Editorial

Editorial: DONALD TRUMP O LA FRANQUEZA CRUDA…

Publicidad

Por Wilfredo Sierra Moreno.    

1aa wilfredoQuienes desde hace muchos años nos movemos en los medios de comunicación sabemos que éste es un ambiente que se rige con signos lingüísticos convencionales, diplomáticos, retocados, mejor dicho hipócritas, en el que no siempre los hechos se pueden demostrar a la opinión publica tal como son, a pesar de que la mayoría de los actores del juego informativo sabemos que no siempre, o casi nunca, las gentes del común se comen entero el cuento que con estrategia de “pisa huevos” les entregamos a nuestros lectores, oyentes o televidentes.

Es un juego de lo más cretino en el que cuando yo realmente siento que quiero coger a trompadas a determinado contrincante digo, eufemísticamente, que realmente no me cae muy bien, en un recreo de palabras ladinas que tratan de vender para el escenario un ambiente no que siempre – o casi nunca – corresponde con lo que emocionalmente y efectivamente se está viviendo. Así por ejemplo, ¿cuantas veces en la historia del mundo se ha salido de conferencias o reuniones de paz en la que mucho amor fariseo se expresa de labios para afuera, mientras lo que efectivamente se estaba era preparando una arremetida armada contundente contra el contendor, que efectivamente se ha llevado a cabo al día siguiente de la firma de un pomposo tratado de amistad?

Pero no siempre el tiesto esta para cucharas, y algunas sociedades, cansadas de situaciones que realmente los afectan en su desarrollo vital, un día dejan de lado la cara amable que le han enseñado a poner, y resuelven rodear al que, inculto y grosero –en esos calificativos formales de los predicadores espurios de virtudes – un día dice de frente lo que todos están sintiendo, y manda para el carajo las maneras finas de tragarse la rabia reprimida. Es, ciertamente, lo que en este momento está pasando con los impresionantes registros de favorabilidad del controvertido señor Donald Trump en las primarias presidenciales de los Estados Unidos, en donde contra todo pronóstico, el excéntrico y bocón señor se mantiene a la cabeza de las preferencia de los aspirantes republicanos al primer puesto de los Estados Unidos.

Y es que, no nos digamos mentiras, a cualquier sociedad del mundo le debe llenar de incomodidad que sus principales recursos nacionales se gaste incontenidamente atendiendo a un ejército de inmigrante, que por todos los costados de las fronteras nacionales llegan a borbotones, sin que exista un medio lógico y racional de detener tal afluencia de no invitados comensales. A más de que, por raigambre tradicional, los raizales gringos siempre se han creído de mejor familia en el mundo, y su arrogancia a lo largo de la historia no ha tenido muchos contras que les hagan desistir de sus ínfulas de gobernantes del planeta.

Parecería desesperantemente absurdo que Trump tenga ese tipo de tan alto registro en estos momentos de la contienda electoral norteamericana, pero no lo es tanto en la medida en que, fuerte, descomedido y todo, está diciendo lo que en el fondo está pensando el pueblo realmente gringo, que está aburrido, desesperado y “mamado” de una inmigración que no se va a poder manejar con ningún presupuesto por muy estrambótico que sea. Bueno, no hay que ir muy lejos para ver esas expresiones xenofóbicas y excluyentes que se dan, de tiempo en tiempo, en algunos sociedades: aquí en nuestra ciudad, una señora muy prestante de nuestra sociedad bumanguesa hace algunos meses nos propuso que sacáramos a patadas a todos los desplazados que llegaran a nuestra área metropolitana, para poder manejar los problemas económicos y sociales de nuestro entorno. Claro, me perdonan la comparación, guardadas las proporciones…

Nuestros cuadriculados profesores colombianos de historia, política, económica y periodismo nos han vendido una versión muy jesuítica de lo que debería ser los comportamientos “ideal” de las sociedades en su versión muy “cristiana” de cómo correspondería ser a los mansos borregos sometidos a un supuesto dios todo dictador, pero no siempre los finales de sus versiones rosa – del “debería ser”- se dan en la realidad. Y claro que un tipejo como el tal Donald Trump no tendría por qué encabezar las encuestas en el mundo mágico de los gringos, pero lo está haciendo. Cuidado y se no sube al poder, por ahí si los tradicionalistas se pueden morir de rabia. Y a propósito, si los tan vilipendiados gringos son tan aburridores, malos y explotadores, ¿por qué la mayoría de los seres humanos del resto del planeta se quieren ir a vivir a Gringolandia?   Hummmm…  Que mis iluminados profesores muy letrados de la ciudad me lo expliquen…