Editorial

Editorial: ¡CURAS DESGRACIADOS…!

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WILFREDO2014-baja bbPor Wilfredo Sierra Moreno.

De una manera realmente ilógica, absurda, y que pretende regresarnos a las más duras épocas de la edad media y de la inquisición, los cínicos e inmorales miembros de la Conferencia Episcopal Colombiana están pretendiendo establecer un veto a Gina Parodi para que desempeñe, teóricamente, la función de Ministra de Educación. ¡Increíble! La condenable acción se ha propiciado por la supuesta intención que tuvo Parodi de expulsar a todos los sacerdotes del Sena. Intención que si bien fue ya desmentida por el capellán nacional de la institución,  Diego Luis Rendón,  aunque se hubiera presentado no justifica el abusivo y desvergonzado propósito de una jerarquía religiosa prepotente, arrogante, maldita y llena de una doble moral, que no les permite a ellos en Colombia denunciar y expulsar a los curas pederastas que con sus aberraciones sexuales destruye la vida de tantos niños inocentes.

La señora Gina Parodi no es exactamente el santo de mi devoción,  y considerándola una más de los tantos politiqueros de oficio que desgraciadamente pululan en esta nación, no creo que tenga tantos votos en Bogotá  como para que el  Presidente Santos se haya comprometido en hacer de ella una gran figura nacional.  Pero como dice una controvertida amiga mía, “una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa”.  El que la Parodi no me caiga bien no quiera decir que contra ella se justifique la acción fascista que a  lo largo de la historia  han ejercido los desgraciados curas católicas, que en una época aciaga de la vida nacional llegaron al despropósito absurdo de  afirmar que matar liberales no era pecado.

Pero claro, algunos actos desconcertantes, aparentemente inocentes, les da alas a los ensotanados. Y  así, por ejemplo, no dejo de ser triste que en su afán de conseguir votos para su reelección, al Presidente Santos le diera por pasearse con su familia por algunas iglesias católicas –pero también cristianas- y por el set televisivo de algunos programas de la jerarquía eclesiástica, afirmando con cara de santo no creíble  que él y su familia eran muy católicos, iban a misa, rasaban el rosario  y comulgaban periódicamente. ¡Patético!

En este país resulta triste que los que supuestamente son liberales, de pensamiento y militancia política, hayan perdido la esencia de esa doctrina ideológica y que en aras de contemporizar con la tendencia retardataria de amplios sectores de la opinión nacional, terminaran en la práctica siendo más godos que el mismísimo Laureano Gómez. A tal punto que un conspicuo dirigente del liberalismo, supuestamente el más izquierdista de los liberales izquierdistas de toda nuestra historia, haya corrido en algunas entrevistas a negar su pertenencia a la Masonería colombiana, pertenencia que siempre ha sido causa de orgullo y satisfacción a los verdaderos hombres de pensamiento liberal y de izquierda democrática.   Pero claro, es que en este país sí que es cierto el viejo refrán acido de nuestros abuelos de que “para godos, los liberales de mi pueblo”.

Ciertamente la vida sabe cómo hace sus cosas, porque yo, si por algún albur del destino hubiera sido director nacional del Sena, no habría  recurrido al diplomático expediente de expedir un decreto pidiéndoles a los tales “capellanes” que se fueran de la institución, sino que los hubiera sacado literalmente a patadas del Sena. Porque son una lacra que ningún bien les puede hacer a los muchachos estudiantes, pero si mucho daño, con esa mano de maricas obsesivos de que está integrado  el ejército de sacerdotes. Y no lo digo con desprecio a los muchos hombres y mujeres que tienen una forma homosexual de asumir la vida, a quienes por convicciones les tengo un gran respeto.  Pero lo que sí es muy  verraco es ser un degenerado sexual y posar a su vez de santo. Y que con esa bipolaridad enfermiza de su  desequilibrada siquis, destruyan la vida de nuestros jóvenes y niños.

Como dice el libro que ellos todos los días cargan debajo del brazo: Fariseos hipócritas, por fuera vestidos de blanco y de santidades imaginarias y por dentro tan llenos de podredumbre de muerte. Que  yo más bien  traduciría como, podredumbre de mierda…