Editorial

Cartas de Don Clímaco: LA NAVIDAD, LA MÁS GRANDE PERO HERMOSA MENTIRA DE LA HISTORIA…

Que la gracia y el amor de Dios Encarnado nos alcancen estas navidades y el año que está por venir, y que su Santo Espíritu, nos abra al conocimiento para entender en el corazón la Palabra.
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Señor Director:

(Por considerar que no le tengo que cambiar ni una línea para hacerla actual, reproduzco hoy la carta que hace un año sobre el tema controvertido de la navidad publique en ésta Revista Virtual. Claro que hay cierto tipo de ciegos que tienen ojos pero no quieren ver, pero ese es problema de ellos…)

don climacoCuando veo a mis nietos, bisnietos y tataranietos disfrutar de lo lindo de los preparativos de la navidad, el historiador, crítico y teólogo que hay dentro de mí se retuerce de dudas para tratar de trasmitir a esos lindo muchachos las verdades históricas que se esconden detrás de todas estas tradiciones religiosas, culturales y económicas que nuestras costumbres sociológicas nos imponen. Aunque no hay la menor duda que detrás de todas esas costumbres que las religiones nos venden como verdades de a puño hay todo un sartal de mentiras y alteraciones de las verdades históricas que hacen saltar de rabia a un verdadero estudioso serio de los viejos y recientes sucesos del mundo, no se puede negar que esa fantasía retorica fue muy linda en nuestra niñez y que hoy, viéndola disfrutada por nuestra descendencia, me reproduce un reblandecimiento de viejo sentimental que me invita, tentadoramente, a olvidarme de los hechos que efectivamente están detrás de todo esto.

Pero aunque suene fastidioso a ciertos sectores tradicionalistas de nuestra sociedad que por estos días hacen su agosto tratando de hacernos creer que la fábula fue verdad histórica y no un sugestivo mito para recrear la imaginación de los hombres, creo conveniente recordarle a usted y a mis hipotético lectores, alguna verdades de a puño que ni siquiera los teólogos más serios serían capaces de negar. Teniendo que empezar por decir que fue en el Concilio Primero de Nicea, realizado entre el 20 de mayo al 25 de julio del año 325 d.c., donde se empezó a urdir todo el entramado de la supuesta divinidad del Hijo de Dios, Jesucristo, cuando el conclave presidido por el Obispo Osio de Córdoba, en representación del Papa, formula la primera parte de lo que los teólogos cristianos llaman el Símbolo de Fe, mas vulgarmente conocido como el Credo Niceno.

“Fue en el Concilio Primero de Nicea, realizado entre el 20 de mayo al 25 de julio del año 325 d.c., cuando se empezó a urdir todo el entramado de la supuesta divinidad del Hijo de Dios”.  

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El Concilio de Nicea está considerado como el primer concilio ecuménico de la Historia. Tuvo lugar en la ciudad de Nicea en Asia Menor, y allí por supuesta “inspiración del Espíritu Santo”, se tramo toda la teología del mesianismo cristiano que ha llegado hasta nuestros días…

Pero ¡ojo señor director!, porque estamos hablando del año 325 después de que supuestamente hubieran ocurrido los hechos que los incautos de ahora dan como verdad histórica de los primeros años de nuestra era. Tres siglos son una frijolera de tiempo para hablar con supuesta autoridad de lo que hipotéticamente ocurrido 300 y más años atrás, pero también son suficientes años  para vender un cuento reforzado sin que nadie pudiera refutar con argumentos ciertos –sobre todo en esos instantes  de oscura dictadura eclesiástica – a tan avezados rufianes. Entre otras muchas cosas porque quienes hemos estudiado un poco el judaísmo de la época de la dominación romana a los israelitas – y también las tradiciones y las costumbres que los historiadores serios nos dan de esas lejanas épocas – sabemos que quien por los primeros años de la ahora denominada era cristiana se hubiera tomado el atrevimiento ilógico de presentarse como hijo de Dios, no habría durado vivo ni siquiera un minuto. Porque eso hubiera sido considerado por la tradición rabínica del primer siglo de nuestra era y todas las gentes del contorno la más grande herejía y locura para esa cultura, cultura y tradición que  no se andaban con romanticismos pendejos cuando de defender sus creencias  se trataba.

“Quien por aquellos años se hubiera tomado el atrevimiento absurdo de presentarse como hijo de Dios, no habría durado vivo ni siquiera un minuto…”

Pero  se tendrían que esperar algunos buenos años más, hasta el 431 de nuestra era, para que los genios del Concilio de Éfeso, convocado por el Emperador Romano de Oriente – Teodosio II – y presidido por el Patriarca de Alejandría, Cirilo, dijeran que Jesucristo era la palabra encarnada de Dios. Además es hasta este cuarto siglo largo después del primer Concilio de Nicea, cuando los genios “conciliares” se inventan a María como la “Madre de Dios”. Invento que en rigurosa exegesis teológica es la más grande estupidez que se pueda expresar, porque si el tal Dios lo es realmente no puede tener madre ya que, entonces, habría tenido  principio y, en consecuencia, también fin. Y por el más simple, elemental y tonto silogismo, no podría ser, bajo ninguna circunstancia, Dios.

Y para no hacer tan largo el recuento, digamos que es en el año 553 dc., en el Concilio Segundo de Constantinopla, convocada por el Papa Virgilio, cuando se inventaron el espectacular mito de la maternidad divina de María, o sea que concibió sin dejar de ser virgen ni conocer hombre, lo que vino a redondear el temita de  la Natividad que justamente celebramos todos los 25 de diciembre recientes. Natividad y Virgen que han sido tan hábilmente explotado por la Iglesia Católica, pero sobre todo por los Jesuitas, que encontraron en el cuento Mariano un filón de oro para detonar económicamente a los ignorantes y embaucar a los tontos.

 “…es en el año 553 de nuestra era, en el Concilio Segundo de Constantinopla, convocada por el Papa Virgilio, cuando se inventaron el espectacular mito de la maternidad divina de María…”     

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Es el Concilio Segundo de Constantinopla el que impone la creencia de la concepción virginal de María, lo que para la tradición rabínica de los primeros años de nuestra era, donde supuestamente se hubieron de desarrollar estos hechos, habría sido considera la más terrible expresión de herejía, merecedora, sin lugar a dudas, a la lapidación…

Es el Concilio Segundo de Constantinopla el que impone la creencia de la concepción virginal de María, lo que para la tradición rabínica de los primeros años de nuestra era, donde supuestamente se hubieron de desarrollar estos hechos, habría sido considera la más terrible expresión de sacrilegio, una forma de la más burda brujería, merecedora, sin lugar a dudas, a la lapidación…

Pero mire bien señor director, porque las sorpresas para los ingenuos creyentes de hoy en día no paran ahí, ya que no siempre la tal natividad se celebró el 25 de diciembre.  Esta fecha se debe a una habilidosa jugada del Emperador Constantino, quien luego de declarar al catolicismo como la religión del imperio – cosa que le beneficiaba políticamente – quiso unificar la principal celebración de los cristianos con la de su propio Imperio que, el 25 de diciembre, alababan el nacimiento del dios solar Mithra, por lo que si alguien quiere ver detrás de todas estas acomodaciones un poco de paganismo, no está del todo desacertado.

Si mis pacientes lectores quisieran saber el origen del pesebre, tan de moda por estos años modernos, hay que decirles que este fue un invento de un monje medio “colino” que presumía de hablar con la luna y los animales a quienes llamaba “hermano” o “hermana” según su género, y que posiblemente pesco sus alucinaciones de consumir alguna hierba rara en los pueblos y praderas de Italia, por donde deambulaba como un verdadero monje mendigante. Francisco de Asís, que así se llenaba nuestro curioso personaje, con sus inclinaciones por las cosas de la naturaleza, le dio por imaginar –a él y solo él – que Jesús debió nacer en una pesebrera, rodeado de una burra y un buey, y así lo represento en el primer pesebre –nombre que deviene de pesebrera – en la localidad de Greccio, en Italia, en el muy reciente año de 1.223.

 “…le dio por imaginar – a él y solo él, Francisco de Asis – que Jesús debió nacer en una pesebrera, rodeado de una burra y un buey, y así lo represento en el primer pesebre –nombre que deviene de pesebrera – en la localidad de Greccio, en Italia, en el reciente año de 1.223”.    

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La tradición del pesebre que nos hacen presumir alegremente que es una imagen fiel de lo que supuestamente sucedió en la hipotética llegada del niño Jesús a la tierra, es realmente un invento presentado en la localidad de Greccio, en Italia, en el muy reciente año 1.223 por el del monje Francisco de Asís.

Otro invento ficticio de esta fábula preciosa de la navidad es el del supuesto Nazaret donde se hubiera desarrollado buena parte de la trama de la natividad. Citando un texto de la seria página experta en estas materias, jesusneverexisted.com, luego del título, “Nunca oí de tal lugar”, Josefo, se pueden leer estas esclarecedoras afirmaciones: “En sus historias, Josefo tiene mucho que decir acerca de Galilea (un área de solo 900 millas cuadradas). Durante la primera guerra Judía, mas o menos por los años 60 AD, Josefo dirigió una campaña militar a través del pequeña provincia. Menciona 45 ciudades y aldea –  pero Nazaret no está incluida. Tiene Josefo, sin embargo, algo que decir acerca de Japha (Yafa o Yaphia), donde él mismo vivió por un tiempo, aldea situada a solo una milla al suroeste de  la supuesta Nazaret. Antes de la primera guerra judía, Japha tenía un tamaño mediano. Sabemos que poseía una sinagoga, destruida por los romanos (Revue Biblique 1921, 434f). En esa guerra los habitantes fueron masacrados (Guerras 3.7.31). Josefo reportó que fueron 15.000 los muertos por las tropas de Trajano.  Los sobrevivientes – 2130 mujeres y niños – fueron llevados en cautividad. Una  ciudad activa fue completa y definitivamente exterminada. Ahora, ¿dónde enterraron  los sobrevivientes de Japha a sus muertos? En las tumbas valle arriba, donde entonces había espacio, ¡en el sitio del futuro  Nazaret! A la completa destrucción de Japha, el uso para  tumbas habría sido imposible en dicho sitio si ésta localidad o ciudad hubiera existido. La anónima necrópolis yace hoy en día bajo la moderna – y comercial – ciudad de Nazaret. Posteriormente – según lo indican hallazgos de cerámica – el sitio del supuesto Nazaret fue ocupado de nuevo. Esto ocurrió después de la revuelta  de Bar Kochba  y el éxodo generalizad de los judíos de Judea y Galilea”.

Luego si muchos de nuestros lectores, como lo deben creer mis queridos nietos, bisnietos y tataranietos, suponen que los hechos que por estas fechas celebramos con tanta parafernalia sucedieron tal y como se nos presentan desde los púlpitos hoy por hoy, están bien pero bien despistado. Porque en rigor científico, ni siquiera la existencia del Jesús histórico se ha podido demostrar, como por supuesto nadie presumiría  en demostrar la existencia física y real del Rin Rin Renacuajo de las fabulas de Pombo, que tan buenas lecciones éticas le ha dejado a toda la infancia de los tiempos recientes por estos entornos latinos. Pero claro, señor director, nada de esto les diré a mis loquillos nietos, bisnietos y tataranietos, que se gozan desde el mismísimo primero de diciembre las mieles de la navidad.  Y es que el amor filial sella los labios del viejo hereje indagador, cuando de garantizar la felicidad de sus chicuelos alegres se trata. ¡Que vainas tiene la vida!

Con afecto:

DON CLÍMACO.