Editorial

¿DESCONCERTANTES LOS RESULTADOS DEL PLEBISCITO?

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Por Wilfredo Sierra Moreno.   

img_20160507_161718Uno debería empezar un análisis de los fenómenos políticos y sociales con las preguntas más elementales que se puedan hacer para entrar, en terreno serio, en la postulación de conclusiones del ejercicio de reflexión. Si en cualquier parte del mundo y a una persona cuerda se  le  pregunta ¿qué puede pasar cuando hoy dos preguntas para resolver un gran dilema nacional, o social, o económico, el SI o el No? Pues que cualquiera de una de las dos puede ganar dependiendo de la percepción del fenómeno o el problema en general que tenga la ciudadanía que va a participar en ese sondeo, o apuesta, diría cualquier ser cuerdo de otra patria…

Pues aquí, en este país, no, porque se suponía –como en muchas otras ocasiones paso- que la alternativa del gobierno tenía que ganar – sí o sí – sobre todo cuando tenía a su favor todo el poder político, económico o social, y además  cuando los grandes medios de comunicación –que tristeza – y los supuestos desconcertante columnistas de El Tiempo, El Espectador, Semana, etc., etc., estaban arrodillados vergonzantemente a la apuesta del gobierno sin ningún desparpajo, y creyendo que ésta era pelea de tigre con burro amarrado.

Y el problema no fue, ni es, ni será, la negociación con las FARC. Porque esta negociación es un imperativo nacional para la tranquilidad general del país. Pero la forma arrogante, muchas veces subrepticia como se llevó a cabo la negociación,  en donde  en los últimos días se entregaron los textos de un mamotreto que era realmente  difícil de asimilar por todo lo contenido allí, fueron factores que alejaron al ciudadano común y corriente, no comprometido con ninguna cauda personalista, de un acercamiento por lo menos amigable al SI.

Lo que confirmaría, como sucedió con algunos resultados electorales en las últimas jornadas políticas de la nación, que la gente del común de ésta patria nuestra,  ya no le come cuento a esa forma de decir y hacer las cosas a través de grandes despliegues publicitarios y periodísticos que, aunque impresionan, no dejan ver el bosque completo de lo que está en juego. El tiempo del pueblo taimado paso hace tiempo, y hoy por hoy, hasta el más lejano campesino, con transistor al oído, va tomando conciencia cierta de lo que pasa en la nación.

Como lo prometí en estas líneas, vote por el SI para estar en paz con mi conciencia, pero nunca creí ni creo que el estado y en particularmente el gobierno de Juan Manuel Santos tenia  -ni tanga- los recursos jurídicos, políticos y sobre todo económicas para cumplir con todo un rosario de promesas que parecía destinadas a construir, artificialmente, un paraíso terrenal. Unas promesas faraónicas a granel,  mientras por otro parte el Ministro de Hacienda y el propio Presidente, nos amenazan con una Reforma Tributaria en la que aseguran que nos sacaran sangre hasta del mismo fundillo. No fue,  ciertamente, esa  una pedagogía inteligente para ganar simpatizantes.

Pero además hay que entender meridianamente que el país no quiera y en el fondo no le perdona a las FARC todo lo que han hecho con este pueblo. Sí, que hay que tragarse sapos para hacer la paz, es cierto. Pero las fotos arrogantes de los guerrilleros de las últimas semanas,  semejando a los revolucionarios cubanos cuando se tomaron el cuartel Moncada, con el mensaje subliminal de “nos tomamos el poder por un golpe de plebiscito”, no le hizo mucho favor a la imagen de un grupo insurgente y ahora supuestamente partido político, que debería estar seriamente empeñado en  ganar con sus actos más amigos que enemigos.

Por supuesto no todo está perdido y de por medio surge el papel protagónico que en todo este proceso tiene de ahora en adelanta el  Uribismo y su desconcertante jefe, en ese triángulo amoroso que se propone  para salvar el proceso. Pero no hay que olvidar señores que, la arrogancia de Uribe no tiene límites, y ahora con las ínfulas del ganador, la cosa va a ser más difícil. En sus primeras declaraciones dijo que ellos también querían paz, que deseaban que se escucharan sus razones, y se mostró algo condescendiente. Pero yo que te conozco mosco, veo que aunque teniendo razón en muchos de sus reclamos a los acuerdos logrados con el gobierno, sé que el buen domador de caballos es diestro –y bien diestro- en apretar las espuelas.

Esperemos a ver qué pasa por el camino, aunque las cosas no es  precisamente que se vean  color de rosa. Los días irán diciendo si, como mostraba ayer la cara de los santistas perdedores, llegó el juicio final.   Pero señores,  no tienen por qué hacer tanta alharaca cuando se apuesta a algo, porque igualmente se puede ganar o perder. Y aprender a perder es una lección que es muy pero muy dolorosa ciertamente. De lo que debería saber mucho el diestro jugador de póker que es nuestro Presidente de la Republica.