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Editorial: EL TRÁFICO DE DROGAS…

Por Wilfredo Sierra Moreno.

1aa wilfredoNoticias en regiones tan aparentemente distantes como la detención una ambulancia en Santander repleta de drogas alucinógenas y la huida en México del capo de capos Joaquín el Chapo Guzmán, tienen como elemento en común la fuerza de un mercado que, hoy por hoy, mueve miles de millones de dólares en el mundo, y es el factor de corrupción de un buen número de las principales autoridades de la institucionalidad universal.

El narcotráfico permea en el mundo buena parte de la economía tradicional y ello es apenas obvio cuando uno ve como, a pesar de todos los supuestos controles institucionales en todos los estados del orbe, sus capos logran comprar, desplazarse a grandes distancias entre puntos del globo terráqueo, vender y sobre poner sobre seguro su dinero en instituciones financieras que ciertamente no tienen hígados a la hora de ganarse un buen número de millones de dólares por “blanquear” dineros no santos…

En Colombia una de las cosas de las que no se ha querido hablar muchos es del repunte de la siembra y procesamiento del alcaloide, que según datos de la ONU, se disparó en los últimos meses en un 44%, llegando a 69 mil nueva hectáreas cultivadas en la adictiva sustancia, sin que al parecer nadie se haya dado cuenta. Y como se ven las cosas, los cultivos aumentaran, porque en un mundo donde los negocios tradicionales gracias a la crisis de China, están entrando en barrena, se prevé que la gran cantidad de mano de obra que quedara desocupada busque algo que hacer, así no sea muy licito, para ganar unos cuantos pesos.  Porque el negocio no se reduce a los sembrados y al “raspachin” de estas tropicales tierras que tiene la curiosa virtud de producir una hoja de coca de, dicen, excelente calidad. También en el mercadeo en todos los confines del planeta las manos que van recibiendo sus dólares para la subsistencia en una época de vacas flacas, fortalecen la vigencia de un comercio que va teniendo más y más aliados.

Ahora bien, para los que han estudiado con seriedad el problema, la fortaleza del narcotráfico está en su ilegalidad, que dispara geométricamente su precio y hace tan rentable el negocio, pero por mucho que se haya concluido que una forma de quebrarle el espinazo a este gran imperio es legalizando los alucinógenos, no es tan fácil, como se cree ingenuamente, llegar a ese consenso mundial. Sobre todo porque, para los perspicaces, algunas economías nacionales se benefician por debajo de cuerda de esa orgia de dólares que va en una y otra dirección, y que perderían con una hipotética pero lejana legalización.

Desafortunadamente mientras el hombre siga siendo hombre y le guste tanto las sustancias que lo saquen de su estado mental normal, difícil va a ser terminar con lo que generalmente hemos denominado negocios ilícitos. Entre los que están desde luego también la gran prostitución en su más terrible acepción como es el tráfico con menores de edad, el alcoholismo y el juego, este último ya legalizado en el planeta y que es la fuente de riqueza de regiones tahúres como Las Vegas, pero de la desgracia de muchas familias que por la ludopatía de sus parientes quedan en la calle. ¿Qué hacer? Los creyentes dirán que orar. Pero después de tantos años de estar en ese oficio los religiosos, el mundo no ha cambiado un ápice. ¿Será que su dios no los escucha o acaso que él es sordo?

Cualquiera que sea la conclusión, pareciera que como me decía hace muchos años un poco ético amigo, el mundo es de los malos. Que se multiplican como la hierba, porque si afortunadamente cogen un par de ellos como en Cimitarra, mañana habrán mil tratando de “coronar” un viaje. ¡Que vaina! Pero mientras tantos apostemos a ver cuánto se demora el estado mexicano en volver a echarle el guante a Joaquín el Chapo Guzmán.