Editorial

Editorial: AMIGO, RATÓN DEL QUESO…

Por Wilfredo Sierra Moreno.  

descarga (2)…Eso decía mi abuelita en su escepticismo por todas las cosas, para significar que amigos, amigos, realmente no hay, y que lo que supuestamente prima en el fondo es el interés que se disfraza de una solidaridad que está muy lejos de realmente serlo. Pero la verdad, andando el tiempo, uno termina encontrando en la vida uno o dos amigos que los son auténticos y con quienes se establecer vínculos de fraternidad tan fuertes, que no se pueden igualar con ninguna otra relación de vida.

Ahora que en esa moda del comercio de inventar “días” para todo, estaremos celebrando este sábado el día de la amistad, la verdad vale la pena hacer algunas consideraciones sobre esa hermosa relación en un mundo donde, cada vez más, la sinceridad y la franqueza es más escasa entre nosotros, y la tendencia vivencial de la existencia  moderna arroja a muchos seres a una soledad desesperante, que muchas veces es causa de la tristeza, el aburrimiento, la depresión y algunas veces, desafortunadamente, el suicidio.

Resulta contradictorio que en un mundo supuestamente súper interconectado, el sentimiento de soledad sea cada vez mayor entre los habitantes del planeta, y en medio de los discursos demagógicos sobre la fraternidad y el mejoramiento de las condiciones sociales de los pueblos, la angustia existencial, la desazón y el sentimiento de abandono sea tan frecuente en tantos seres humanos. Algunos sociólogos medio atrevidos se han aventurado a decir que en el fondo del crecimiento geométrico de la membresía de las iglesias cristianas y las sectas de todo tipo, hay una forma subrepticia de tratar de cubrir ese sentimiento desafortunado de no ser y no pertenecer a ningún lado.

Pero en el segmento de la juventud también los teóricos del comportamiento humano hablan de que la acentuada tendencia de los muchachos a ingresar a las pandillas juveniles está en la necesidad, no muy claramente entendida en la superficie psicológica, de tratar de llenar esa falta de calor humano, que ni siquiera los padres son capaces de dar, cuando como fruto de sus propias limitaciones de formación no pueden ser los mejores amigos de sus hijos.

¿Es mi mujer, esposa, amante o compañera, mi mejor amiga? Ahí los expertos  se encuentran con una piedra de tropiezo bien difícil de asimilar, porque no siempre, o casi nunca, las relaciones maritales y de afecto, de pareja, están sustentados en una verdadera franqueza o sinceridad. Aunque parezca una contradicción no explicable fácilmente, los profesionales en las relaciones de pareja afirman, en sus especulaciones privadas, que la mayoría de este tipo de relaciones están sustentadas en la necesidad de “aparentar” del uno hacia el otro, de intereses encubiertos no puestos francamente sobre la mesa, lo que explicaría, entre otras cosas, la poca duración hoy por hoy de las relaciones maritales.

Así pues, cuando frente a todo ese marco turbio del contexto social nosotros encontramos un amigo de verdad, ciertamente valoramos en la más alta estima ese sentimiento. Tal vez no sean sino uno o dos en la vida, paro un buen y sincero amigo es lo mejor que nos puede pasar a cada uno de nosotros en la existencia.