Editorial

Editorial: EL PAPA HABLA SOBRE EL RESPETO A LOS ANCIANOS…

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Por Wilfredo Sierra Moreno.

1972338_10205974735908905_5435813286741860605_n(1)Francisco no es solo un Papa carismático y frentero, sino que tiene un profunda dimensión de lo que es la vida de los diferentes núcleos que componen la sociedad humana, pero sobre todo tiene un especial sentimiento sobre la vida de los ancianos, esos seres que luego de haber entregado su existencia a educar y sacar adelante una familia, muchas veces son miserablemente tirados al rincón del olvido por su familia, la sociedad y el estado. Hace pocas horas se volvió a referir al tema, que encaja con una dura frase que pronuncio hace algunas semanas en la celebración de una misa en la Casa Santa Martha, en la que preciso, sin miedo en sus labios, que un pueblo que no respeta a los abuelos no tiene memoria y no tiene futuro.

Pero es que la ingratitud de la familia, sobre todo de los hijos en general en todas las colectividades del planeta hacia sus padres ya llegados a la ancianidad es terrible, casi que podría decir que miserable, y como lo he afirmado en estas columnas, no es solo en los estratos bajos de nuestra sociedad, para referirnos específicamente en Colombia.  He escrito y quiero repetirlo, que muchas veces en las familias adineradas la cruel ingratitud adopta unas formas muy sofisticadas, cuando recurriendo a los servicio de las muy elegantes y costosas casas geriátricas que existen entre nosotros, los padres, hombres o mujeres, son enterrados allí en vida. Si, muy bien atendidos, con todas las comodidades y las atenciones médicas, pero sin la visita y el cariño de su familia. Y aquí sí que vale el dicho aquel que la jaula, aunque sea de oro, no deja de ser jaula.

Entre nosotros no se nos puede olvidar que hace algunos años un ilustres gobernador, supuestamente muy de izquierda y revolucionario, le dio por quitarle casi que la mitad de la destinación de la estampilla pro ancianos a las casa que atienden a esta población, para entregársela a los contratistas oficiales, esos mañosos y sucios componedores de pliegos que, recurriendo a todas las trampas, se guardan buena parte del dinero que, en teoría estando destinado a la ejecución de obras,  nunca se traducen en estas realmente. Afortunadamente posteriormente este crimen contra los ancianos se corrigió, pero eso muestra como mucho de ese discurso demagógico de los que dicen ser la encarnación popular del pueblo no es más sino pura carreta barata.

Pero a pesar de la destinación presupuestal, lo cierto es que la vida de los diferentes ancianatos de la ciudad es difícil, complicada y asfixiante, y a pesar de mi claro anticlericalismo, tengo que decir que muchas de estas instituciones funcionan gracias al trabajo abnegado y tesonero de las mojas que manejan, orienta, guían y prácticamente sostienen a través de chocolates, comidas y donaciones ese último refugio del ser humando en la existencia, cuando los supuestamente muy adorados hijos no quieren saber de nosotros para nada.

Así que si trata de Colombia, Santander y Bucaramanga, usted sí que tiene la razón apreciado Papa Francisco. Este es de esos pueblos que no respeta a los abuelos y, claro que no tenemos memoria, porque seguimos eligiendo sin pudor a los mismos bandidos de siempre, y partiendo de estas premisas  ciertamente que no tenemos futuro. Los rostros decrépitos y angustiados de esos pobres abuelos que por años esperan, inútilmente, que algunos de sus familiares los vaya a visitar, solo demuestra la pobreza ética y humana de la que estamos hechos…