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Editorial: DIOMEDES DIAZ, IDOLO Y BANDIDO.

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Por Wilfredo Sierra Moreno.

1aa wilfredoMe tengo que confesar tímidamente fanático del vallenato. Y digo que tímidamente porque para esta sociedad pacata y en algunos sectores supuestamente de castas nobles, ser seguidor de este tipo de música es un sinónimo de pauperización intelectual y mal gusto, que los hipócritas del entorno no perdonan fácilmente. Pero que le vamos a hacer, es una música que me hace vibrar, que llevo en las venas, y que me hizo encontrar en Diomedes Diaz a uno de los mas extraordinarios cantautores de este genero por el que profeso, como interprete, una gran admiración.

Aunque periodista yo y seguidor desprevenido de las incoherencias de comportamiento de este juglar de La Junta durante su vida, hasta no ver con detenimiento la telenovela que habla de sus vida y milagros, no tuve realmente conciencia de la clase de bandido, inconsecuente y hasta criminal que fue este señor,  a tal punto de que en un momento dado de la serie no quise seguir viendo tanta porquería.  Porque aunque como compositor e interprete es evidentemente un extraordinario exponente a quien me gusta oír, la verdad es que como persona fue un ser verdaderamente indeseable. Y no deje de preguntarme internamente al ver la serie, que beneficio podría ofrecer a las nuevas generaciones de colombianos la exaltación este tipo de comportamiento que, tristemente de alguna forma se ensalzan, como la expresión vergonzante de un machismo nuestro que no encuentra escrúpulos en ir accediendo jovenciatas, dejándolas embarazadas y aun destruyéndolas físicamente su vida como pasa en el  conocido caso criminal de Diomedes.

Curiosamente en el fondo de los altos indices de sintonia de esta telenovela de RCN está la expresión de ese morbo insano de la cultura popular nuestra, que ha hecho de la vida de tantos de los mafiosos nuestros a unos tristes héroes de las series televisivas nacionales, que si algo logran efectivamente, es incitar a los muchachos a seguir los malos pasos de esos ídolos de papel y porquería, en una retroalimentación de las malas tendencias y costumbres que no siempre se alcanzan a medir ciertamente en sus consecuencias efectivas. Claro, sin olvidar que algunos de nuestros tristes exponentes de las clases políticas tradicionales tienen esa impronta que enloquece de poder, dinero, armas y mujeres, que hace que el deseo de un futuro de paz, sin una reeducación efectiva y real de nuestros muchachos, no sea mas que una quimera estúpida.

Desde luego, no podían ser sino los desvergonzados y corruptos padres de la patria costeños los que busquen a través de un insostenible decreto de honores exaltar a los altares de los genios patrios a tal fichita de la raza humana, como si esa no fuera una manera mas que encubierta, mas bien descarada, de exaltar impúdicamente unos anti valores que son la raíz de muchos de los males que afectan a esta sociedad, a sus criterios éticos y a su juventud. Los alegres legisladores argumentan en favor de su despropósito que todos los artistas han tenido su faceta negra y tenebrosa, pero ese no es más que un argumento descarado de quienes son tan machistas, folclóricos y desvergonzados como lo fue el mismo Diomedes.

No digo que dejare de oír su música porque estaría mintiendo tan descaradamente como suele hacerse con tanta frecuencia entre nosotros, pero cuanto me gustaría hacer una separación entre el músico extraordinario y que tanto me gusta, y la inconsecuencia humana que encarno el cuerpo y la mente de este señor. En lo que a mi respecta hacerle un decreto de honores a Diomes Diaz para exaltar su memoria a la posteridad, es un canto miserable a la inconsecuencia, el descaro, los anti valores y la corrupción, pero muy posiblemente los alegres compadres que adelantan esta iniciativa en el congreso se saldrán con la suya. Al fin y al cabo ellos mismos son una expresión de esa misma pobreza humana que encarno Diomes Díaz.