Editorial

A TODO SEÑOR TODO HONOR…

Por Wilfredo Sierra Moreno.

img_20160507_161718Independiente de las mil y una diferencias que tengo personalmente con el gobierno de Juan Manuel Santos, hay que reconocer, sin hipocresías maledicentes, que el hoy señor Presidente de la República se jugó todo su patrimonio político desde el inicio de su gobierno por la paz y un acuerdo con todos los grupos guerrilleros de este país, y eso le hace más que merecedor, a mi juicio, del Nobel de la Paz que le han entregado.

Que esto no deja contento a todos los colombianos es mucho más que explicable en una nación que no tienen la altura suficiente para reconocer la virtud y los logros de sus contradictores, y yo que desde estas humildes líneas he sido implacable contra el gobierno Santos en cuanto a la posibilidad real de conseguir todo el dinero que un pos conflicto serio requeriría, no tengo ningún rubor en quitarme el sombrero e inclinarme ante el justo reconocimiento que Santos ha merecido del alto tribunal del Nobel Universal.

Que realmente le cumpliera las FARC a este gobierno era mi duda más grande desde que este proceso empezó, sobre todo teniendo en cuenta todos  los gobiernos anteriores a los que este movimiento guerrillero les bailo irónicamente delante de sus narices, sin concretar nada… Pero no, Santos y su equipo de negociadores con la paciencia de un tejedor tranquilo de la más grande tarraya del mundo, fueron logrando hacer a Timochenko y compañía más de este lado de la empresa de la reconciliación nacional. Más aún que muchos de los supuestos respingados y multimillonarios dueños de empresas nacionales que, con dinero circulando por debajo de la mesa, propiciaron una campaña publicitaria sucia –asquerosa diría yo – para intimidar a la opinión pública y propiciar la victoria del no.

Como perfectamente reza el dicho, a todo señor todo honor: Juan Manuel Santos tiene más que merecido el reconocimiento, y todo ese bochinche de esos desadaptados mentales de la seudo izquierda colombiana no hace sino confirmar el hecho de que en los extremos de la escala social que compone este pobre país, no hay sino mentes torcidas que juegan a lo que sea con tal de no reconocer un logro del contradictor.

Repito, estoy hablando de su persistencia por lograr la paz de este país, pero reitero que estoy muy distante de su política económica que nos tiene en unos límites de crisis productivas, financiera y social total, de los cuales no va a ser tan fácil salir. Que la consecución del Nobel de Paz sirva para salvar el proceso que fue derrotado por la votación ciudadana, está por verse. Lo de la plática de las grandes empresas nacionales para hacer una campaña sucia contra el sí, muestra de que catadura está hecha buena parte de la oligarquía financiero y social colombiana, que son capaces de vender hasta a la madre con tal de salirse con la suya.

Las propuestas del Uribismo para supuestamente “ajustar” el acuerdo, tiene más de estrategia de dilación y juego sucio que cualquier otra cosa. Ir con el diablo a misa como que no rima. Y fuera del refresco del Nobel, pienso que nuestro señor Presidente está teniendo largas noches sin sueño. Aun y que, hay que reconocerlo, las FARC han actuado en estas horas de crisis  con una madures impresionante. Pero todo tiempo de receso termina y al  final hay que volver a la realidad. Mientras tanto que bueno fuera que la mayoría de los ciudadanos optáramos por no consumir y usar los servicios de esas “grandes empresas” que giraron un dinero sucio para engañar la conciencia nacional. Mal vale importado transparente que nacional “traqueto”.

¿DESCONCERTANTES LOS RESULTADOS DEL PLEBISCITO?

Por Wilfredo Sierra Moreno.   

img_20160507_161718Uno debería empezar un análisis de los fenómenos políticos y sociales con las preguntas más elementales que se puedan hacer para entrar, en terreno serio, en la postulación de conclusiones del ejercicio de reflexión. Si en cualquier parte del mundo y a una persona cuerda se  le  pregunta ¿qué puede pasar cuando hoy dos preguntas para resolver un gran dilema nacional, o social, o económico, el SI o el No? Pues que cualquiera de una de las dos puede ganar dependiendo de la percepción del fenómeno o el problema en general que tenga la ciudadanía que va a participar en ese sondeo, o apuesta, diría cualquier ser cuerdo de otra patria…

Pues aquí, en este país, no, porque se suponía –como en muchas otras ocasiones paso- que la alternativa del gobierno tenía que ganar – sí o sí – sobre todo cuando tenía a su favor todo el poder político, económico o social, y además  cuando los grandes medios de comunicación –que tristeza – y los supuestos desconcertante columnistas de El Tiempo, El Espectador, Semana, etc., etc., estaban arrodillados vergonzantemente a la apuesta del gobierno sin ningún desparpajo, y creyendo que ésta era pelea de tigre con burro amarrado.

Y el problema no fue, ni es, ni será, la negociación con las FARC. Porque esta negociación es un imperativo nacional para la tranquilidad general del país. Pero la forma arrogante, muchas veces subrepticia como se llevó a cabo la negociación,  en donde  en los últimos días se entregaron los textos de un mamotreto que era realmente  difícil de asimilar por todo lo contenido allí, fueron factores que alejaron al ciudadano común y corriente, no comprometido con ninguna cauda personalista, de un acercamiento por lo menos amigable al SI.

Lo que confirmaría, como sucedió con algunos resultados electorales en las últimas jornadas políticas de la nación, que la gente del común de ésta patria nuestra,  ya no le come cuento a esa forma de decir y hacer las cosas a través de grandes despliegues publicitarios y periodísticos que, aunque impresionan, no dejan ver el bosque completo de lo que está en juego. El tiempo del pueblo taimado paso hace tiempo, y hoy por hoy, hasta el más lejano campesino, con transistor al oído, va tomando conciencia cierta de lo que pasa en la nación.

Como lo prometí en estas líneas, vote por el SI para estar en paz con mi conciencia, pero nunca creí ni creo que el estado y en particularmente el gobierno de Juan Manuel Santos tenia  -ni tanga- los recursos jurídicos, políticos y sobre todo económicas para cumplir con todo un rosario de promesas que parecía destinadas a construir, artificialmente, un paraíso terrenal. Unas promesas faraónicas a granel,  mientras por otro parte el Ministro de Hacienda y el propio Presidente, nos amenazan con una Reforma Tributaria en la que aseguran que nos sacaran sangre hasta del mismo fundillo. No fue,  ciertamente, esa  una pedagogía inteligente para ganar simpatizantes.

Pero además hay que entender meridianamente que el país no quiera y en el fondo no le perdona a las FARC todo lo que han hecho con este pueblo. Sí, que hay que tragarse sapos para hacer la paz, es cierto. Pero las fotos arrogantes de los guerrilleros de las últimas semanas,  semejando a los revolucionarios cubanos cuando se tomaron el cuartel Moncada, con el mensaje subliminal de “nos tomamos el poder por un golpe de plebiscito”, no le hizo mucho favor a la imagen de un grupo insurgente y ahora supuestamente partido político, que debería estar seriamente empeñado en  ganar con sus actos más amigos que enemigos.

Por supuesto no todo está perdido y de por medio surge el papel protagónico que en todo este proceso tiene de ahora en adelanta el  Uribismo y su desconcertante jefe, en ese triángulo amoroso que se propone  para salvar el proceso. Pero no hay que olvidar señores que, la arrogancia de Uribe no tiene límites, y ahora con las ínfulas del ganador, la cosa va a ser más difícil. En sus primeras declaraciones dijo que ellos también querían paz, que deseaban que se escucharan sus razones, y se mostró algo condescendiente. Pero yo que te conozco mosco, veo que aunque teniendo razón en muchos de sus reclamos a los acuerdos logrados con el gobierno, sé que el buen domador de caballos es diestro –y bien diestro- en apretar las espuelas.

Esperemos a ver qué pasa por el camino, aunque las cosas no es  precisamente que se vean  color de rosa. Los días irán diciendo si, como mostraba ayer la cara de los santistas perdedores, llegó el juicio final.   Pero señores,  no tienen por qué hacer tanta alharaca cuando se apuesta a algo, porque igualmente se puede ganar o perder. Y aprender a perder es una lección que es muy pero muy dolorosa ciertamente. De lo que debería saber mucho el diestro jugador de póker que es nuestro Presidente de la Republica.

“LOS DE ARRIBA” Y “LOS DE ABAJO”: LAS IMPRECISAS ACEPCIONES DE CULTURA

natalia“Yo soy como soy y tú eres como eres, construyamos un mundo donde yo pueda ser yo sin dejar de ser yo, donde tú puedas ser tú sin dejar de ser tú, y donde ni yo ni tú obliguemos al otro a ser como yo o como tú.” Subcomandante Insurgente Marcos

Por: Natalia Estefanía Lizarazo Farfán

Cuentan los sabios más viejos entre los viejos, los que conocen las historias de los que nacieron el mundo, que hay un ligero espacio en el que la oscuridad y la luz se encuentran y apenas si se tocan por un instante, instante que supone a ambos desnudarse de su rigor de cuartel y su miedo casi quebrantable, para permitirse coexistir por un rato. Los ancianos sabios dicen que a aquel momento que destruye al oxí-moron y posterga la vida y la muerte, se le conoce como madrugada.

Y cuentan también, que en aquel diminuto momento dejan de existir los muros y los abismos para que el otro diferente pueda surgir sin que las identidades se vean afectadas. Así como en todas las historias, su veracidad será cuestionada y habrá quienes quieran clasificarla en el tambaleante y osco criterio de “falso” y “verdadero”; para mi suerte, a la cuestión que da vida al presente texto, no le importa ni lo uno ni lo otro.

Desde hace un tiempo, he querido pensar en la luz y la oscuridad como el símil perfecto para periodismo y cultura respectivamente, no precisamente porque su significado o connotación se le asemejen, sino porque así como los sabios más viejos entre los viejos aseguran, milita un ligero punto donde convergen, donde las barreras que histórica y erróneamente se han trazado entre ambos, dejan de existir momentáneamente. Pero entonces surgen las dudas y los inevitables cuestionamientos sobre tan mínimo punto de confluencia, los por qué, acompañados de infinidad de cómo, y más importante aún; -desde- cuándo.

¿Por qué a la cultura se le ha destinado el tenebroso papel de pertenecer más a “los de arriba” que a “los de abajo”? ¿Quién lo ha permitido? ¿Es posible culpar al periodismo? Pero si auténticamente la cultura es un elemento inherente al ser humano, que en sí misma define las formas de comprender a sociedades enteras, ¿desde cuándo se creó semejante brecha? Ya lo dijo Alessandro Baricco; los saqueos de “los de arriba” (casi siempre autoproclamándose en tremenda posición), de las costumbres más legítimas de -los que esos mismos de arriba decidieron denominar a- “los de abajo”, y sus invasivas costumbres que distan tanto de las nuestras, han sido factor determinante para crear la gran escisión entre cultura/igualdad (o “de todos”), pues ello supone un cambio innecesario en las costumbres y una imposición absurda de prácticas que ni siquiera son tan prácticas.

Así las costumbres empiezan a danzar el baile absurdo de la separación de lo que se conoce como cultura, y la cultura se abre paso en sus andanzas por una escurridiza conceptualización que la clasifica (gracias a “los de arriba” y sus lógicas capitalistas) y la envasa (léase también enlata, encuaderna y similares), le pinta un –no muy estéticocódigo de barras, y le impone un precio, que por cierto dista abismalmente de la connotación de “valor”, para así distribuirla de acuerdo a los criterios del mercado. Y entonces esa sombría e inclaudicable máquina de destrucción masiva llamada “capitalismo”, decide denominar “arte” a todo aquello que se produce en grandes y exclusivas galerías, en talleres amplios con capital humano altamente calificado, y define “artesanía” como lo que se produce en los pueblos y en calles que pareciesen clandestinas, y por si fuera poco, hace llamar “cultos” a quienes acceden a su definición de “arte” e “incultos” a los que no.

Lo advirtió Mario Vargas Llosa, cuando expresó en su discurso de aceptación del Premio Nobel de Literatura, su temor al considerar el oficio de escribir como un “lujo solipsista”, pues había nacido y crecido en un país donde “la cultura era un privilegio de pocos”, haciendo cada vez más visible el símil que propuse con la oscuridad que reflejaron los sabios más viejos entre los viejos. Curiosamente, estos individuos “de arriba”, los que se pueden costear sus propias definiciones de arte, no precisamente pretenden salvaguardar la cultura o aprender más de ella, pues en su más sentido – ilógicamente- mercantil, poseer arte es poseer bienes materiales que están al acecho del mercado para subir de precio a como dé lugar y ser intercambiados por otros que no pueden ser más que “de arriba”.

Por otro lado (aunque si se le mira cuidadosamente, no es otro lado, sólo una pequeña ramificación del mismo), el periodismo, que ha sido determinante en este asunto de la cultura y sus deficiencias, no ha concebido un ambiente alentador al respecto, pues ha caído en la misma trampa del mercado que bien ha sabido disfrazar el capitalismo: empobrecer la cultura y reducirla a una desatinada asociación riqueza-arte, haciéndole creer a las audiencias, primero; que la riqueza (entendida como dinero) permite “costear” el arte, y segundo; banalizar las formas de cultura a simples elementos pertenecientes al espectáculo. Gabriel Zaid lo expresa: “[En la prensa] aparecieron el amarillismo, las fotos y los textos para el lector que tiene capacidad de compra, pero lee poco (…), la cultura, que dio origen al periodismo, vuelve al periodismo por la puerta de atrás: como fuente de noticias de interés secundario, del mismo tipo que los espectáculos, bodas, viajes, salud, gastronomía.”

El oficio del periodismo, con su arma letal de lo “masivo”, es capaz de hacerse saber tanto por “los de arriba” como por “los de abajo”, pero sólo se ha (des)preocupado, por ampliar la brecha entre ambos, distorsionando el concepto de cultura a favor de la (i) lógica capitalista. Ya no hay –como bien lo dijo Zaid- amor por el oficio ni respeto a los lectores o a sí mismos, sólo un puñado de letras que hacen feliz a un editor, quien a su vez hace feliz a su jefe, jefe que seguramente hace aún más feliz a un pez mucho más grande, amigo íntimo del mercado.

Expresiones culturales y artísticas que han acompañado al hombre durante siglos (ejemplo de ello; la literatura) atraviesan por un estado crítico, en el que batallan para no morir humillados por la creciente “pseudo-cultura” impuesta por los bárbaros – como expresó Baricco- “de arriba” y tristemente avalada por los –aparentemente- ingenuos “de abajo”. Y es labor de quienes lo lamentamos tomar acción para detener tan atroz aniquilación, y ello se logra paso a paso, respetándonos más que como consumidores, como productores de cultura. Siendo necesario en este momento del texto buscar una forma de definir-comprender el periodismo cultural, me permito afirmar –a partir de las reflexiones anteriormente expuestas- que es posible considerarlo como un espacio de difusión, información y opinión donde convergen las máximas expresiones identitarias del individuo, que a su vez le abren camino dentro de una sociedad y le imprimen una riqueza simbólica trascendental, donde priman las sensibilidades, precisando, que así como la madrugada de nuestros queridos sabios ancianos, elimina muros y abismos, para que el otro diferente surja sin necesidad de convertirlo en un objeto puramente intercambiable, negociable, y acaso despreciable.

LA PAZ LA HACEMOS TODOS…

Por Wilfredo Sierra Moreno.   

img_20160507_161718Firmado protocolariamente el texto del acuerdo entre la guerrilla de las FARC y el gobierno nacional, hay que decir que la paz no es un problema de ellos solos,  sino de todos los componentes de esta sociedad, y que si se quisiera realmente llegar a una solución definitiva de los males que nos aquejan en las regiones,  departamentos y municipios, se debe hacer una gran esfuerzo porque los factores de desequilibrio e injusticia sean corregidos.

Bucaramanga, por ejemplo, vive un drama diario con los vendedores ambulantes que son, en esencia, hombre y mujeres que llegaron desplazados desde otras partes del país, donde la violencia fue tal que les hizo imposible continuar en sus territorios de origen. ¿Qué hacen estas gentes cuando a pesar de toda la publicidad sobre nuestras supuestas grandes condiciones como empleadores no existe realmente trabajo formalizado para todos los habitantes que ahora viven en la ciudad?

Frente a la negativa de un empleo formal lo único que queda es el rebusque y este es más expedito como vendedor ambulante. Pero ¿cuál es la respuesta a las necesidades de esta pobre gente? Persecución y garrote venteado por parte, no de la policía, sino de unos esbirros que la oficina de Espacio Público contrató y que dan rienda suelta a toda la bestialidad de que un ser humano es capaz, repartiendo garrote, patadas y trompadas, de la forma más primaria que uno puede imaginar.

Claro, del otro lado están los gremios económicos, que ciertamente pagan impuestos, presionando para que la competencia por la venta de mercancía no se quede a la entrada de sus almacenes, pero si quisiéramos hacer una vida diferente entre nosotros, conciliar seria la forma ideal de tratar de asumir este drama humano de nuestros desempleados vendedores ambulantes en la calle.

Pero los señores de los gremios, Andi, Fenalco, Cámara de Comercio, no entienden de eso porque ellos son los exponente del gran capital de las gentes de la ciudad, y el gran capital siempre ha usado la violencia y la agresión para pisotear a quienes creen inferiores, a los pobres, a los “sin clase” según ellos, a la manera de los viejos tiranos terratenientes que con látigo en mano hacían trabajar a sus esclavos.

Los gremios nos venden la idea de que son la expresión de la “sociedad civil”. Es no es cierto. Los ciudadanos comunes y corrientes no tienen medios formales de expresión. Ellos, los gremios, son  los exponentes de la oligarquía regional, a tal punto que con el gobierno departamental anterior algunos de estos señores se aliaron incondicionalmente, con los resultados que ahora tenemos de incumplimientos en obras, ejecuciones y malas cuentas como consecuencia de lo que paso entonces. De las tales “veedurías” no ha quedado nada, porque los bumangueses y ciudadanos del área metropolitana seguimos pagando un enorme  precio en demoras por incumplimientos que vienen de atrás y que nadie fue capaz de realmente  poder coto en el momento oportuno.

Si se quiere una verdadera paz hay que hacer justicia social. Pero no esa justicia social de papel, de titulares de prensa, de ruedas de prensa con los comunicadores donde las repuestas son demasiados parca y sin posibilidades de profundización.  La paz, señores, en lo regional no puede seguir siendo carrera. Por fortuna, y lo digo sin pudores, Didier Tavera está haciendo un trabajo por las regiones del departamento y el área metropolitana de Bucaramanga, en donde se ve el deseo de acercarse de verdad a las gentes para corregir tanta y tantas dificultades que tienen nuestras gentes.

Si, hagamos la paz, ganemos con el SI, pero pasemos de la carreta a los hechos. Obras son amores y no buenas razones, dice por ahí un dicho, y esto sí que es cierto cuando de lograr la reconciliación entre los diferentes sectores que componemos nuestra diversa estructura de clases que somos  la Bucaramanga y departamento de hoy se trata. Y que algunos señores dejen de hablar alegremente  en nombre de toda nuestra sociedad, a la que ellos, en plata blanca, no representan. No es, pues,  siguiendo cogiendo a patadas a los vendedores ambulantes como vamos a hacer la paz. Pobres y todo, esos señores son seres humanos y  tienen derecho a comer. Y solo una sociedad que respeta a todos y cada uno de los miembros puede hablar de reconciliación. Lo demás es un cuento chino.

Cartas de Don Clímaco: DE UN PARTIDO LIBERAL REACCIONARIO…

Señor Director:

Vivíane Morales, ¿liberal?

Me había propuesto no volver a escribirle estas cartas a usted porque su señoría ya sabe de mi manía de redactar largo y, yo no sé porque, si tiene usted todo el espacio del mundo en su página virtual, trata de ponerle cortapisas a mis prolongadas expresiones epistolares. Pero en fin, señor Sierra, el mundo está lleno de sorpresas y contradicciones inexplicables, y es eso, justamente, lo que me ha impulsado a volver a coger la pluma y dar rienda suelta a mis soberbias reprimidas.

acregh00884Usted y yo señor director militamos en el partido liberal cuando éste era, más claramente que ahora, un serio exponente de la izquierda liberal y propugnaba – a empujones contra la “godaria” que nunca ha faltado en el liberalismo colombiana – por una defensa de los intereses del pueblo y una práctica de actitudes que le dieran a esta nación una expresión de modernidad y justicia en el concierto de los pueblos.

Y digo que militábamos, en pasado, porque sé que tanto usted como yo nos hemos desencantado de esas actitudes tibias, que no son ni chicha ni limonada, gracias al cual en el seno del partido hay espacio para toda una zoología de posturas contradictorias, como –para solo referirme a dos casos en concreto- la señora Viviane Morales que en nombre del trapo rojo propugna echar atrás mediante un referendo el fallo de la Corte Constitucional que le dio vía libre a la adopción a las parejas homosexuales. Usted dijo en una de sus columnas hace algunos días que ese temita de la adopción de niños no lo atraía muchos y, la verdad, a mí tampoco. Pero pretender atravesársele a la Corte Constitucional ante uno de sus fallos más liberales de la jurisprudencia colombiana en toda su historia, es ser, no solo godo, sino reaccionarios a morir, fascista, y este solo hecho invitaría a un partido serio para que su comité de ética pensara seriamente en la expulsión de esta señora del liberalismo.

Darío Echandía – masón – puso marcha la gran reforma educativa que propuso el gobierno de Alfonso López Pumarejo

Pero no, esa mescolanza de chica, limonada, guarapo, cerveza, whisky y beatería encubierta que es la suma del liberalismo colombiano, que todavía para más descaro disque hace parte de la Internacional Socialista, da para tragarse unos sapos, esos si inexplicables. Y lo que me ha resultado más fastidioso es que ese liberalismo que nosotros conocimos hace años, cuando los machos eran machos y la palabra valía, que se caracterizó por su anticlericalismos y su militancia en la masonería sin temores, haya terminado siendo el refugio de toda una serie de sectas evangélicas ultra dogmáticas, fanáticas y tan peligrosas como los fundamentalistas religiosos del lejano oriente. ¿Liberales estas señoras y señoritos pastorcitos del billete?

Y me puse a echar memoria y  a hacer un poco de historia para recordarle a estos jefes cachiporros desteñidos de ahora, por qué los liberales de entonces eran anticlericales y masones, producto de una reacción no más que natural frente a la acción incendiaria de los curas quienes, apoyando a los conservadores de entonces, decían que matar liberales no era pecado, porque los liberales eran la encarnación misma del diablo. Tan estúpidas afirmaciones –violencia verbal – fue como en el caso se la actitud de la Curia Roma en contra los judíos en su tiempo, un acicate para que las vidas de los liberales valiera poco menos que una colombina de a centavo de esa época.

José Hilario López goberno en 1849. Liberal y masón, expulsó a los Jesuitas del territorio colombiano.

Citando un texto del investigador norteamericano Tomas J. Williford – han sido los extranjeros más independientes en los estudios históricos que esa “cochada” de viejos gaga que posan de tal en las empenachadas Academias de Historia – leemos que “en Colombia el anticlericalismo de los gobiernos liberales comenzó con la administración de José Hilario López en 1849. Masón activo, López fue responsable de la expulsión de los Jesuitas del territorio colombiano e intento separar a la iglesia del estado mediante otras leyes”. Entre los políticos colombianos, masones activos de mediados del siglo XIX, se encuentran personajes como José María Obando y José María Melo –sigue escribiendo el señor Williford- pero el más importante de ellos fue sin duda don Tomas Cipriano de Mosquera, hermano del expulsado arzobispo Manuel José Mosquera.

Dando un gran salto en las interesantes páginas del libro que cito, porque los jóvenes  – “de ahora” como dicen ciertas señoras no sé si castizamente- no son muy dados a las lecturas largas, nuestro autor refiere como cuando Olaya Herrera – masón- fue elegido Presidente en 1930,   sugirió una reforma educativa inspirada en el ejemplo del Gimnasio Moderno –de vena masónica- y por entonces dirigido por su fundador, Agustín Nieto Caballero. Las reformas propuestas por la administración de la Revolución en Marcha de Alfonso López Pumarejo (1934 – 1938) fueron defendidas y puestas en marcha por el masón Darío Echandía, su Ministro de Educación.

La relación entre la actitud laicista, el libre pensamiento, la masonería y la educación marca definitivamente el derrotero ideológico de lo que fue nuestro viejo partido liberal, y cuando uno va en contra de los principios básicos e históricos de lo que una colectividad ha marcado se es, sencillamente señor director, un traidor. Por eso no resulta desde ningún punto de vista justificable que la bancada liberal le haya ofrecido sus votos de respaldo  a la absurda y contra lógica propuesta de  la señora Viviane Morales. Ahora bien, la transversalidad que la educación en la postura histórica del verdadero partido liberal, hace que la actitud de la Ministra de Educación, Yina Parodi, tenga una trascendencia ideológica  fundamental, pero, oh desgracia, los desteñidos cachiporros en el parlamente y en la administración no se han dado cuente o han preferido hacerse los pendejos frente a la arremetida que la luchadora y valiente mujer ha recibido de toda la caverna política nacional.

La señora Piedad Córdoba que muy bien en el nuevo partido de las FARC. ¿Pero liberal?

Pues la señora Vivian Morales no es de pensamiento político liberal –así se ponga todos los lindos vestidos rojos que quiera-, como no es liberal la señora Piedad Córdoba. Ser de un partido liberal de izquierda es una cosa, pero ser tan emocionalmente partidaria de la Revolución Bolivariana de Chávez y ahora de Maduro, como tan afecta al accionar de las FARC desde hace tiempo, es otra cosa. Y que bueno sería que ahora que las FARC se van a constituir en partido político, doña Piedad reciba en carnet 001 de esa colectividad y ojala vuelva a ser Senadora en nombre de ellos. Pero citando una vez más la enrevesada premisa de mi querida abuela, “una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa”.

Claro que con el ejercito de camaleones que hay en lo que llaman el partido liberal -de ahora- uno termina perdiendo la identificación entre una cosa y la otra. Y como esos señores no tienen la entereza de nuestros líderes de antaño,  no se puede pedirles que recapaciten para enterrar el monstruoso adefesio de la señora Morales. Ah y en cuanto a los masones, como dicen las gentecitas del común por ahí, no es cierto que tienen pacto con el diablo, comen gato en sus reuniones y son ateos. Entre los pocos ateos de la masonería santandereana está usted señor director, y sé que le toca pisar pasito, porque parece ser cierto que la única diferencia entre los masones y el resto de los católicos es que ellos van a misa a las 5 de la mañana para que nadie los vea, y los otros van a las 7 de la mañana para que toda la feligresía noten, con regocijo, su presencia.  Y como dicen las camanduleras pero tan lindas viejecitas  católicas, no crean que es cierto que los masones y los ateos se van para el infierno. Aunque si uno hiciera caso a todo lo que se escucha en la calle, sería mejor ir al infierno, ya que se supone que allá están todas “las mujeres malas”, que en últimas son las verdaderamente “buenas”…

Cordialmente:

DON CLÍMACO.  

DESARMANDO LOS ESPÍRITUS…

Por Wilfredo Sierra Moreno.

img_20160507_161718Si algo ha resultado realmente bien contradictorio y desconcertante en estos cortos días que se han tenido para hacer el debate público sobre la votación por los acuerdos de La Habana –yo diría más bien un remedo de debate – ha sido el ambiente de pugnacidad que ha tomado la controversia en las diferentes esferas donde se ha dado, sean ellas plazas públicas, universidades, medios masivos de comunicación e inclusive –y sobre todo habría que apuntalar – en las redes sociales.

Los insultos van y vienen y los madrazos son el pan nuestro de cada uno de estos días, sin importar el estrato y la condición académica de quienes de tranzan en una guerra verbal para tratar de defender o atacar una paz hipotética. En alguno de los grupos de WatsApp, compuesto por comunicadores y supuesto líderes sociales y políticos, los niveles de adrenalina han llegado a tal punto que la verdad no se distancian mucho de una garrotera de verduleras.

La pregunta es, ¿si eso se da a un nivel que se supone esta mediado por un nivel intelectual y educativo alto, que se puede esperar de las confrontaciones entre estratos en donde la cultura y la paciencia no son precisamente la virtud predominante? Y he tenido que llegar a la conclusión que me chocaba mucho – de algún pensador oriental – pero que ahora la veo meridianamente clara delante de mis narices… Y es que mientras no se desarmen los espíritus, los estados de ánimo,  la animalidad primaria de una sociedad, en bien difícil hablar, practicar y vivir en paz.

Sobre todo cuando a despecho de las frases hipócritas de los “manejadores” de opinión de nuestro entorno, el proceso de paz si se volvió un hecho político en donde los dos grandes caciques de esta patria de indios bien vestidos, se disputan descaradamente el dominio total de las tribu nacionales. Quienes durante muchos años hemos manejado medios de comunicación o hemos tenido que vivir en el área de  la información,  sabemos de lo que son las falacias de algunos discursos teóricamente muy altruistas que, entre líneas, llevan un letal veneno contra su contendor.

Pero me sorprende, y lo digo con una verdadera triste sorpresa, el nivel de agresividad e intolerancia que veo en todos los estratos de la sociedad colombiana, incluida una iglesia católica y unos grupos de protestantes fariseos que como vulgares mercaderes del templo están buscando pescar en rió revuelto. Que se firme un papel que prometa lo humano y lo divino es lo de menos. Que realmente se cumpla todo lo que se dice en ese papel es otro cuento.

Y para que se cumpliera tendríamos que tener los espíritus realmente desarmados, domeñada la instintividad primaria, desarrollada una verdadera generosidad…  Y no esa caridad de nuestros ricos raizales que dan con arrogancia, buscando demostrar con ese gesto su superioridad y, sobre todo, tratando de humillar al otro. Lo que es, en sí,  un acto de violencia.  Cuanto tendríamos que aprender de culturas como la Tibetana budista, la Hindú  con sus escuelas de filosofía trascendental y de todos esos conglomerados realmente evolucionado en el mundo, que saben que lograr esos estados evolucionados de conciencia y paz, son el fruto de muchos años de trabajo disciplinado y de meditaciones diaria. Pero por estos lados estamos muy lejos de tener esos dones que hacen que un hombre sea realmente consecuente  entre lo que piensa, habla y hace.

Yo votare por el SI, se lo he repetido a muchos de mis amigos, pero no le creo ni un décimo a las promesas que el gobierno y las FARC han impreso en ese papel. Y no voto por el NO porque no quiero darles más alas al guerrerista enfermo,  psicópata y arrogante del señor Uribe, que cree que el resto de los nacionales somos sus piones de la finca del Ubérrimo, que en su locura el cree que es todo el territorio colombiano.

Más que para los politólogos y economistas, el análisis de estos días de debates (¿?) sirven de materia prima para que los sociólogos, psicólogos y siquiatras hagan una serio estudio del estado mental de la mayoría de nosotros los nacionales. Todo un ejército de alienados andamos sueltos por las calles todos los días, y a nadie le importa. Pero bueno, es que nuestros tales gobernantes son los más locos en una nación desequilibrada.

CRÍTICA: THE BANG BANG CLUB

Por: Natalia Lizarazo

nataliaMuchas de las fotos de los sangrientos meses finales del apartheid fueron tomadas por cuatro fotógrafos conocidos como “The Bang Bang Club”, pues su voluntad de arriesgarse a la muerte les permitía obtener grandes capturas. Dos de ellos se hicieron merecedores del premio Pulitzer. Valientes, temerarios o arrogantes, no sé bien cuál palabra les describe con más precisión.

Cuatro fotógrafos, todos ellos blancos, disparan sus cámaras en medio de fuertes tensiones entre grupos de negros que se atacan unos a otros, o es lo que puede apreciarse. Pero, ¿por qué los negros ignoran en gran medida a estos blancos en medio de ellos? ¿Por qué está su atención tan concentrada en enemigos del mismo color? Los fotógrafos, en repetidas ocasiones, sólo sostienen sus cámaras, y reiterativamente dicen “¡prensa!”, como si ello fuese a resolver todo, y bueno, casi siempre lo hace.

 En 1994, la minoría blanca seguía involucrada en la lucha contra las manifestaciones de la multitud negra, pero casi todos los combates fotografiados por el Bang Bang Club eran de “negro contra negro”. El sinsabor que me dejó el hecho de no haber visto más señales del apartheid es casi similar a las enseñanzas que pudo otorgarme el filme. Cuatro fotógrafos con ínfulas de inmortalidad, buscan entre balas y sangre, capturar los mejores encuadres a toda costa, pero ¿estos cuatro hombres nunca tuvieron largas discusiones acerca de la situación de Sudáfrica y el apartheid mismo?

Estoy segura de que sí, pero no hay mucho de ello en la película. ¿Fueron sus fotos destinadas a fortalecer o debilitar el gobierno? Tampoco hay mucho de ello al respecto. A ellos, más allá de su pasión por la fotografía, les interesaba el dinero y la gloria, nutrirse de adrenalina. Para ellos, de algún modo, la realidad del apartheid fue sólo una sesión de fotos. Más tarde dos de ellos se rotarían por todo el Oriente Próximo, como quien cambia de estudio. Bueno, ese es su trabajo, su oficio y su pasión.

Sin embargo, elude la pregunta: ¿Cuál es su inversión como seres humanos? Kevin Carter toma una desgarradora fotografía. La imagen gana el Premio Pulitzer. En rueda de prensa se le pregunta qué le pasó a la chica. Él no lo sabe. ¿No se hace nada para ayudarla? No. Este es un dilema universal de los periodistas en la cara de la tragedia. ¿Cuántos de ellos ahuyentarán al buitre y socorrerán a la niña? ¿Cuántos tomarán la fotografía? La película plantea la cuestión pero no ofrece ninguna respuesta. Tal vez no la hay, o es tristemente obvia.

Pero es entonces cuando viene el sinsabor. ¿Qué enseñanza me aportaron cuatro periodistas gráficos de guerra con las caracterizaciones que he planteado? Estoy segura de que prefiero comprender una situación política y su trasfondo, y empaparme en documentación, soportando la aflicción de la distancia que me aparta del lugar de los hechos antes de vender una imagen sobre una guerra de la que no tengo seguridad de por qué inició y por qué aún no termina. Arriesgar la vida para mostrar una realidad es un acto heróico, pero cuán insolente es mostrar una realidad sin la conciencia necesaria para hacerlo, no lo sé. No siento que los cuatro fotógrafos desempeñasen la labor de un reportero de guerra adecuadamente.

No es sólo cuestión de disparar una cámara en tiempos difíciles, ni es sólo asegurarse de no morir en el intento. Digamos entonces, que la mayor enseñanza que me dejó el filme, fue justamente no repetir las acciones de los fotógrafos del Bang Bang Club, o hacerlo con deliberación, la necesaria en tiempos de guerra. The Bang Bang Club parece curiosamente ajena a Sudáfrica en su conjunto. Si esta fuera la única película sobre esa nación, quien la viese resultaría menos informado de lo que estaba antes. Sólo nos resta recordar a cuatro hombres que tuvieron algunos tiempos buenos y otros no tanto. Pero al final del día, la gran historia no era suya. Bang Bang.

JUGANDO A PREDECIR TERREMOTOS…

Por Wilfredo Sierra Moreno,

La semana pasada las redes se movieron insistentemente con los argumentos de ciudadanos comunes y corrientes que reprodujeron una nota de alguien, según la cual los recientes movimientos telúricos y terremotos en diversas partes del mundo harían prever que estábamos prontos en Suramérica, Colombia y Bucaramanga en particular a un gran terremoto. Inmediatamente, como por arte de magia salieron todos los medios de comunican tradicionales, tanto de radio, prensa y televisión a hablar de “la faraónica irresponsabilidad de los medios virtuales” al acoger viralmente este tipo de contenidos…

Aunque parezca un tema trivial, la verdad es que detrás de este hecho hay muchas cosas realmente trascendentales sobre los cuales habría que hacer un debate serio y sin el conservadurismo conceptual de los medios de comunicación tradicional que hasta ahora hemos conocido. En primer lugar hay que decir que lenta pero fatalmente – diría yo – los medios virtuales le han ido quitando el gran podio que tenía la prensa hablada, escrita y de televisión, en donde  como nuevos “papas” de las verdades reveladas reinaban sobre nuestra sociedad.

Ciertos medios como El Tiempo y la familias Santos en su tiempo, El Espectador y los Cano, Vanguardia Liberal y los Galvis y el Frente con sus varios dueños pero ahora bajo la batuta de Rafael Serrano, no solo informaban sino también desinformaban de acuerdo a sus intereses políticos y económicos, y ponían y quitaban prestigios –aun lo hacen – de acuerdo a su regalada gana, o sus interés de partido, de familia o de plata. Las verdades infalibles de algunos medios son como las de los Papas, Obispos y ahora pastores evangélicos, que mueven la “voluntad su dios” –yo siempre lo escribo en minúscula el “dios” porque no creo en él – de acuerdo a sus particulares intereses.

Y eso era factible porque lo que eufemísticamente han denominado la “sociedad civil” no tenía medios de expresar sus particulares quereres y debía de ser “interpretada” por una minoría de “iluminados del altísimo”, porque lo que ellos escribieran o dijeran era la última verdad. Pero de un tiempo para acá, con la mayor culturización del común de nuestras gestes, las mayorías comenzaron a entender que sus “voceros” de la prensa, sobre todo los dueños de medios, eran unos jodidos que a pesar de todo lo que les duela, por debajo de la mesa negociada adhesiones y promociones de manera poco clara, con las mismas prácticas que criticaban a ciertos políticos y a otros no.

Ah, pero llego el Internet y los medios virtuales, y entonces las gentes del común tuvieron herramientas como Facebook, Twitter y muchos otros en los que sus opiniones podían ser leídas, así fuera por dos o tres gatos, después por  diez y luego por cientos, hasta el punto de existir cibernautas que gracia a su talento y recursos puede tener diariamente millones de lectores al día, a lo que no pueden aspirar los medios de papel, por lo que desde  los diarios más duros del mundo,  tuvieron que ir transfiriendo su modo de información a lo virtual, para mantener la audiencia.

Ahora bien, que ellos fueran los dueños de “la responsabilidad” informativa y “la verdad revelada” está más que revaluado a lo largo de la tortuosa vida política, económica y social, pero sobre eso no me voy a extender.  Volvamos al inicio del cuento: ¿estaban muy apartados de las posibilidades de un evento sísmico los autores de la nota que indigno a nuestros papas informativos? Lo cierto es que un ciudadano medianamente educado, universitario, bachiller, y aun no académicamente formado, sabe que estamos sobre una mole de tierra que es viva, que se reacomoda constantemente y que produce temblores leves, medianos, fuertes y muy fuertes, según sus placas tectónicas se van acondicionando. Que en las últimas semanas ha habido una serie de eventos telúricos muy graves es ciertos, y el no muy tonto sabe que hay unas interconexiones al interior de la tierra, tierra que esta constituida de muchas placas, y que existen fallas geológicas que se pueden activar de un momento a otro. ¿Es estúpido, alucinado, loco, irresponsable, sospechar que cualquier día el cuento del terremoto nos toque a nosotros?

Pues bien, el día que más circulo el Internet el artículo de marras templo fuertemente en el país, con un movimiento superficial que tuvo su origen en Antioquia, Por lo menos tres sismos más, además del de magnitud 6,1 que ocurrió a las 8:58 de ese martes con epicentro en Mutatá que se sintió en varios departamentos del país, tuvieron origen en Antioquia en las horas de ese día. “Coincidiendo”, dice medio folclóricamente el diario El Colombiano de Medellín con la “falsa cadena de WhatsApp” que corrieron ese día. ¿Se dan cuenta de la escala de valoración de los semidioses de El Colombiano? Para un observador desprevenido los WhatsApp tenían una parte de razón aunque no toda, porque no se presenta un terremoto, lo que en últimas no dependió ni depende de ningún pinche mortal sino de las condiciones físicas y hasta químicas de la zona en que se dio – y se da- el ajunte de placas tectónicas.

Yo no quiero terminar estas líneas que me ganarán mil y una animadversión sin afirmar contundentemente que quienes promueven irresponsablemente la idea de la ciudad de Bucaramanga como la gran ciudad de Colombia del futuro y le meten duro pero bien duro a una construcción desaforada sobre nuestro suelo, nos están vendiendo verdades a medios y no han medido bien los riesgos de sobrecargar el peso del piso de una planicie que tiene mil y un problemas de fallas de superficie que en alguna oportunidad Vanguardia Liberal resumió de esta forma:

Los factores de riesgo de Bucaramanga: 1. Tres fallas sísmicas que afectan a Bucaramanga y su área metropolitana: Santa Marta, Río Suárez y Bucaramanga. 2. Cercanía con el nido sísmico de La Mesa de Los Santos. 3 Erosión y problemas ambientales que propician deslizamientos. 4 Las fuertes temporadas invernales que favorecen el desbordamiento de los ríos. 5. Falta de capacitación y preparación de la ciudadanía en general para atender una situación de emergencia.

Sé que no demorara mi querido amigo director de uno de los grandes medios de comunicación de la ciudad y profesor de periodismo – además – en llamarme a decirme que soy un irresponsable al decir lo que digo en esta columna. Él sabe, no sé porque carajo don, que un terremoto nunca va a suceder en Bucaramanga. Pero yo hablo en funsión de la misma lógica elemental de los autores del supuestamente falso WhatsApp, y mis preocupaciones sobre mi ciudad además tienen bases científicas. Y no hablo en nombre de una fe de carbonero, ni en defensa de los constructores que se están ganando miles de millones de pesos en esta ciudad, y claro, sin los pergaminos que la hipotética oligarquía e ilustración bumanguesa piden para justificar algunos analices.

Y termino diciendo, para que me den bien duro, que los simulacros de evacuación frente a un suceso telurico que se han presentado últimamente en la ciudad, no tienen ni la seriedad ni la extensión que debería tener éste ejercicio. Parece que entre nosotros se quedó definitivamente la conjugación de ese famoso verbo: Hagámonos los pingos…

CUANDO NO ES EL BURRO ES LA VACA…

Por Wilfredo Sierra Moreno.

img_20160507_161718Nunca podré olvidar la cara de angustia y de soberbia de un muy querido labriego de la finca de un amigo que nos invitaba a pasar algunos fines de semanas por los lados de El Conchal, que para expresar su impotencia ante los problemas que se le presentaban de cuando en cuando decía, con un grito reprimido, “maldita vida, cuando no es el burro es la vaca la que se joden para desgracias mía”.  Fue la primera imagen y recuerdo que se me vino a la mente cuando desprevenidamente oyendo las noticias, me informaba que a los señores del ELN les dio por decretar uno más de sus celebres paros armado de dos días…

Lo que me hizo cavilar enseguida que como al campesino de mi infancia, al señor Juan Manuel Santos no le va a quedar fácil disfrutar de las dichas de su acuerdo con el FARC, porque cuando no es una son mil problemas los que le van brotando de entre un amplio territorio que, durante muchos años, ha visto que sus necesidades más básicas no han sido resueltas, ni en el que nuestro estado se hubiera hecho respetar como tal en toda la geografía nacional. Oír hablar de soberanía a algunos Senadores y Representantes a la Cámara da verdadera grima, porque fuera de los gritos histéricos y demagógicos de estos vendedores de mentiras dentro de las instalaciones del capitolio nacional, ellos saben, perfectamente, que hay territorios vedados a su presencias y ya, desafortunadamente, como paso en el inmediato pasado, algunos no pueden ir ni siquiera a sus hermosas fincas.

Uno supondría que descargados un poco de la responsabilidad del combate con las FARC, les quedaría más fácil al ejército y a policía nacional concentrarse en la combate contra los elenos, y reducirlos fácilmente. Pero uno imaginas pendejadas que nada tienen que ver con los hechos que están detrás del tablero de lo que nos dejan ver a simple vista, y, observando los capitulos de “Bloque de Búsqueda”, cuyos desarrollos no estaban para nada muy apartados de la realidad histórica del momento, vimos cómo era desde la misma Presidencia de la República que prácticamente se castigaba y ordenaba a la policía que no hiciera nada contra Pablo Escobar. ¿Increíble cierto?

Y claro que todos ustedes se acuerdan que el Presidente de entonces era el señor Cesar Gaviria Trujillo, el mismo que ahora, ¡oh coincidencia!, es el líder de la campaña por el SI para ratificar los acuerdos de este gobierno con las FARC. Pero es que señores esto, por los tiempos de los tiempos, no cambia. Son los mismos con las mismas, incluido el mismísimo Gabino, que lleva toda una eternidad quejándose del robo de nuestro petróleo por parte de los gringos. Ojala no le hayan contado -ni se haya enterado –  de lo de Reficar, ¡porque ese sí que es un robo de robos con todas las de la ley!

Pero en últimas, si efectivamente hubiera estado, ley, autoridad y mando, no le dejaríamos ganar una sola mano a los elenos, así lo intentran de mil formas. ¿Será que podremos? Tristemente lo dudo, y esto a pesar de todo el sacrificio a que han sometido duramente tanto tiempo a nuestro ejército y policía, que mucha veces con la indiferencia inexplicable de muchos sectores de opinión y de la clase política -¡que tiene seguridad gracias a ellos! –   no reciben el reconocimiento, ni de palabras o de afecto, y los recursos  para la lucha armada; reconocimiento, palabras y recursos que bien se tienen merecidos. Ah y señor  Defensor de Pueblo,  no nos vuelva a salir con la misma tontería esa de que el paro militar de los elenos “a todas luces es violatorio de los derechos humanos y el Derecho Internacional Humanitario (DIH)”.

Sí, eso ya lo sabemos hace miles de años señor, pero decir otras mil veces la misma tonteria no arregla nada. Mejor vaya a hacerse un trasplante de cerebro a ver si de su cabecita sale alguna idea  más original. . Y señor gobierno, respalde, apoye, financie y este la lado de nuestro ejército y policía dando la palea contra los elenos que es lo que hay que hacer. O negocie, pero en serio, con un ELN, que pareciera no se impresiona mucho con los discursos que pretender ser intimidatorios –pero no logran el efecto deseado – del Presidente Santos. O se gana esta pelea en el terreno militar o se negocia en serio – como se hizo con las FARC – con el ELN. No hay  más alternativas.

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