Editorial

Editorial: DIGNIDAD CAMPESINO Y GOBIERNO NACIONAL CON VERDADES A MEDIAS.

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Por Wilfredo Sierra Moreno.   

wilfredo sierra 2Como en toda confrontación entre sectores antagonistas que se  respete,  la guerra de la desinformación hace parte, desafortunadamente, de los métodos de pelea y, en el caso de la disputa entre el gobierno nacional y el sector de la denominada Dignidad Campesina, estas verdades a medias con las que se incriminan unos a otros no han estado ausentes en el conflicto.

Desde el sector del gobierno no es tan cierto que se hayan desvelado por cumplir los compromisos pactados con el sector agrario el paro pasado, y una vez conjurada la trifulca, la lentitud y la modorra para desembolsar los dineros prometidos a varios sectores productivos del agro se ha hecho presente, y una prueba fehaciente de que eso es verdad es como ahora, frente a la inminencia de ésta nueva movilización, esta apurada la administración tratando de ponerse al día con lo pactado. Ahora bien, el afán del gobierno por conjurar el paro no es una preocupación de desprendimiento patriótico, sino porque el Presidente Santos y sus Ministros saben que un paro largo y complicado como el anterior en estos momentos, sería una estocada de muerte para las aspiraciones de reelección del primer mandatario.

Pero aquí viene también la parte maquiavélica del sector campesino comprometido en el paro, que claro que está utilizando la ocasión para, aprovechando la situación política, apretarle las tuercas al gobierno y sacarle la mejor tajada posible gracias a la coyuntura. Ahora, nadie que no sea genéticamente estúpido,  se puede comer el cuento de que detrás de los organizadores actuales del paro no hay fuerzas influyentes que quieren pescar en rio revuelto y, aún más, lo que resulta bien pero bien irónico,  del mismo Uribismo.

Desafortunadamente, como siempre, en la pelea de los burros el que pierde es el arriero, y en este caso todo un importante núcleo de pequeños y medianos aparceros que honestamente no se siente íntegramente representados por ninguno de los dos bandos que, con cartas guardadas en las mangas poniendo como  excusa el atraso, abandono, olvido e indiferencia histórica frente al campesinado colombiano, se juegan unas estrategias habilidosas para consolidar sus respectivos poderes. ¿Porque, se pregunta uno con cierta malicia indígena, con sectores como el financiero y el de la construcción no hay dificultades tan apremiantes y difíciles como ha pasado siempre con el sector campesino?

Porque allí están los “cacaos” que financian las campañas políticas, a los que no se les puede hacer “pistola” con los compromisos, sin el riesgo de perder uno de los factores económicos que sustentan la posibilidad financiera de las campañas del sector político nacional. Pero además porque allí no puede “hacer cama” el discurso seudo revolucionario que todavía descresta a uno que otro incauto, sostiene la avidez bandida de bastantes vividores que se visten con los trapos de la revolución para hacer sus fechorías, o logra mediante la coacción armada, solidaridades no tan espontaneas. Habría que concluir estas líneas diciendo que el reclamo airado del sector campesino por el abandono y olvido histórico de su suerte por parte de la sociedad colombiana es efectivamente justo, pero es utilizado por el establecimiento y la seudo izquierda nacional para manipular acciones no muy honradas para sus respectivos intereses. ¿Cuántas vidas y nuevas quiebras económicas dejara este nuevo pulso entre poderes nacionales? Nadie lo sabe. Pero también es cierto que para al ciudadano y el campesino promedio, no comprometidos en la lucha de poderes, no le va a beneficiar esta nueva trifulca en nada.