Editorial

Editorial: EL PAPEL AGUANTA TODO…

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Por Wilfredo Sierra Moreno.   

wilfredo sierra mEsa era la frese que solía tener a flor de labio mi madre, que era una rionegrana combativa y atrevida, que no siempre se amilanaba ante los restos de la vida, cada vez que uno exponía un argumento sustentado en criterios jurídicos o constitucionales aceptados como norma por todos… La expresión, osada, porque intenta cuestionar toda la validez de las normas establecidas como tales en cualquier clase de ordenamiento institucional, no deja sin embargo de venirme a la memoria en situaciones como ahora cuando el gobierno nacional, para impresionarnos, saca el total de lo acordado con la FARC en la Habana, como supuesta garantía de que lo que allí se hace es muy serio.

En primer lugar, estoy de acuerdo con muchos de los analistas nacionales que han dicho que lo hasta ahora pactado allí no pasara de ser, de ponerse en práctica, más que una bucólica reformita pequeño burguesa que bien habrían podido impulsar, hace muchos años, unos liberales demócratas que hubieran sido de verdad consecuente con el credo que de labios para afuera pregonan, primera razón por la cual los tales acuerdos son, de entrada, terriblemente sospechosos.  De buenas intenciones dicen que está empedrado el camino del infierno, y en mi criterio eso consignado allí no es más que el resultado de unos malabares retóricos  de la guerrilla y el gobierno, para producir un engendro escrito que uno tendría que preguntarse, en serio, quien está en la obligación de poner a funcionar y en práctica.

Si de cosas bonitas se trata, ahí está la Constitución Nacional Colombiana, llena de linduras escritas  sobre los derechos y las condiciones en que deberían vivir los nacionales, ¿pero a quien le ha interesado hacerlo cumplir de verdad? Pero además  no deja de ser sintomático que mientras al estado colombiano le correspondería garantizar la vida y la reincorporación efectiva de los subversivos a la vida normal de la ciudadanía, no sea ni siquiera capaz de blindar a las víctimas de la violencia que luego de ir a la Habana, son sometidos de nuevo a un terrible número de amenazas por parte de los indeseables, que les acaban de joder la vida y reactivar la inseguridad emocional a quienes ya han sido tratados tan miserablemente.

Y que no nos digan por enésima vez que el estado pondrá todo el peso de la ley sobre estos nuevos intimidadores, porque ese es un discurso viejo que han repetido muchos gobiernos y muchos Ministros de Justicia y de Defensa, sin que al final pase nada. Por si acaso se acuerdan de la fábula del pastorcito mentiroso, aplíquenlo a las rabietas retoricas del estado cuando presume de la capacidad de hacer cumplir la ley y el orden, y entonces pueden tener una clara medida de la credibilidad del gobierno ante el común de los ciudadanos de éste país.  Con tal debilidad, ¿quién puede ser un garante efectivo y real de que los compromisos pactados y que  todavía, no se les olvide, tienen que pasar por la aprobación del voto popular?

Haciendo de abogado del diablo, yo que soy el más furioso antiguerrillero del mundo,  entiendo las prevenciones de las FARC para entregar las armas, que debería ser una consecuencia práctica de la firma de los acuerdos,  pero que teniendo como precedente el exterminio de la Unión Patriótica no deja de crear dudas, sobre todo frente a un gobierno que ni siquiera es capaz de controlar a los raponeros de celulares. Podemos tildarles  con  todos los epítetos que queramos a los guerrilleros, pero pendejos si no son.  Y habría que ver en que quedan los acuerdos luego de firmados y puestos en ejecución, cuando los primeros 5, 6 o 12 ex guerrilleros comiencen a caer víctimas de atentados criminales…

Pero además en otro frente del análisis, en un clásico ejercicio de olvido de las realidades nacionales, todos los analistas pasan por alto el  que este gobierno no representa al 100% de los colombianos, que Santos llego al poder con el 55% de la votación depositada, y que el 45% voto en contra de todo lo que el presente gobierno representa, incluido su muy defendido acuerdo de paz.

En ese 45% esta no solo el señor Uribe y su corte, sino igualmente los grandes capitales del país, el sector ganadero, buena parte de los gremios aunque lo disimulen muy bien, los inversionistas extrajeras que pujan y fuerte en la estructura interna del país y, no nos digamos mentiras, un buen sector de las fuerzas militares nacionales, que no de muy buen agrado están dispuestos a tragarse los zapos que este proceso implica.   Luego que el país entero está unificado en torno a la propuesta del gobierno es un discurso que es bueno para el Presidente y sus amigos, pero que no refleja, objetivamente, lo que efectivamente está sintiendo la nación.

Lo que hasta ahora está escrito en los acuerdos  -que solo será real cuanto todo esté acordado- es muy bonito y todo, pero esta vez estoy en consonancia con la expresión a ratos medio irresponsable de mi madre: definitivamente el papel aguanto todo.