Editorial

Editorial: DÍA DEL PERIODISTA: ¿REALMENTE PARA CELEBRAR?

Por Wilfredo Sierra Moreno.

WILFREDO SIERRA MORENOCon muchos miembros de nuestra comunidad periodística asesinados, otros tantos amenazados y en condiciones de trabajo realmente feudales, resulta cuando menos irónico hablar del día del periodismo como un día para celebrar, sino es para hacerle el juego a esa forma hipócrita de encarar las realidades sociales entre nosotros, donde no importa cuán dura sea la situación de muchos núcleos de la población, hay que hablar de alegrías y felicidades ficticias, esas que tanto le gustan a los gacetilleros tradicionalistas que, pasando delante de las angustias de su prójimo, miran para otro lado.

Resulta lacerante ver como muchos de los más connotados hombres de la prensa, la radio y la televisión santandereana han muerto en las más tristes condiciones económicas, sociales y humanas. Y otros muchos -¡realmente emblemáticos! –  con 80 y más años de vida, trasiegan por la existencia en las más precarias formas de subsistencia, sin que fuera de las palmaditas hipócritas de quienes de labios para afuera quieren quedar bien con todo el mundo, nadie se preocupe en serio por ellos.  Los gobiernos nacional, departamentales y municipales se llenan la boca hablando de los múltiples planes de vivienda que le entregan a los diferentes estratos de la población colombiana, pero de los periodistas nunca se acuerdan. A pesar de que son ellos los que les multiplican en prensa, radio y televisión, sus posen de redentores del pueblo. Redentores claro, con la misma plata que el pueblo deposita con la paga de sus impuestos.

Y por encima de todo lo que se diga de labios para afuera, la igualdad frente a la pauta de publicidad es letra muerta, pues si no se tuvo la suerte de haber estado en el combo ganador de las elecciones nacionales, departamentales o municipales, la posibilidad de recibir un trato equilibrado en los presupuestos de publicidad es poco menos que imposible. Por ahí hay un señor que a lo largo de los últimos años se ha hecho célebre en nuestra ciudad, por vivir gritando que siempre ha estado con los ganadores, y por hacerle la guerra, de manera miserable y criminal, a quienes no acertaron con el boleto triunfador en esta feria persa en que a veces se convierten las campañas políticas. ¿Dignidad y decoro? ¿Democracia y participación igualitaria? ¿Reconocimiento realmente sincero de lo que el periodista le aporta a la sociedad?

Consideración aparte merece el tratamiento que recibimos los medios virtuales, que a pesar de estar demostrado que tenemos cada día las mayores audiencias en la preferencia de los lectores nacionales e internacionales, no somos ni siquiera consideramos como empresas periodísticas. Y se prefiere seguir batiendo incienso a los dueños de los medios tradicionales, sobre todo en radio, que muchas veces son simple mercaderes de mala clase de una licencia radiofónica, explotando de la peor manera a quienes han hecho del micrófono  su pasión en la vida.  ¿Pero además saben cuántas hechiceras, brujos de mala muerte, pastores de pacotilla y vendedores de pomadas llenan los espacios radiales de nuestro entorno? Pero, ¿eso a quien le importa?  La defensa y la dignidad del oyente no es precisamente el parámetro que rige la vida de los dueños de las emisoras locales, y hasta concursos teniendo como premio entradas a destacados moteles de la ciudad, hacen parte de la amplia zoología de programas que los flamantes dueños de emisoras nos ofrecen. Porque para ellos lo importan es la plática, sin importar a qué precio. Ni tampoco, desde luego, el respeto por el oyente.

En fin, no es un panorama halagador este de la comunicación y los comunicadores en nuestro entorno periodismo, mucho menos cuando a los gremios de esta ciudad les ha dado por establecer el más alto tribunal inquisidor para decir que medios y que periodistas son los buenos comunicadores, todo dependiendo de que se le bata incienso a lo que ellos consideran las verdades auténticas de la región… Que son las de ellos, por supuesto, quienes se consideran por origen de clase y designación divina, los portadores de las premisas reveladas. ¿No es cierto que de ahí a la dictadura fachista contra un periodismo libre no hay sino un paso? Luego, ¿de cuál libertad de información creen, amigos lectores, que podemos hablar?  No obstante, seguiremos cumpliendo con la tarea que nuestra vocación, hace muchos años asumida, nos dicta. Así desde algunas altas esferas consideren que nuestro esfuerzo no vale la pena y nuestros criterios son inválidos. Son las mieles de la democracia, señores, en donde con cara ganan los de siempre y con sello perdemos también los de siempre, nosotros…