Editorial

Editorial: EL EJÉRCITO COLOMBIANO.

Publicidad

Por Wilfredo Sierra Moreno.

wilfredo-sierra-252La celebración de los 104 años de existencia del Batallón Caldas es  una buena oportunidad para hacer unas cuantas reflexiones en cuanto a nuestro Ejército Nacional, que además de brindarnos seguridad y protección a los colombianos a través de la entrega de centenares de vida de nuestros soldados, sufre una serie de incomprensiones y vaivenes, fruto de la difícil situación política, económica y social de este convulsionado país.

De entrada debo decir que no comparto para nada los excesos que en medio de una guerra cruenta y sin piedad han cometido algunos miembros de la institución castrense, pero igualmente hay que puntualizar que las actuaciones individuales de algunos de sus integrantes no comprometen para nada a toda la institución y, que los errores coyunturales en el ejercicio de la acción militar no son argumentos suficientes para pretender desconocer y no evaluar, en su verdadera medida, el papel que las fuerzas armadas en todos sus componentes, ejercito, marina y policía, juegan para mantener la institucionalidad y el orden bajo el fuego cruzado de tantos factores que atentan contra el imperio de la ley y el orden.

Particularmente, si fuera militar de alto rango, no creo que me aguantaría de buena gana los caprichos de una clase dirigente que en ejercicio del poder usa de los recursos de las armas del estado para mantener los privilegios y los caprichos de una élite, clase dirigente que es desagradecida por antonomasia.  Hoy obedeciendo a un patrón  y mañana a otro tal vez tan caprichoso y terco como el anterior, la férrea disciplina institucional de las fuerzas militares debe hacer que muchas veces los miembros de esta institución se tengan que morder la lengua para no mandar al carajo a tanto seudo caudillo, que de acuerdo a sus conveniencias, elogia o critica a la entidad  castrense.

Ahora mismo en este berenjenal político que se ha convertido el país, los sectores en confrontación han querido utilizar el ejército, de mala leche, como un  punto de referencia para lanzar reprochas  e insinuaciones malsanas, buscando, deslealmente, generar fenómenos la opinión nacional en una u otra dirección. Como muy bien lo han dicho diversos analistas del acontecer nacional, eso es jugar con candela. Luego de recibir  protección y seguridad a los ciudadanos, respingados o no, que tiene riesgos sobre su vida, no se les puede devolver el favor con desagradecimientos maliciosos, acusaciones subrepticias y desafíos arrogantes. Estamos lejos de creer que nuestras fuerzas castrenses son perfectas, porque en el medio humano no cabe esa condición, pero sobre  todo de parte del mismo establecimiento,  no se puede ser tan mezquino para que, luego de haberse servido de su acción, llenar de una alambrada de garantías hostiles a sus oficiales y soldados.

Al saludar con entusiasmo los 104 años de la existencia del Batallón Caldas, quiero hacer llegar mi sentimiento de afecto y amistad a todos y cada uno de los miembros de las fuerza militares de Colombia, gracias a los cuales, en medio de esta sociedad convulsionada, podemos vivir moderamente tranquilos.