Editorial

Editorial: ADOLESCENCIA DELINCUENTE Y EMBARAZADA…

Publicidad

Por Wilfredo Sierra Moreno.

1972338_10205974735908905_5435813286741860605_n(1)Los niveles del éxito de una sociedad se mide por su capacidad de proyectar hacia el futuro y desde su juventud una posibilidad cierta de bienestar, seguridad y progreso que ubiquen a este conglomerado entre las más tranquilas de un contexto dado, pero la verdad lo que está pasando entre nosotros con nuestras infancia y adolescencia no es precisamente lo más grato que uno pueda registrar. Sobre todo porque los reportes de los organismos policiales locales nos dicen que cada vez son más y más los muchacho y casi niños que se ven comprometidos en actos de vandalismo, criminalidad y drogadicción, y esos son síntomas de que algo no muy bueno está pasando al interior de nuestras familias y entorno educativo.

Para completar el diagnostico preocupante, entidades especializadas dan cuenta de que el número de muchachitas – también casi niñas – que quedan embarazadas se ha disparado exponencialmente, y que un alto número de estas recuraren de una manera más que irresponsable al aborto para tratar de salir, de cualquier forma, del problema. Y entonces, ¿dónde están los índices ciertos de adelanto en nuestras estructuras educacionales y de los correctivos que desde los organismos encargados disque se están implementando supuestamente desde hace ya hace mucho tiempo?  Desafortunadamente frente a estos hechos tenemos que volver a machacar sobre lo mismo… Sobre todo partiendo de la dura crítica a un profesorado mediocre, no adecuadamente preparado y sin expresiones propias de testimonio para ser ejemplo de sus educandos, que se han dedicado con descaro sinigual a la huelga por todo y para todo, y que se quieren meter la plata del salario en el bolsillo simplemente por vivir en la aulas vivir silbando.

El sindicalismo del profesorado nuestro es mediocre y cretino, infectado de unas corrientes ideológicas seudo revolucionarias que realmente dan ganas de llorar, y que no quieren que el estado les exija la más mínima dosis de preparación y actualización académica para mantenerse devengando unos sueldos que no son, para nada, malos. Pero nuestros seudo sindicalistas revolucionarios de pacotilla, de unos estratos sociales y culturales que no quieren superar, tienen aún la mentalidad de los burócratas de tercera categoría, que se quieren ganar el sueldo sin hacer nada. ¿Actualizaciones científicas, académicas, conceptuales, para estar al día de los avances que la modernidad ofrece de manera vertiginosa en estos tiempos modernos, para qué?

Los chupasangres de las organizaciones profesorales quieren trabajar menos horas, tener poca o ninguna responsabilidad con el nivel académico de sus centros, no regresar a la universidad a refrescar conocimiento, pero que el sueldo les suba, ojala mensualmente, de manera vertiginosa, porque el “proletariado profesoral” merece las mismas gabelas financiera de la clase política que tanto critican pero que en el fondo tanto envidian. Por aquello de que “lo que nada nos cuesta, hagámoslo fiesta”. Frente a tanta irresponsabilidad galopante es muy difícil tener autoridad para pedir a los muchachos que asuman sus tareas formativas con más seriedad, y así, entre ferias y francachelas, contribuimos todos a la destrucción definitiva de nuestros jóvenes y niños.

Por lo demás, la estructura familiar de esos muchachos tampoco les ayuda mucho con el ejemplo y el rigor de personalidad que debería caracterizar a un hogar y una sociedad que desearía seriamente construir un futuro cierto. Y entre el alcoholismo generalizado de muchos padres de familia y la falta de tiempo de las mujeres que tienen ahora que cumplir largas y agotadoras jornadas laborales, la formación, la atención y el cariño para nuestros vástagos, la verdad, no queda tiempo. Y las consecuencias están ahí… muchachos consumidos por la drogadicción, el pandillismo y la delincuencia. Y niñas que en medio de la angustia existencial que produce un contexto que no genera muchas esperanzas, creen que la irresponsabilidad sexual y los embarazos prematuros son la solución a su estrés.

Triste el panorama, pero así es. Y mientras las condiciones estructurales de la formación de nuestros párvulos e hijos y nietos no cambien, mejores resultados no se van a ver. Lo demás es pensar con el deseo y seguir haciendo discursos efectivistas para tratar de impresionar el auditorio. Pero de esa retórica demagógica definitivamente nada serio queda…