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Cartas de Don Clímaco: DEL DESPRECIO DE LOS HIJOS HACIA SUS PADRES ANCIANOS…

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ancianoSeñor director:

adon-climaco1-200x200Ayer con un profundo dolor leí en internet las apreciaciones de una muy pero muy querida amiga mía que, frente a un fallo de la Corte Constitucional que determina que las cuotas alimentarias también aplican cuando se trata de los hijos hacia los padres ancianos, escribió: “Que tal! Cuando pudieron no les dieron nada a sus hijos…y ahora que no pueden ni pasar agua entonces si le corresponde a los hijos pasarle pensión…que justicia tan inequitativa”. La expresión me partió el alma, porque sintetiza de alguna forma un criterio generalizado frente a los padres ya ancianos que algunos sectores -¡que no todos afortunadamente!- consideran muebles viejos que estorban en el escenario de las nuevas generaciones de santandereanos.

En un libro de crónicas que usted, señor Sierra, está escribiendo y que posiblemente muy pronto será lanzado, dedica todo un capitulo a este tema, y me gusta la forma como, imparcialmente, mira las dos caras de la moneda en este caso. Ciertamente por su idiosincrasia y temperamento los padres nuestros no fueron precisamente un dechado de virtudes pero, sobre todo, muy poco dados a expresar la ternura, y comparto la forma como sin temores, en esa crónica, denuncia el talante machista de nuestra raza que, particularmente en pasadas generaciones, hacía de los padres unos verdaderos dictadores que se creían dueños de todo: de la casa, de los muebles, de las fincas, de sus caballos y de sus carros, pero también de su mujer y sus hijos con los que creían, absurdamente, que podían hacer lo que les daba la gana.

“…y me gusta la forma como sin temores, en esa crónica, denuncia el talante machista de nuestra raza que, particularmente en pasadas generaciones, hacía de los padres unos verdaderos dictadores que se creían dueños de todo…”

Y como no, usted acusa como un buen sector de nuestros “putos, liberales y machos” –como gustaban autodefinirse a estos dictadores en potencia – sufrían y sufren de una terrible proclividad a procrear  de manera enfermiza, pero igualmente eran y son unos expertos en poner pies en polvorosa cuando se trata de responder por la crianza de los muchachitos que muy alegremente hacieron, pero por los que para nada se creen obligados a ayudar a mantener y educar. Y esos casos en la historia remota pero también en el presente sociológico de nuestra sociedad son legión y la causas de los muchos traumas emocionales de  tantos jóvenes que van por ahí preguntando con soberbia porque miércoles los trajeron a esta vida a sufrir.

Pero como solía decir su señora madre con mucha gracia, “una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa”. Sobre todo en un contexto donde abundan las iglesias y agrupaciones teóricamente humanitarias que, de labios para afuera, hablan más alegre que responsablemente del perdón, la reconciliación y la caridad humana. Sí, muchos hemos tenidos en nuestros hogares unos padres maltratadores y agresivos que nos hicieron chicuca nuestra infancia y juventud, y seguramente el odio y hasta el deseo de venganza han albergado la mente de algunos quienes así fuimos levantados, pero la aplicación de la Ley del Talión, aquel “ojo por ojo y diente por diente”, no es precisamente el talante recomendado a unos hombre y una sociedad que hoy por hoy quiere posar de muy civilizada.

“…pero la aplicación de la Ley del Talión, aquel “ojo por ojo y diente por diente”, no es precisamente el talante recomendado a unos hombre y una sociedad que hoy por hoy quiere posar de muy civilizada”.      

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Los asilos son el último refugio de los pobres ancianos y ancianas que ya no merecen el aprecio de sus hijos. Y entre nosotros un genio de la política les quito quietar los pocos pesitos que por estampilla Pro Palacio se le suministran a estas instituciones para mantenerse. Que malas conciencias las que da la vida…

“…Y ahora que no pueden ni pasar agua…” La expresión se me hace demasiado dura, casi inhumana. Sobre todo en referencia a unos seres que, quiéralo o no son nuestros padres, y algo tuvieron que hacer, así fuera mínimo para que nosotros estemos respirando todavía. Pero es una expresión aún más condenable cuando uno recuerda las trilladas locuciones cristianas de que “ni siquiera al enemigo se le debe desear el mal”.  Esos predicamentos suenan bonitos en el púlpito, pero el supuesto ejército de cristianos y católicos de esta sociedad nuestra, ¿si son capaz de cumplirlos? Y con referencia al trato, que llamaría mejor maltrato de los hijos con respecto a sus maltrechos padres viejos, me gusta bastante la referencia que usted muchas veces a citado en sus columnas al respecto, en cuanto a que hay formas que parecen muy elegantes de marginación, que sin embargo no dejan de ser crueles. Como la de las familias adineradas de nuestro entorno que enclaustran a sus padres en unas casas geriátricas muy elegantes, provistas de todas las atenciones médicas y alimenticias que cualquiera pudiera desear, pero en donde son olvidados por el resto de sus vidas del afectos de sus hijos, nueras, nietos y bisnietos, en una forma sutil de desprecio que de todas formas no deja de ser miserable.

Pero claro, el ejemplo viene de arriba… No hay que olvidar que hace un par de años un muy encumbrado dirigente político le dio por quitarle un buen porcentaje del valor recolectado por la estampilla Pro Anciano, dineros con los que mal que bien se financian los ancianatos de la región, para entregarle esos pesos a los opulentos contratistas de obras públicas que acumulan millones sobre millones y les importa un carajo el sufrimiento de los demás, así sean los más viejos exponentes de nuestra sociedad. Por fortuna el entuerto se corrigió posteriormente, lo que no quiere decir que los traslados presupuestales al respecto les cubran a los Asilos del Departamento todas las necesidades que tienen. Ayer no más, 8 de noviembre, uno de los asilos estaba realizando un bazar con el que la Hermanitas que manejan esa institución tratan de mantener en pie su obra. Hermanitas que, ellas sí, cumplen con los preceptos de los predicados cristianos y frente a las cuales me inclino respetuosamente.

“…y no hay que olvidar que hace un par de años un muy encumbrado dirigente político le dio por quitarle un buen porcentaje a la estampilla Pro Anciano, dineros con los que mal que bien se financian los ancianatos de la región, para entregarle esos dineros a los opulentos contratistas de obras públicas…”  

Y no crea, apreciado señor Sierra, que al escribirle esta carta estoy alegando en causa propia. Yo hace muchos años me acostumbre a la soledad y al olvido, y por mi destartalada covacha ya ni  cucarachas ni los ratones se arriman. Y por fortuna disfruto de esa soledad  en medio de mis lecturas y la música. Y claro, todavía puedo pasar agua, gaseosa y algunas golosinas, que ponen en ascuas a ciertos amigos médicos para quienes la mejor dieta es, “todo lo que sepa a bueno, escúpalo”.  ¡Que se jodan! Yo me quiero morir en mi ley de glotón, porque aunque hace rato sé que tengo cerca la muerte, quiero dejar de existir feliz de la pelota. Y desde luego ni de lejos se me ocurriría levantar causa legal contra mis hijos, nietos y bisnietos para que me pasen cuota alimentaria, porque esos pobres muchachos apenas si ganan para mantenerse. Por lo demás en este país las leyes son para que queden escritas y guardadas en los ánaqueles de los tribunales y los juzgados,  porque aquí nadie es capaz de hacer cumplir…

Con afecto, reumatismo, artritis, diabetes, y dolores articulares en las manos que me hacer sufrir escribiendo frente al computador, me suscribo de usted, señor director:

Don Clímaco.