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Cartas de Don Clímaco: LA IMPORTANCIA BUROCRÁTICA DE LA CONTRALORÍA.

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Desde la sede principal de la Contraloría General de la República se han influenciado muchas decisiones de la vida política colombiana…
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De cómo en la época de Rodolfo González la Contraloría General de la Republica se  impuso la candidatura de Virgilio Barco Vargas.

Apreciado señor Director de la Revista El Crisol, don Wilfredo Sierra:

Mi buen amigo, escuchando por estos días las garroteras que se han armado en torno a la postulación de los nombres para reemplazar a la conflictiva Sandra Morelli Rico en la Contraloría General de la República, no me he aguantado las ganas de recordarle a usted  las épocas en que su buen amigo Rodolfo González García detentaba ese cargo y de cómo, luego de que ninguna de los parlamentario de entonces  mostraban la más mínima simpatía por el nombre de Virgilio Barco Vargas, hombre al que el grupo dominante de la política nacional quería imponer, las “gentilezas burocráticas” del gigante ente fiscalizador que por ese entonces tenía más de 5.000 cargos de diferentes niveles para proveer, hizo que las “gloriosas mayorías liberales” lograran hacer a Virgilio, no el gran poeta, sino el político del Norte de Santander, Presidente de la República.

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…y además después siempre se solía recordar en los corrillos de los “padres de la patria” que su fortuna y la de su familia se debieron a la famosa concesión Barco…

Pareciera que las cosas no cambian nunca en este país y como, cuando algunos sectores nos quieren hacer creer el cuento de que los desvelos por la elección son “patrióticos”, la verdad es que es más el afán electorero y de poder que cualquier otra casa el que resulta haciendo que la pelea por esos “altos cargos” resulten casi de infarto y de muerte, porque quienes aspiran a detentar en honor de Contralor General de la Nación saben lo que son 4 años con semejante ejercito  burocrático y “de otras cositas” que se dan cuando algunos auditores le pueden torcerle el pescuezo a ciertas investigaciones fiscales,  y por supuesto hacer “nuevos y muy bien posesionados amigos”.

“Quienes aspiran a detentar en honor de Contralor General de la Nación saben lo que son 4 años con semejante ejercito  burocrático y “de otras cositas…”

Como yo he sido casi en toda su extensa vida – ya casi tan largo como la mía- su alter ego  y su verdadera sombre, acompañándolo todos estos años en muchas de las labores que ha desempeñado – ya en la nómina oficial, ya en su labor de periodista – le quiero traer a memoria presente como, por “amable invitación” de su nominador en el cargo de Periodista de la Cámara de Representantes,  hace ya muchos  años y justamente por esas calendas, se le asignó la tarea de ser el estafeta de las invitaciones a las primeras reuniones de los entonces parlamentarios y senadores a los convites, con buen whisky y exquisita comida, en el  Hotel Dann de Bogotá, donde se irían a discutir “trascendentales temas para el futuro del país” (Hacen frases bonitas los gacetilleros oficiales, jajajajajajaja,  que risa).

No podrá olvidar, don Wilfredo, que muchos de los buenos amigos parlamentarios que usted acompañaba a sus respectivas regiones para hacer las notas televisivas y los libretos de los  siempre aburridísimos programas de la Cámara de Representantes, cuando se enteraron del motivo de esas primeras reuniones  que tenían por promotor a su padrino burocrático, no fueron precisamente muy amables con usted y dijeron del candidato de marras cosas que no se pueden escribir en esta nota.  Virgilio Barco no fue nunca antes de iniciar aquel proceso un hombre con siquiera mediana aceptación en los sectores partidistas del parlamento colombiano, y además después  siempre se solía  recordar en los corrillos de los “padres de la patria” que su fortuna y la de su familia se debieron a la famosa concesión Barco,  y la variopinta representación de todas las regiones del país siempre terminaban  diciendo de él que era un viejo pro gringo.

“Virgilio Barco no fue nunca antes de iniciar aquel proceso un hombre con siquiera mediana aceptación en los sectores partidistas del parlamento colombiano…”

Tampoco podrá dejar de lado, señor director de la Revista El Crisol, que  muchos sectores parlamentarios por esas épocas, cuando el fenómeno del narcotráfico se expandía  de manera impresionante y varios de los más peripatéticos jefes  de los diferentes carteles nacionales del narcotráfico eran bien recibidos en muchos de los llamados “círculos sociales” del poder colombiano,  la intención de los norteamericanos de establecer la extradición ponía los pelos de punta a más de uno de los más conspicuos caciques políticos regionales de Colombia. ¿Y ahora un candidato a la Presidencia  pro norteamericano? ¡Guacala!  A otros majaderos  con esos cuentos.

Tampoco podrá dejar de recordar que en esa primera comilona en el Hotal Dann de Bogotá, el de la calle 19, justamente un par de cuadras arriba de la sede principal de la Controlaría General de la República, solo se hicieron presentes dos representantes y un honorable senador. La reunión a la que usted en esta oportunidad como en las siguientes asistió porque su padrino sabía que el camello que tenía por delante era durito,  fue bien ingrata para su patrocinador. Los colegas legisladores del anfitrión se le burlaron de lo lindo en su propia cara, sacando a relucir todos los defectos habidos y por haber del ex alcalde de Bogotá y, de ser sinceros se tratara,  yo creo que ahí no logro ni un solo voto para su causa.

“Los colegas legisladores del anfitrión se le burlaron de lo lindo en su propia cara sacando a relucir todos los defectos habidos y por haber del ex alcalde de Bogotá y, de ser sinceros se tratara,  yo creo que ahí no logro ni un solo voto para su causa…”  

Pero a la semana siguiente, usted supo, las invitaciones a la otra reunión en el Dann estuvo acompañadas de sugerentes razones venidas del despacho de la Contraloría General de la Nación, que decían que había un buen número de cargos disponibles en la nómina de la entidad para llenar con las recomendaciones de los asistentes a la cita, y entonces, como en el poema de Jorge Zalamea Borda, la audiencia comenzó a crecer mágicamente. Y entonces sucedió lo que usted y todos los colombianos ya sabemos de memoria, el excelentísimo doctor Virgilio Barco Vargas fue Presidente de los colombianos.

“Y entonces sucedió lo que usted y todos los colombianos ya sabemos de memoria, el excelentísimo doctor Virgilio Barco Vargas fue Presidente de los colombianos”

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La señora Morelli ha usado y abusado del poder de la Contraloría General de la Republica tanto, que le ha dado para enfrentar con desenfado audaz al Fiscal General de la Nación..

Pero dejémosle saber a nuestros lectores que las discusiones en esas agradables y bien adobadas cenas no era sobre la conveniencia o inconveniencia de la eliminación del control previo en la acción fiscal, control previo que dicho sea de paso era una fuente de magnificas entradas económicas de los Auditores Especiales – ¡y a todos los auditores en general, que carajos! – en las entidades a las que se les asignaba “vigilar”. No. Y mucho menos se hacía una exploración intelectual de cuan efectivo seria el Control Posterior, que en últimas termino imponiéndose, en el examen de los dineros de la nación por parte de los inescrupulosos que siempre han existido. No. Allí se hablaba lisa y llanamente de puestos, y del objetivo de garantizar la Presidencia de la República para ésta solida vertiente del partido liberal.

“No. Allí se hablaba lisa y llanamente de puestos, y del objetivo de garantizar la Presidencia de la Republica para ésta solida vertiente del partido liberal…”

Partiendo de esta simple consideración – porque hay muchas más – puede usted entender señor director cuanto poder puede tener una Contraloría General de la República,  una Fiscalía General de la Nación o un Procuraduría Nacional, que no solo es una fuente inagotable de burocracia al por mayor, sino que incide en muchas otras determinaciones que hacen a los cabezas de esos cargos, después del Presidente de la Republica, los hombres más poderosos  de la nación.    

Seguramente usted como periodista no puede olvidar que Contralores Generales de la República como Julio Enrique Escallón, Aníbal Martínez Zuleta, David Turbay y Manuel Francisco Becerra terminaron con serios problemas con la justicia colombiana, como muy seguramente los tendrá doña Sandra Morelli Rico, que ya tiene suficientes expedientes por todas partes como para que se vuelva coleccionistas de folios y estilos de escritura de los diferentes secretarios de juzgados y fiscalías. La señora Morelli ha usado y abusado del poder de la Contraloría General de la Republica tanto, que le ha dado para enfrentar con desenfado audaz al Fiscal General de la Nación, que seguramente estará esperando que salga de su cargo para poner a funcionar a sus fiscales especiales como enjambre de abejas en torno a la agresiva, arrogante, impertinente y audaz mujer.

“La señora Morelli ha usado y abusado del poder de la Contraloría General de la Republica tanto, que le ha dado para enfrentar con desenfado audaz al Fiscal General de la Nación…”

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¿Quiénes hacen y escriben la historia para las próximas generaciones?

Pero además, señor director, no puede usted obviar que los candidatos actuales a ocupar la Contraloría General de la República no tienen precisamente las más destacadas virtudes morales y de buenas costumbres, y que algunos de ellos tienen ya largos expedientes en organismos de control y similares,  lo que hace que uno no se pueda tragar entero el cuento que su preocupación para llegar a esa alta dignidad sea la de velar por el uso cristalino de los billeticos del estado. Además el que detrás de cada uno de ellos exista un padrino muy poderoso políticamente, hace que al más ingenuo se le hagan muchos signos de interrogación en la cabeza sobre la cristalina, trasparente, desinteresada, patriótica y honorable intención de ser Contralores Generales de la República.

Por último, don Wilfredo Sierra, perdóneme que me le haya metido al rancho de sus recuerdos y experiencias  personales, pero usted ya es tan viejo que parte de sus vivencia en este perro planeta ya son historia para muchos jóvenes despintados del presente. Por ahí tiene muchas cosas interesantes para contar, pero además sería bueno para el registro y la información de las futuras generaciones dejar parte de la historia política y social que le ha tocado vivir, historia que me parece a mí que sería mucho más interesantes que la hecha por un poco de viejitos de la oligarquía criolla en la tal Academia de la Historia de Santander, que a ratos parece solo el lugar de  un aburridor ritual de besamanos y auto elogios mutuos, presidia por quien ha dedicado su vida a hacer libros sobándole la chaqueta al establecimiento político criollo.

“Lo que no puede ser, señor director, es que la godaria del Opus Dei sean los que llenen de incienso y agua bendita el recuerdo de nuestra historia regional…”

Lo que no puede ser, señor director, es que la godaria del Opus Dei sean los que llenen de incienso y agua bendita el recuerdo de nuestra historia regional, desconociendo, indebidamente, lo que ha sino la verdadera naturaleza de nuestras luchas y nuestros defectos.

Que sea todo por hoy, y me despido de usted con afecto,

Don Clímaco.