Editorial

Editorial: DICIEMBRE, TRAGO Y DROGA…

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Por Wilfredo Sierra Moreno.

wilfredo sierra mA las puertas de las celebraciones decembrinas, la sociedad colombiana y mundial se apresta a vivir una de las más profundas contradicciones de la doctrina teológica católica, porque mientras en el papel de lo que se trataría es de celebrar la supuesta llegada al mundo del mesías por ellos predicado, la ocasión es justamente el epicentro de una de las más paganas de las fiestas del año, en donde el trago, la droga y el sexo campean por doquier, como si los dioses tutelares del antiguo Imperio Romano se quisieran burlar de la religión que, gracias a ese mismo imperio, llego a dominar al mundo.

Pero no es solo desde el punto de vista religioso sino igualmente desde el racional, que las contradicciones del ser humano lo pintan en su tragedia de cuerpo entero, porque mientras, por ejemplo, es cierto que la legalización de la droga puede ser uno de los pasos más efectivos para quitarle el alto precio y las implicaciones violentas al tráfico y consumo de esa porquería, la estrategia formal no tiene en cuenta la degradación y la destrucción de quienes se entregan a las adicciones de la droga fuerte.

Si quienes hemos trabajado un poquito con el tema de la desintoxicación con los alcohólicos sabemos lo duro que es llevar al equilibrio vivencial y emocional a un adicto al trago, mucho más lo es tratar de revertir los efectos descompesadores de quienes se entregan a la droga, si es que realmente se logra recuperar a un adicto. Pero no, a la sociedad de consumo no le importa el drama humano, la tragedia de padres, hijos y esposas de quienes se destruyen a la par con la tragedia de sus adictos, ya que lo importante es hacer grandes cantidades de dinero con las necesidades enfermizas de los demás, y punto.

El dilema angustiante del analista serio en estas materias no deja de ser fuerte, ya que si efectivamente la legalización le quita un poco los efectos violentos y criminales y, aún más, le puede bajar el precio a los alcaloides, nos parece que contrariamente a lo que los teóricos alegres suponen, una libre oferta de mariguana y otras sustancias no disminuirá el número de los consumidores sino por el contrario los aumentara. Porque la experiencia histórica ha demostrado que por encima de la supuesta racionalidad del ser humano, la mayoría de ellos se inclinan más por lo que hace daño que por lo edificante y sano. ¡Pero en fin!, es la tragedia de un género que al parecer en algo le quedo mal hecho al supuesto creador de los hombres, y que cada vez que puede escoge con más facilidad el vicio que la virtud.

Que como ocurre todos los años las autoridades policiales se preparen, porque los desafueros paganos de la tal Natividad dan para la expresión de los más primarios instintos animales del que se presume muy racional, inteligente y estratega de los mamíferos deambulantes por este planeta. Y los curitas que con sus autómatas seguidores sigan cantando villancicos y todos esos inventos teológicos que tanta plata les da y que, la verdad, no sirven para una carajo. Porque entre más navidades pasan peor es la raza humana, lo que demostraría, hasta la saciedad, que ese tal profeta de los católicos es un verdadero bueno para nada. Pero Aleluya, que carajos. Si esto no va a cambiar nunca, gocemos un rato con la guachafita…