Editorial

Editorial: EL FÚTBOL, ¿PASIÓN O DROGA?

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Por Wilfredo Sierra Moreno.

Clasificado la selección Colombia al mundial de fútbol de Brasil, los nacionales hemos sido sujetos de esa publicidad agresiva y desbordada que caracteriza a unos comerciantes que no siempre tienen valores éticos para evaluar los resultados de los productos que venden en el consumidor promedio, pero que además le echan candela a un nacionalismo chovinista que alimenta la visceralidad de los estratos más bajos de la población, aquello que llega a creer que con la excusa de llevar una u otra camiseta de un equipo determinado se puede agredir, puñalear y matar a otro ser humano impunemente.

wilfredo sierra 2Cuando las autoridades se reúnen en cualquier parte del país a tratar de encontrar solución a los problemas que en cada jornada futbolística nacional generan las tales barras de los diferentes equipos nacionales – barras que la verdad son unas hordas de viciosos y criminales natos – deberían invitar a esas reuniones a un buen número de supuestos periodistas o locutores “deslumbrantes”, que durante todos los días de todas la semanas de todos los meses del año, viven despidiendo barrabasadas incitantes a sus insaciables oyentes.

Uno no se puede engañar… el gremio de los negociantes en los medios con el tema deportivo pero particularmente futbolístico, no han sido a lo largo de la histórica reciente de nuestro país un dechado de virtudes ejemplares y buenas costumbres. Algo que implicó  que,  entre otras muchas cosas, ellos fueran amigos incondicionales de los grandes hombres de la droga que durante mucho tiempo eran los dueños de buena parte de los equipos de fútbol profesional en este país. Pero aún ahora, cuando supuestamente el rentado profesional estaría libre de dineros mal habidos, los acuciosos periodistas deportivos guardan un desconcertante silencio sobre muchos de los dueños actuales de esos oncenos, dueños que de ser realmente objetivos, muchas cosas tendrían que explicarle al país y a las autoridades.

Pero en este sector de la vida nacional sí que es cierto que todo vale por la plata. Y claro, en una nación carente de verdaderos valores colectivos que unifiquen su imaginario en pos de metas realmente altruista, vender el amor de la camiseta colombiana hasta los extremos de vivir o morir por ella, es una postura que habla más de una droga que de una pasión. Y no es que no amemos el futbol, y no deseemos con toda el alma que ojala que nuestra selección colombiana de fútbol fuera la campeona de este mundial.  Pero una cosa es amar el país y a su seleccionado nacional y muy otra envenenar el ambiente colectivo con unas promociones que invitan a las pasiones y los respaldos desbocados que podrían tener –y en efecto tienen- consecuencias nocivas en el ánimo de sectores que no tienen suficientes elementos para ver hasta donde se debe llegar en esto de la emocionalidad parcializada.

Por ultimo déjenme decirles que me imagino que los candidatos a la elección presidencial y sus asesores deben estar haciendo oraciones mil para que la selección nacional gane su primer partido el sábado, entes del día de la segunda vuelta.  Porque una derrota de Colombia el día anterior a la segunda vuelta  dispararía, creo yo, la abstención a proporciones críticas que pondrían en jaque todo el sistema electoral nuestro. No les quede la menor duda, señores, que los colombianos quieren mucho más a su equipo y sus jugadores que a los futuros “salvadores de la patria”.  Y que al futuro Presidente de los colombianos lo elija solo el 25 o 20% de los electores hábiles para votar en Colombia, sería una verdadera vergüenza universal…