Editorial

Editorial: EL CICLISMO: LA EXPRESIÓN ALEGRE DE UNA SOCIEDAD BIPOLAR…

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Por Wilfredo Sierra Moreno.

wilfredo sierra 2Verdaderamente se le pone a uno la carne de gallina cuando frente al televisor, viendo las transmisiones internacionales,  ve la verraquera de unos muchachos que, contra viento y marea,  se han tenido que abrir paso en el mundo deportivo para poner en alto los colores de nuestra patria en el contexto global. Y que bien que ciudadanía y estamentos oficiales participen del entusiasmo colectivo, porque en un país signado por la violencia y la guerra sucia a todos los niveles,  este tipo de satisfacciones generales no son frecuentes.

Desafortunadamente esa emocionalidad desbordada es la expresión bipolar de una sociedad que se bebe con pasión desmedida los éxitos, pero que pasado el efecto efervescente de la victoria se olvida, y de qué manera, de sus valores deportivos.  Nunca se podrá olvidar que muchachos como Nairo Quintana y Rigoberto Uran tuvieron que consolidar su vocación deportiva en medio de la más absoluta soledad y pobreza, luchando contra todas las dificultades que una sociedad desconcertante como la nuestra ofrece a quienes se quieren abrir paso en la vida decentemente.

El caso del ciclismo no es muy diferente del futbol, el patinaje, la lucha libre, el tiro al blanco y tantas otras disciplinas en las que quienes comienzan con su espíritu deportivo no encuentran ni apoyo, ni patrocinio, ni campos deportivos realmente adecuados para poder producir campeones en serie. La pelea diaria de los dirigentes barriales para que les construyan unas buenas canchas de futbol o unos buenos escenarios de beisbol, o una buena dotación de mesas para jugar ajedrez y pimpón, es el reflejo del drama de una muchachada que no siempre encuentra escenarios apropiados para desfogar sus energías dinámicas, ni canalizar sus aspiraciones de manera apropiada.

Y para peor de males, los comités deportivos de las diferentes disciplinas han terminado siendo un buen bocado de cardenal a los políticos de oficio, que muchas veces gastan las migajas que se les da presupuestalmente en desplazamientos innecesarios, en compañía de una buena camarilla  de sus compinches –las tales delegaciones oficiales-  que viajan, beben y parrandean de lo lindo con el escaso dinero asignado a los deportistas.  ¿Así quién puede sentirse realmente respaldado?

Ojala luego de la borrachera emocional de alegría, los dirigentes nacionales volvieran, de verdad, sus ojos a nuestros deportistas y todo no se quedara en alegrías de perro gocho de un solo día. No hay que olvidar que en muchos de esos momentos de efervescencia y calor a los triunfadores se les ha prometido casa, carro y beca, que nunca han llegado. ¡Qué insensatez, señores!