de lenguaje porque población como tal no existía – y la fundación de la muy querida ciudad de Bucaramanga no es más que uno más de los muchos cuentos alegres con que nos han regalados tantos supuestos historiadores de pacotilla que han llenado la sospechosa historia de Santander de mentiras mil, al acomodo de las oligarquías dominantes, de la cual la Academia de Historia ha sido tan dócilmente servidora.

…“los negros y sus familias continuaran en sus bohíos, pues les está vedado convivir con los indígenas y se les permitirá solamente acudir a la iglesia a oír la misa y recibir la instrucción catequística”.

Y por último, como para que no se nos olvide lo discriminadores que hemos sido desde siempre, las directrices de la convivencia entre diferentes “clases” o razas, precisaba que “los negros y sus familias continuaran en sus bohíos, pues les está vedado convivir con los indígenas y se les permitirá solamente acudir a la iglesia a oír la misa y recibir la instrucción catequística”. ¿Negreros desde entonces?  ¿No sería bueno que ahora que estamos en la era de los perdones, los programadores de los eventos oficiales de la supuesta fundación de Bucaramanga, hicieran un acto de contrición con nuestra población afrodescendiente con los que, desde tiempos tan pretéritos, nos hemos portado tan mal?

Con aprecio:

Don Clímaco.