Editorial

Editorial: EL FEMINICIDIO

Por Wilfredo Sierra Moreno.

1aa wilfredoLas reiteradas muertes de mujeres a mano de sus cónyuges o parejas permanentes ocurridas durante los últimos días en la ciudad de Bucaramanga muestran que en materia de la defensa real de los derechos, la vida y honra de las mujeres de nuestra sociedad estamos realmente en cero, y que muchos de los discursos de funcionarios y la literatura oficial que al respecto se lee  por ahí a todos los niveles, se queda más bien en el plano de las buenas intenciones no propiamente factibles de convertirse en realidad.

Es la triste realidad de una sociedad que no es capaz de concretar efectivamente todos los planes y programas de los que se precia de labios para afuera y para entusiasmar a una audiencia ávida de hechos concretos que, en la práctica no llegan.  Angustiosamente esa dicótoma entre el discurso y los hechos se da en la mayoría de las cosas urgentes de solucionar en este país, pero en el caso de las mujeres es aún más aberrante porque pareciera demostrar, por encima de toda la retórica en contrario, que ese tufillo machista que ha caracterizado a este país desde tiempos inmemoriales persiste en una inacción que supone, se complaciera en la victimización de sus mujeres.

En el caso de una de las mujeres sacrificadas en estos últimos días ya había una denuncia por agresión ante las autoridades pertinentes, pero lo de siempre, la cosa quedo en una simple reconvención con el agresor totalmente suelto y dispuestos a sus anchas para planear el crimen fatal como efectivamente lo hizo. ¿Pueden hablar los organismos encargados de velar por la seguridad de estas damas de un trabajo realmente serio en defensa de la integridad de la mujer cuando las denuncias por agresiones comprobadas se queda en simples llamados de atención verbales y amenazas de multas que hacen reír a los miserables que quieren acabar con la vida de las mujeres?

¡Hombre, seamos serios! Que no se le llene la boca a las Comisarias de Familia y a las Inspecciones de Policía hablando de políticas de protección a la mujer frente al feminicidio rampante y actuante hoy por hoy en nuestra ciudad, departamento y país, porque ese es una burla más, bien descarada y cínica, contra los derechos de unas mujeres que no solo tienen que asumir la responsabilidad de la crianza de sus familias porque el hombre hace los muchachitos y, cobardemente, no asume la responsabilidad de la manutención de esta prole, sino que además se cree con el derecho de golpear una y otra vez a una madre a la que no le aporta un solo peso para su subsistencia ni la de los suyos. ¿Y el estado? Ese, a pesar de todo lo que diga en espacios publicitarios, es un convidado de piedra en la defensa real y efectiva de la familia, los niños y las mujeres, y pareciera que en el fondo gozara de esta desgracia social.

Aquí es muy fácil hablar desde las oficinas oficiales, desde la tribuna pública, desde las entrevistas periodísticas y los boletines de prensa de las entidades del estado de conquistas que no se ven en la práctica por ninguna parte, pero el problema es que tanta hipocresía sigue produciendo muertes y más muertes de mujeres a manos de hombres miserables, que no saben de responsabilidad, ética y valores. ¿Se puede seguir indefinidamente con tan oprobiosa falsedad?