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Cartas de Don Clímaco: DE LA CONCEPCIÓN EXCLUYENTE E IMPERIALISTA DE LOS JUDÍOS.

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Los judíos no se van a detener en su arremetida feroz contra el pueblo palestino. Ellos siempre se han concebido a sí mismo como el pueblo elegido de Dios, una raza superior, y no doblaran la cabeza ante nada ni ante nadie.
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Señor Director:

Resulta una verdadera lástima que mucha de la literatura que se deja correr por estos días  sobre el conflicto que se vive en el medio oriente, desconozca buena parte de la raíz conceptual e ideológica del Israel histórico, realidad mal disimulada en toda la estructura teológica religiosa de ese pueblo.

Es triste que los grandes negociantes de las religiones en el mundo hayan podido esconder a los ojos de los terrícolas comunes y corriente todo el contenido político y dominador que se encubre en el misticismo manipular en todas sus vertientes, y eso es mucho más evidente en el caso de la Tora Judía, que no siempre ha podido ser estudiada desprevenidamente entre estos pueblos latinos, por las desafortunadas raíces  judío cristianas de muchas de nuestras estructuras socio culturales.

Pero las terribles verdades excluyentes y dominadoras de ese pueblo están escondidas – ¡ante los ojos de todo el mundo! – en las tradiciones socio culturales recogidas en lo que nosotros vulgarmente llamamos el Antiguo Testamento, que realmente recoge buena parte de la Tora Judía. En primer lugar hay que decir que la raíz de ese pueblo es realmente nómada y desesperantemente primario, y los que tuvieron la  fortuna de estudiar Teología, como usted, vieron en una materia que se llama “Prehistoria de Israel”, como toda la concepción trascendente de esas gentes estaba sustentada en lo que a nosotros de mala leche nos  han querido vender con la etiqueta de paganismo.     

don climacoAdoradores de becerros de oro y practicantes de todas las formas conocidas de la magia ancestral –que no siempre fue magia negra- lograr que aquellos barbaros tuvieran una concepción más filosófica y literariamente elaborada de lo trascendente, no fue fácil. Fueron muchos pero muchos años de luchas internas, guerras y de la presencia de líderes político sociales fuertes, casi dictadores, para llegar el concepto elaborado de un Dios único para ese pueblo. Pero hay que tener presente que cuando se llega a la conformación de lo teóricamente conocido por nosotros como Las Doce Tribus de Israel,  el Dios de cada una de esas tribus no era el mismo. Cada tribu tiene su propio Dios, que luchaba por ser  más guerrero, sanguinario y celoso que el de las otras tribus, y los años de guerras y muertes entre estos sus dioses, cubre un largo periodo de la prehistoria de Israel. Pero ojo, el Dios de cada tribu era su Dios  particular, y ante los ojos de esa creación mítico religioso las demás tribus y los demás hombres, no contaban.       

Cuando se llega después de muchos años de luchas al hecho sociológico místico de un solo Dios para todo el pueblo judío, también está suficientemente establecido que para ese Dios el único el pueblo “elegido” es el israelita y los demás no cuentan para nada. Los demás son una parias, unos desgraciados, unos “no elegidos” que solo merecen ser sometidos y dedicados a servirle humillantemente a los escogidos por su Dios. Y es éste un Dios orgulloso, vengativo y despiadado que pide, sin ninguna piedad, que quienes no se postren prusianamente ante la raza elegida, deban ser pasados, sin ninguna piedad, por las armas.       

Cuando los historiadores quieren abrogarle únicamente a los alemanes la monstruosidad de autoproclamarse como la única raza pura, sin macha y elegida para gobernar el  mundo,  o desconocen buena parte de la historia universal o le hacen el juego a esa desinformación fundamental con la que las mayores manipulaciones ideológicas y doctrinarias de la historia se han sustentado. Porque ya mucho pero mucho antes que los alemanes, los judíos estaban plenamente convencidos de ser ellos y únicamente ellos los elegidos del planeta, esquema elitista que fueron escondiendo en sus elaboraciones religiosas, que siempre han resultado una mampara para justificar la animalidad de esos pueblos.

Desafortunadamente para los simples – como el descarado y manipular del Pablo de Tarso llama a los incultos a los que pretendió y logro embutir un nuevo engendro político religioso – sigue resultando creíble el cuento atrabiliario de que “las escrituras fueron inspiradas por Dios”,  y no siempre podrán asumir que los muchos dioses de las diferentes religiones que llenan el globo terráqueo fueron creados por el hombre para servir de escudo facilitador del dominio político y económico de los vividores de todos los pelambres.       

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Wall Street es el símbolo del gran poder económico norteamericano, pero la verdad es que el dinero básico de ese poder es judío.

Y por eso cuando ahora frente  la nueva  arremetida de Israel contra el pueblo Palestino se hace tan brutal y despiadada, pedir racionalidad y mesura a los judíos resulta una estupidez de grandes proporciones. Ellos, desde que se crearon así mismos como el pueblo elegido por Dios, no se paran en cuentos sentimentalistas. Destruyen y destruirán a quienes se les pongan por delante porque se creen superiores a todos los demás mortales.

Pero además porque lo cierto es que son los dueños del gran capital económico que sustenta de la riqueza de los Estados Unidos,  y no hay ni peligro de que el Presidente Obama ni cualquier otro mandatario de los Estados Unidos,  pueda mover ni el más pequeño de sus dedos para detener la furia mítico imperialista de los Judíos. Dicho en plata blanca, los judíos son los verdaderos dueños del imperio americano, y no hay gobernante en el planeta, por muy verraquito que pretenda ser, que pueda pelar contra la chequera del patrón que lo tiene en el poder.

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Los símbolos nunca han sido inocentes en la iconografía política del mundo, y el León de Judá, imagen sintética de las Doce Tribus de Israel, muestra a un león que es rey, o por respeto a su imponencia o porque es capaz de devorar a todos sus oponentes.

Desgraciadamente, señor Director, los hechos escuetos de la “verdad verdadera” es mucho más contundente que los romanticismos ideológicos y humanitarios de quienes pretendemos hablar de lo que no sabemos. Y por mucho que nos duela la carnicería que se vive en el medio oriente,  esta seguirá hasta que quienes realmente son los dueños del mundo, lo quieran. Lo demás son majaderías.  Pero además si quiere encontrar justificación “divina” para esa forma de ser de estos buenos señores, aquí le agrego, antes de despedirme, algunas perlas desconcertantes:

El “generosísimo” siempre usa como a su mano más diestra a los terrícolas y así, por ejemplo, en el Libro Primero de Samuel, Capitulo 15 Versículo 3, le da a uno de sus seguidores esta humanitaria orden: “Ve, pues, y hiere a Amalec, y destruye todo lo que tiene, y no te apiades de él; mata a hombres, mujeres, niños, y aun los de pecho, vacas, ovejas, camellos y asnos.”

En Éxodo, Capitulo 10, Versículo 40, una versión muy subgéneris de periodista bíblico nos da este informe: Batió, pues, Josué todo el país: la montaña, el Négueb, la Tierra Baja y las vertientes, con todos sus reyes, sin dejar ni un superviviente. Consagró a todos los seres vivientes al anatema, como Yahvéh, el Dios de Israel, le había ordenado”   

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En Creta, así como en Sumeria, Egipto y otras culturas bovinas, el dios toro era sacrificado para que la gente pudiera vivir. La muerte del toro liberaba su “espíritu”. Comerse la carne aseguraba que el espíritu pudiera seguir viviendo en los seres humanos. A mediados del siglo primero después de Cristo, el culto bovino incluso logró entrar en Roma. El culto de Mitra era una amalgama de varias religiones adoradoras de toros que tenían su centro en religiones del Oriente Medio, África del Norte, e incluso del lejano Asia Menor. Mitra era originalmente una antigua divinidad Aria: el dios de la luz, y no deja de ser factible que fuera uno de los dioses paganos de la viejas tribus nómadas de Israel para los que el paganismo no era ninguna problema, como nos lo recuerda las referencia bíblicas de las furias de Moisés frente a estos seres desagradecidos frente al “Dios Único”, que seguían adorando al Becerro de Oro.

En el segundo libro de Las Revelaciones, se nos da ésta descripción de uno los más exaltados personajes bíblicos: El mismo David, grande por su amor generoso a Yahvéh, lo es también en sus crímenes; de Manasés, rey de Judá, por ejemplo, se nos da este epitafio; “Derramó sangre inocente en tan gran cantidad, que llenó a Jerusalén de punta a cabo”.  Cualquier paramilitar criollo es un pobre “patehinchado” antes las virtudes asesinas del Rey David.

Y no sigo porque a lo mejor el señor Personero Municipal de Bucaramanga me hace abrir una investigación por promotor con mis cartas de la violencia y el crimen. Pero esos son los iluminadísimos pensamientos que están en el libro que muchos de nuestros cristianos criollos cargan debajo de la sobaquera todos los días. No son ciertamente pensamientos muy edificantes y uno se pregunta si es que el grado de alienación de tales personajes criollos  es tal que no pueden discriminar realmente entre lo bueno y lo malo o es que son tan definitivamente brutos que como ese mismo libraco dice: tienen ojos y no ven, oídos pero no oyen y cabeza pero no les sirve para un carajo.     

Además después de estos y otros repasos bíblicos en el Antiguo Testamento, uno termina convencido de que los miembros del actual pueblo de Israel son unas mansas palomas. Definitivamente es que como algunos pensadores de la derecha colombiana dicen, los periodistas joden mucho, pero mucho mucho, más de lo mandado, señor Director.

Con afecto:

Don Clímaco.   

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Esta curiosa obra de arte en las puertas de Wall Street, centro encubierto del poder judío en el mundo, podría ser una vieja evocación subconsciente de cuando los pueblos nómadas de Israel vagaban sin rumbo fijo por el desierto y se dedican con placer deleitante a lo que ahora llamamos paganismo. ¿Una versión moderna del viejo dios Mitra?