Editorial

Editorial: COLOMBIA Y VENEZUELA.

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Por Wilfredo Sierra Moreno.

bg_profileNo la tiene fácil el gobierno colombiano en sus relaciones con nuestros vecinos venezolanos, y a medida que las confrontación social al interior de ese país se va escalando, el lenguaje irresponsable y provocador contra las autoridades y los dirigentes políticos colombianos será va cada vez más frecuente, en un nivel ascendente que uno no sabe hasta dónde va a llegar. Los voceros de opinión sosegados recomiendan no dejarnos enredar en la pelea verbal con los seudorevolucionarios bolivarianos, pero la pregunta es, hasta que medida se puede ser indiferente a la provocación y la agresión descomedida de los vecinos de al lado.

Claro que ese tono mesurado y medio pusilánime del país no ha sido extraño a lo largo de la historia reciente colombiana, y por esa vía la nación ha perdido grandes extensiones de tierras con la misma Venezuela, Nicaragua, Brasil, Panamá etc., etc., y uno no deja de interrogarse si siguiendo así,  en los próximos 100 años Colombia no terminara reducido en extensión a las dimensiones de nuestro más pequeño departamento en este momento.

En lo que tiene que ver con lo que pasa en Venezuela, seguramente los hechos de confrontación al interior de esa nación no van a parar ahí, y en la medida que eso suceda, la vieja estrategia de buscar pleitos con los vecinos para distraer la opinión pública interna e internacional, va a estar más al orden del día en el primario y torpe Nicolas Maduro y su camarilla de gobernantes, que frente a nuestras “elegantes” posturas, querrán insultarnos y maltratarnos verbalmente más y más, en esa forma desbordada y loca que tienen los seudo dictadores para tratar de callar las críticas por su mal proceder. ¿Seguiremos entonces callados y dóciles viendo que nos insultan?

Por lo demás los efectos de lo que pasa allí no solo se ve en la situación del comercio de las regiones fronterizas venezolanas, sino en las deportaciones arbitrarias y el maltrato a colombianos que, con las excusa del paramilitarismo, son sometidos de vejámenes y sospechas sin fundamento. ¿Tiene algo cierto y serio el gobierno colombiano para decir y hacer frente a las tragedias de nuestro connacionales allende las fronteras?  Porque en circunstancias y condiciones como las actuales, un estado no se puede quedar solo en el discurso cuando ve que sus gentes son maltratadas inmisericordemente.

Así pues, en esta materia se está pasando más que de claro a castaño oscuro, y ya va siendo hora que dejemos las salidas retocadas y de forma para atemperar al auditorio, y miremos a ver si tenemos pundonor patrio y verraquera para decir, que si bien somos decentes, no somos pendejos y no nos van a arrodillar a las arbitrariedades y groserías de un gobierno que, ciertamente, no se puede calificar de decente.