Editorial

Editorial: DÍA SIN MOTO, SÍ, PERO…

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wilfredo sierra mPor Wilfredo Sierra Moreno.

Hace algunos años cuando se establecieron las campañas del día sin carro y día sin moto se hicieron buscando encontrar en la opinión pública en general y en los usuarios de esos vehículos en particular, una conciencia sobre la contaminación que producían estos vehículos sobre el medio ambiente y reducir la compra de esos medios de transporte. La verdad ni aquí ni en ninguna parte del mundo la meta buscada se logró y, antes bien, las compras en el ramo automotriz se han disparado de una manera vertiginosa, entre otras muchas cosas porque muchos gobiernos del mundo miden su desarrollo económico de acuerdo a los índices de ventas automovilísticas, incluido las motocicletas.

Luego en la práctica estos eventos quedaron reducidos un simple e inocuo saludo a la bandera,  que los gobiernos locales, departamentales y nacionales hacen para tratar de impresionar al auditorio,  pero nada más. En cuanto a lo de la  educación vial y socialización de los deberes de estos actores respecto a la prevención de la accidentalidad vial y la conservación del entorno, ese es otro sofisma de distracción. Para Bucaramanga, en particular, la verdad es que el manejo de la circulación de la ciudad le quedo grande al señor director de Tránsito local, y a pesar de toda la prensa que moja permanentemente con sus discursos rayados en cuanto a control de vías, estacionamientos inadecuados, invasión del espacio público, etc., etc., lo cierto es que en ese terreno  nuestra situación es cada día peor y más lamentable, y los trancones e inconveniente son una tortura de los mil demonios de lo bumangueses tenemos que soportar como un verdadero castigo por vivir en esta ciudad.

Desafortunadamente en muchas de estas áreas del transporte y la locomoción entre nosotros el discurso va por un lado y la realidad por el otro. Y así uno se ríe cuando nos hablan de acabar con la piratería y el mototaxismo, cuando son las mismas autoridades que, con el pésimo y horrible servicio de Metrolínea, hacen super tractivo y hasta delicioso encontrar un pirata o una moto que lo lleve a su destino después de 15 minutos de esperar, infructuosamente, un articulado del que, según la propaganda oficial, es el mejor servicio de transporte del mundo.  ¡Qué risa!

Yo, que nunca me había montado a una moto, un día de interminable espera me subí a uno de esos aparatos, me llevaron rapidísimo a mi destino, pero además me pareció apasionante el experimento. Y lo digo sin pudores, me he vuelto asidua a ese servicio. ¿Y qué?  ¿Me van a meter a la cárcel porque frente a la necesidad urgente de movilizarme y la inoperancia faraónica de eso que en los paraderos llaman “Metro Ruina”,  tengo que buscar un medio alternativo para llegar a mi destino?

Pueden llamarme no muy dador de ejemplo social, pero menos ejemplares son los que en nombre del sistema de transporte masivo a lo largo de la  corta historia de ese engendro se han metido muchos pero muchos millones de pesos inadecuadamente en los bolsillos. Y tienen a sus ciudadanos como salchichas en unos articulados que los conductores manejan como llevando marranos para el matadero, porque de la tal cultura en la conducción con que nos vendieron publicitariamente la empresa, ya no queda nada.

En fin, vivimos en un medio ambiente que se mueve a punta de eslóganes publicitarios mentirosos y del engaño descarado de todos los días al usuario y ciudadano común y corriente, y no nos van a poder obligar a decir que el tal día sin moto va a servir para algo a esta ciudad.  Seguramente en lunes, después de la jornadita, los vendedores de motos colocaran unos 5 mil vehículos más de estos en las calles de la ciudad, y todos tan contentos…