Editorial

Editorial: EL CONTRABANDO ES UN DELITO. Y PUNTO.

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WILFREDO2014-baja bbPor Wilfredo Sierra Moreno.

Independientemente de las diferencias ideológicas que uno pueda tener con los gorilas de la hermana república de Venezuela, no se puede negar que el contrabando es un gran problema para cualquier nación y, claro, un delitito tipificado desde hace mucho tiempo en la legislación penal de todas las naciones del mundo. Eso está claro y sobre eso no se pueden hacer consideraciones ligeras a pesar y todo que en nuestras tropicales democracias latinoamericanas ser contrabandista se volvió  una “profesión” más, a tal punto que en Bucaramanga, por ejemplo, estos comerciantes de dudosa ortografía tiene su propio concejal de la ciudad.

Cúcuta se volvió una ciudad que ha vivido, tradicionalmente, del contrabando. Y la tradicionalidad del oficio quiere adquirir fuerza de ley, cosa que nos es admisible ni aquí ni en ninguna parte. Los “pimpineros”, por ejemplo, tienen ya el descaro de salir a pedirle al gobierno nacional que reconozca su actividad y es más, la defienda, en una de esas versiones macondianas del tropicalismo latinoamericano que no tendría sentido en ninguna sociedad seria del mundo.

Lo que no puede ser es que una nación sometida a las limitaciones en comida como las que  tiene  Venezuela,  luchando contra un desabastecimiento – surgido por causas que no vienen ahora al caso poner en critica – tenga que aceptar, porque si, que sus escasos alimentos – muy apetecidos a este lado de la frontera por problemas de diferencia monetaria – sean saqueados  inmisericordemente, sin que ese estado pueda decir ni pío frente al fenómeno.

Con el más debido respeto a la señora Canciller de la República, tan “chavista” como la que más, uno no puede meterse a cogobernar en una nación que no es la nuestra, así muchos consideremos que lo que existe allá es una dictadura y no un gobierno que respete todas las reglas internacionales de las democracias del mundo. Pero claro,  a los que les están sacando sus escasos alimentos es a ellos, y como puñalada en barriga ajena no duele, los bandidos contrabandistas pueden considerar, absurdamente, que la víctima de su acción criminal  no tienen derecho a defenderse.

El poder y la capacidad de intimidación de este oscuro gremio de contrabandistas es tal,  que saco corriendo hace algunos días al extraordinario director de la DIAN de nuestro país.  Pueden ser muy poderosos y amedrentadores, pero no pueden pretender que el Presidente o dictador del vecino país no puede tomar medidas como cerrar las fronteras todas las noches si cree que eso lo ayuda a combatir la transgresión que les está haciendo mella a ellos. Y es que como decía mi quisquillosa abuela, “bueno es cilantro pero no tanto”.